La bicicleta quedó apoyada contra el placard

La bicicleta quedó apoyada contra el placard

en el cuarto que rotulamos de escritorio.

No le pusimos un cartel,

las cosas de adentro lo muestran.

 

Mi escritorio: dos caballetes que sostiene una tabla

una computadora, apuntes apilados, montañas

colores fucsia sobre negro sobre blanco.

 

Tu escritorio: una sola pieza, una pantalla grande,

un teclado, muñequitos de plástico, marihuana

verde sobre rojo.

 

Sobre el placard la bicicleta,

abajo de la ventana una cajonera,

un pendiente de origami cuelga.

Las maderitas del colchón viejo

quedaron apiladas y

esperan.

La bicicleta un relámpago

Me levante corriendo en la parte de respiración Ujjayi de la clase de yoga. Me parece incómodo salir a la calle en calzas pero pensé “no hay tiempo!!”, hice un bollito con el jean y abrí la puerta despacito.  Adri estaba de espaladas. Cerré también despacito, me trepé a la bicicleta y pedalié con todas mis fuerzas. Hice fragmentos de nam myoho rengue kyo, respiraba fuerte, hacía ruidos, no me preocupaban los autos que venían de frente, los pozos o los cordones los agarraba fuerte “qué tarada” me repetía. La imagen de mi perro encerrado en la cocina, el agua hirviendo con las habas quemadas, el fondo se empieza a poner negro, ¿qué va a empezar a quemar el fuego cuándo no le quedé más olla?. Desde algún lado una alarma de camión de bomberos o de policía era lo único que escuchaba.

Llegué  a la puerta de casa, desde afuera todo parecía normal. El piso 16, visto desde abajo, tranqui. El ascensor en planta baja. La respiración un poco normal otra vez.

Tiró la bicicleta en el pasillo, abró, las ventanas del departamento todas empañadas, la luz de las estrellas o las eléctricas de la calle y las demás casas iluminándolo todo. Vapor pesado de olor a habas. Prendó la luz, el perro está intacto, agitado como siempre que se quedá solo y ladra y trata de romper lo poco que le queda a mano. Todavía queda mucha agua en la olla, ni siquiera están tiernas las habas. Abrazo a mi perro, lo amo. No voy a volver a ser tan idiota.

¿Dónde está la bicicleta?

Tenemos ganas de subirnos a la bicicleta, colgarnos la cámara a la mochila, estrenar el cuaderno. Le cuento lo que me imagino, del género “diapositivas” que inventé. Sacar fotos con palabras. Le muestro con dos ejemplos.

- Ah, como un haiku.

El gatito se acuesta en el centro del nido que forman los cables de la guitarra y el amplificador. El perro se trepa a mi pierna, me abraza con sus codos la rodilla.

-Mondo! Salí! No!

Ella sirve un mate más. El marco de la ventana está rodeado por fotos, la mayoría ya las vi en facebook. En una está su abuela, sentada en un sillón de una pieza, la mitad de su cara es más blanca por la luz del sol. Está al lado de la ventana.
Hablo de mi hermana, ella de la suya.

- ¿Y si cambiamos todo y que el taller sea sobre el álbum familiar?

Se da vuelta para calentar otra pava más y agarro el celular, tengo 3 llamadas perdidas. Miro la hora y es que debería irme pero a su pregunta de si comemos algo respondo que sí.
Busca debajo de la pileta entre varias fuentes y ollas, saca del fondo la máquina de pasta, la engancha al filo de la mesada. En un bowl mezcla harina, agua, sal y huevos. Me sigue hablando mientras le da forma a la masa. Me da la espalda.
Otra vez el perro se trepa, lo miro y le sacó una foto con el celular.

 

*

 

Después de comer salimos a fumar al balcón, arriba de un cajón de verdura tiene 2 cactus y una plantita de albahaca.

- Che, ¿dónde está tu bicicleta?
- La tiene Juan. Pero si la necesitamos se la pido de una. Es mía.

Me saco el celular de bolsillo, apreto la tecla que dice la hora en español. Nos reímos y me atraganto con el humo.

