113. La paciencia en el amor

El cine y el amor

La mayoría de las películas terminan donde deberían empezar. Te muestran el enredo, los obstáculos y los malos entendidos, pero cuando llega la parte más jugosa, más difícil, más desconocida, se termina la película. Salvo en la saga de “Antes del amanecer” de Linklater que arranca en 1995 y termina en el 2013, la mayoría de las películas se terminan en lo mejor. La secuela de una historia de amor que empieza en la pantalla, termina siendo una invención de tu propia neurosis. Continuar leyendo

112. Las parejas competitivas

“A veces nos volvemos locos porque olvidamos que somos diferentes,
porque el amor no es una competencia para que cada uno supere la fuerza del otro,
sino una cooperación que necesita de esas diferencias.”
Richard Bach

 

Ella: Mañana tengo una entrevista de trabajo.

El: ¿Y por qué no me contaste?

Ella: Te lo estoy contando ahora.

El: ¿Desde cuándo lo sabés?

Ella: No sé, hace un par de días.

El: Siempre te cortás sola.

Ella: En lugar de alegrarte porque tengo una entrevista de trabajo, me tirás mala onda. Pareciera que querés que me vaya mal.

El: Seguro que si no quedás va a ser culpa mía porque, según vos, yo soy el distribuidor de la mala onda por toda la casa.

Ella: Yo lo que digo es que nunca te bancás que me vaya bien. Vos tenés un trabajo monótono y aburrido y yo no te digo nada.

El: Pero me lo estás diciendo. ¿Qué problema tenés con mi trabajo?

Ella: Nada, que yo por lo menos busco otra cosa para superarme como persona, en cambio vos siempre vas a lo seguro.

El: ¿Me estás diciendo cobarde?

Ella: No, cagón que no es lo mismo. Nunca te animás a dar un paso más.

El: Ah claro, habló la señorita audacia. Con la extensión de la tarjeta de papi somos todos osados. Vos no tenés idea lo que es que te apoyen en el 68 a las ocho de la mañana.

Ella: Habló el albañil de andamio. Callate, si tu mamá hasta los jeans te planchaba. Que tu vieja te planche un jean es de mamero.

El: Por lo menos me gusta ser prolijo.

Ella: Obsesivo.

El: No como vos, que va a ir a la entrevista con esos pelos de resortes.

Ella: Cada vez que querés agredirme te la agarrás con mi aspecto.

El: Y vos con mi forma de pensar las cosas. Para vos todo lo que pienso está mal. Si hablo porque hablo, si me callo por que no digo nada. A veces pienso que aunque fuera tu mascota tampoco serías feliz.

Ella: Pará de inventarme siempre como una harpía. Odio que te victimices. En eso sos igual a tu viejo.

El: Pero por lo menos mi viejo nunca cagó a mi vieja. En cambio…

Ella: Bueno basta, mañana cuando no quede en la entrevista me voy a acordar de esta discusión.

El: Mientras no te quedes dormida y llegues a tiempo. Continuar leyendo

111. La gente descalificadora

“¿Eso te pusiste? Por qué no te mirás un poquito al espejo. Se dice hubiera, no habría. No sé para qué estudiás si siempre dejás todo por la mitad. ¿Eso compraste? A ver cuando bajás esa panza. Vos no te das cuenta de nada. Para venir con esa cara te hubieras quedado en tu casa. Te dije que no vayas. Por qué no fuiste. Haceme caso, vos tenés que pensar por vos mismo. Para qué vas a festejar tu cumpleaños si no va a ir nadie. ¿Podés cambiar esa cara? Vos vas a morir en esa oficina de explotadores. Ya no da que uses ese escote. Peinate como un hombre… ¿qué te querés, hacer el pendejo? Yo no sé cómo puede gustarte San Bernardo. Al final para qué me llamaste.” Continuar leyendo

