Cuarto estadio: Pureza

Emanación: Misericordia. Bondad. Grandeza.

Sefirá: Jésed.

Letra hebrea: Dálet.

Nivel del alma: Neshamá.

Ángel: Zadquiel.

Color: Blanco y plata.

Segundo estadio: Sabiduría

Emanación: Conocimiento. Conciencia.

Sefirá: Jojmá.

Letra hebrea: Bet.

Nivel del alma: Rúaj.

Ángel: Raziel.

Color: Un arco iris (todos los colores).

Meditación de las sefirot: recalculando nuestra ruta de navegación

Los cabalistas descubrieron que el uso de las metáforas era la forma de comunicar sus enseñanzas a quienes se habían comprometido a recorrer el camino místico de la espiritualidad. Maestro no es, entonces, quien traza el sendero, sino quien inspira y guía al discípulo para que, en lugar de imitar, camine por sí solo. Las guías de turismo no reemplazan la experiencia del viaje, lo orientan. Si el mapa no es el territorio y este GPS del alma que presentamos como metáfora de la cábala no se confunde con prescripción, podemos dar por cum- plida la tarea. Sólo tenemos que pasar de la teoría a la práctica y salir a navegar. Les propongo una invocación como oración del viajero antes de partir y una breve ruta de navegación para la meditación, a modo de ejemplo.

Comenzamos por la ruta. Existe una multiplicidad de recorridos basados en los textos cabalísticos, sus escuelas y sus maestros. Perle Besserman, por caso, nos regaló su cartografía de correspondencias, que tituló Los diez estadios de la meditación basados en las Sefirot. Es una aplicación de aquella escuela que Aryeh Kaplan presentó como “cábala meditativa”. Recomiendo ambos y aprovecho para adaptarlos y compartir una síntesis. Pueden programar sus GPS con estas estaciones en sus propios recorridos. En un lugar relajado, sentados cómodamente, sin hacer esfuerzo ni concentración, utilizamos alguna técnica de meditación inducida por mantras o visualizaciones hasta llegar al estado de navegación fluida, para recorrer los siguientes estadios ascendentes basados en energía, emanaciones, letras, niveles del alma, colores, ángeles protectores y Sefirot, todo como conexiones con el origen y nuestra conciencia.

Tav: Iesod, Maljut.

Arquetipo en David.

Fundamento del reino.

Energía del mejoramiento y superación personal.

Confianza de elevarnos desde lo pequeño y finito hacia el infinito.

Energía que fluye de Kéter dentro de Maljut.

Es nuestra potencia humana desplegada en semejanza a lo divino.

Es la unión sensual, erótica y sexual del cielo con la tierra.

Éxtasis del encuentro entre masculino y femenino en la unidad.

Es el beso del origen al fin, del cielo a la tierra.

De alef a tav.

Shin: Jojmá, Biná

Arquetipo en el Mesías hijo de José.

Sabiduría del entendimiento.

Saber entender para conocer y ser.

Energía del fuego.

Representa cambio para mejora.

Capta lo variable en lo invariable.

Complementa el pasado de Jojmá con el futuro de Biná.

Opera en el presente para que haya futuro.

Equilibra la unidad y la fragmentación.

Es la raíz del árbol de la vida.

Sus tres ramas simbolizan las tres dimensiones del alma.

También es shin de “esh”, del fuego eterno.