- Che, ya me tengo que ir. Se hizo tarde.

Me dice algo más de Juan. Me rió y meto las manos en los bolsillos. Ella todavía fuma, absorbe el humo.

- Che, quiero llegar a saludar a mis hermanos. Ya me tengo que ir.

Bajamos por las escalera y en la puerta arreglamos seguir hablando por mail las cosas del taller.

La bicicleta voyeur

Un jardín frondoso, verde oscuro, húmedo. Algunas plantas más altas que otras, con hojas más anchas. Estaban todas juntas adentro del cantero. Dejé la bici a un costado y mire la dirección anotada en la carta. Continuar leyendo

Personal Shopper de bicicletas

No sé cómo tengo a Laura en Facebook. Pero ella pone todo el tiempo cosas que me gustan, y parece que a ella le pasa lo mismo con algunas cosas de mi muro.
Pone cosas que entiendo, el guiño.

Para ella yo soy “la chica de las bicicletas”. Una vez me escribió por mensaje privado que se iba a comprar una bici y me pedía que le recomendara cuál, cómo y dónde. Yo le contesté un mensaje re largo y que si prefería hacía de Personal Shopper.
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Pedalear las palabras

 

Hace mucho que no ando en bicicleta.
En realidad hace poco pero con poca frecuencia, y cada vez que me subo y pedaleo es darme cuenta lo bien que me hace sentir. Respecto a todo. Y me agendo mentalmente que tengo que usar la bicicleta más seguido.

Es que antes vivía en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El colectivo me descompone, el subte me da miedo (estar bajo tierra entra tantísima gente). Ir a todos lados en bicicleta fue la solución mágica. Además trabajaba todo el día en una oficina, sentada frente a la computadora. Ir y venir en bicicleta me relajaba. Esa cosa de los músculos moviéndose, la sangre y el oxígeno fluyendo por todo el cuerpo te cambia la experiencia diaria.
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Pasear en bicicleta

 

La última vez que viaje en bici, era cuando lo hacía regularmente desde mi casa al trabajo. Un recorrido desde Caballito a Palermo, ida y vuelta, de lunes a viernes.

Ahora vivo en Lomas de Zamora, desde donde hasta Capital no se puede ir en bici, y pedalear por los alrededores no es tan cómodo, la mayoría de las calles son empedradas, y el tráfico es tan ligero que termino agarrando el auto, o también voy mucho caminando.
La bici la elegía por ser el transporte más práctico: rapidez, salud física y mental, era lo que me daba y yo necesitaba. Pero ahora y acá, las cosas cambiaron.
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Un poema que me regalaron

(y hoy es mi cumpleaños*)

 

 

 

 

Para Dolores

hoy me prestaron una bicicleta
es una bicicleta buenísima
le pedí un montón de cosas y me las dio todas
le pedí que salte un cordón para mostrarle a los chicos que caminaban al colegio y los dejo a todos con la boca abierta
le pedí que brille para impresionar a las chicas que esperaban en el semáforo y brillo como un auto nuevo
le pedí que me lleve a donde tenía que ir rápido, pero que me haga dar algunas vueltas de más para mirar el paisaje
y me mostró una viejita paseando un perro que caminaba con el hocico apuntando al cielo.
al final del día la tuve que devolver, y le pedí que nos volvamos a ver.

 

Este poema fue originalmente publicado y escrito para Album.

Viajar en la ciudad

pedalear-en-la-ciudad

El jueves tenía que ir desde Palermo hasta Recoleta.
Fui por la bicicsenda de Av. Libertador, el sol estaba re lindo, esa bicisenda es muy espaciosa, y la mayoría de las calles que atraviesa son parques.
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Bicicletas que atraviesan la lluvia

 

Llueve un montón, estoy mirando por la ventana como se moja todo el balcón.

Hace un rato junté todas las plantas de mi casa y las puse cerca de la baranda para que se alimenten. También veo como el agua las moja. Veo sus formas y sus tamaños, y se que mañana van a cambiar, por todos los nutrientes que les da el agua de lluvia.
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