110. El amor después de los hijos

De pronto descubrís el silencio. Ya no hay mocos pegados en el guardapolvo ni hebillas perdidas en una mochila. Ya no se escuchan las peleas en el fondo, ni la situación te impone que improvises un juez de paz ecuánime y más o menos justo. Ya no hace falta pensar, antes de dormir, si estarán bien tapados. El olor a almidón se fue con los primeros barritos y el frasco de chocolatada empezó a durar cada vez más tiempo. Y volvés a pensar en el silencio, un silencio que hasta hace poco, estaba lleno de ruidos. Sabés que es la ley de la vida, que es parte del crecimiento, que ese día llega inexorablemente… pero te duele. Sentís que con ellos se va una parte de tu vida, un pedacito de tu corazón. Los ayudás, los acompañás, pero te duele. Lees en Google lo del nido vacío pero cuando te toca a vos es diferente. Continuar leyendo

109. 26 indicios sobre los celos

  1. Los celos son el termómetro de la desconfianza.
  2. No se es celoso, se está celoso.
  3. Muchos celosos buscan donde no hay y escuchan lo que no se dijo.
  4. El celoso es un cineasta.
  5. Lo que temés que te pase, ya te pasó.
  6. Ser celoso habla mal de vos y tus elecciones.
  7. Al posesivo se le nota la carencia. Continuar leyendo

108. La posta del sexo en la pareja

Si hablar del amor es una encerrona infinita, hablar de la sexualidad y el amor es más difícil que escalar el Cerro Catedral de espaldas. El sexo en la pareja suele ser un problema binario a la hora de discutir y la gran pregunta es si es causa o consecuencia. ¿Habrá, entonces, una tercera posición? Continuar leyendo

107. Los que no entienden cuando les decís que no

Primera etapa: La intolerancia

Esto es de menor a mayor. El primer recurso es la indirecta, querés darle a entender que ya fue pero no encontrás las palabras adecuadas. Recurrís a actos como el silencio prolongado, mirar por la ventanilla o sacarte una pelusita del suéter. Usás monosílabos y contestás con la cara como si acabaras de morder un limón. Continuar leyendo

106. Una relación puertas afuera

El cup cup method (El método taza taza)

Basta de dentífricos mal apretados, de ropas íntimas colgando en lugares indebidos. Su individualismo necesita un espacio que no se comparta con nadie. Basta de cosas tiradas, de platos a la espera de un poco de detergente. Su remera, seguramente se siente más cómoda durmiendo en el piso. ¿Quiere escuchar a Black Sabbath? ¿Babearse con Alejandro Lerner? No se avergüence por mirar un programa de entretenimientos, ni se castigue porque algún formato chatarra le roba una sonrisa.

Si le molestan los ronquidos, si su estómago tiene vida propia y si le gusta hablar con su madre cuarenta minutos diarios… llegó el  “Cup cup method”. Continuar leyendo

105. Los amores mascotas

“Hay que cuidarse de los boludos porque se curan”

Enrique Pichón Rivière.

 

Si te digo que me llames a las cinco, no me llames cinco y media. Salgo tarde de la facu, pasa a buscarme porque no doy más. ¡Cómo que te vas con tus amigos! De ningún modo, yo quería ir al cine. El domingo vamos a visitar a mi tía María Esther a Villa Insuperable. Cuando vengas trae leche, pan negro y unas toallas femeninas nocturnas ultra delgadas. Esto que tengo acá ¿es una arruga? Mañana cuando salís de trabajar vas a una farmacia y me traes una crema del Mar Muerto Premier Bios con tratamiento intensivo anti-edad y vos comprate una de Yves Rocher para hacerte un tratamiento antifatiga porque tenés la cara gris de tanto encierro. Continuar leyendo

104. Cómo discutir con el otro

De repente pinta un silencio, una cara que trasmite malestar, una mirada hacia ningún lado. Adentro hierve la sangre, afuera tensa simulación de nada. Hubo algo, un detalle, una cosa fuera de lugar. Fallaron los cálculos, donde creías que iba una letra apareció un número, donde esperabas una palabra de aliento apareció la distancia. Y te enojás, te volvés impotente buscando las palabras justas, pero no; todo parece que está por explotar, las frases se agolpan como a la salida de un recital del Indio. Tartamudeás, tomás aire y todo se desmadra. Continuar leyendo