¿Por qué rezongamos?

#EscritosDeLaVida

No sé ustedes pero yo con cierta frecuencia rezongo.

¿Por qué rezongo?

Por distintos motivos que hacen que valga la pena caer en el rezongo y batirse a duelo con el mundo. Todo para resarcir injusticias y acomodar las cosas en su lugar adecuado.

Por eso llamé recién al 0800-999-2400 y luego de hablar con varias voces robóticas y gastar buenos minutos escuchando alternativas que se reducían a apretar el uno, dos, tres, cuatro, cinco… Pude apretar números apropiados y al cabo de un buen tiempo me atiende un muchacho con destacada cordialidad.

Después de ingresar el número de documento y la clave de cuatro dígitos.

Digo sin titubeos que llamo para desconocer un débito del exterior que había dado de baja hace meses. Y que ahora me vuelve a aparecer en el resumen como un gasto que se insinúa que deberé pagar indefectiblemente.

Me mantengo firme, procuro sostener la calma y explicar con precisión esta injusticia a la que soy sometido. Y concluyo con una clara solicitud.

Quiero que se rechace ese consumo futuro y se dé por fin de baja al débito automático tal como lo había solicitado.

El hombre me explica que en el Banco Rio no pueden hacer nada. Que tengo que hablar con Visa y lograr comunicarme para hacer esa solicitud.

Me indigno al corroborar el resultado previsible. Pero procuro que deje asentada la queja y el disgusto de un cliente que no obtiene respuestas razonables de su banco, que es justamente quien le emitió hace años la tarjeta, quien precisa los consumos, envía el resumen y lo cobra.

-0810-666-3400 –me indica cuando le pido el número prometedor. El que me liberará del pago y ordenará el mundo.

Agradezco y me despido.

contestador

Marco sin miramientos y logro sortear con habilidad de cliente determinado a hacer justicia, todos los minutos necesarios que exigen alternativas numerales de contestadores molestos, insistentes y fastidiosos.

Maximiliano González se presenta del otro lado del teléfono con elogiable cordialidad. Y se dispone a hacer bien su trabajo.

Vuelvo a explicar todo. Que nuevamente aparece un débito que di de baja. Que nuevamente me quieren cobrar… Y entre situaciones de solicitud de espera con música la solución parece inalcanzable.

Maximiliano me dice que es mejor que llame al banco. Pero me empiezo a indignar, le digo que me acaban de indicar lo contrario desde el banco. Que por eso me comunico con la tarjeta. Entonces vuelvo a esperar, a escuchar la música, a gastar tiempo de vida.

Vuelve el operador y sugiere que no pague el consumo, que me comunique con el banco, que tome el número de registro, que llame de nuevo cualquier cosa, que pida stop debit, que vaya a rapipago cuando llegue el resumen, que no pague eso, que no se producirán intereses por el reclamo, que pague el resto del resumen, que van a tomar el reclamo provisorio.

Todo entre esperas y musiquita.

Digo que no entiendo qué reclamo provisorio tomarán, si les habla el titular de la tarjeta. El titular que se siente abusado en su confianza y obligado a pagar un consumo futuro que intenta cobrarse por adelantado, que no quiere ese servicio y que hace muchos meses solicitó la baja.

Maximiliano mantiene la cordialidad, se muestra predispuesto a resolver el problema pero imposibilitado. Debe ser que lo esencial de la filosofía de esa tarjeta es hacer calentar a los clientes, pienso. Pero no digo nada. Sólo me siento abusado, burlado y contenido con la buena predisposición de un hombre que no puede hacer nada. Que reitera que tomará el reclamo provisorio.

Es ahí donde decido redoblar la apuesta.

-No entiendo de qué reclamo provisorio me habla. Si le habla el titular de la tarjeta y le dice que ese débito lo rechaza, que hace tiempo solicita el rechazo. Si Visa no responde entonces no es una tarjeta confiable y le pido que me dé la baja.

Se produce un silencio, vuelve la musiquita.

Estoy decidido a terminar con la farsa como sea. Espero confiado, envalentonado. Listo para contraatacar.

Se apaga la musiquita y quedo expectante.

-Dado que es un consumo que aún no se efectuó, se le dará la baja –escucho.

Siento que me quiere calmar, que está urdiendo una triquiñuela para liberarse de mí, que todo terminará como siempre. Pagando.

-¿Qué garantía tengo? –digo espontáneamente.

Y me pasa un número de reclamo.

-No quiero que figure ese consumo en mi resumen de home banking –me quejo-. ¿Cuándo lo sacan?

Dice que en 96 horas. ¿Por qué 96 horas? Debe ser para que me olvide del tema, ingrese el débito del resumen, se pague la totalidad de la cuenta y el pobre cliente vencido, agobiado, desanimado, pierda las energías para retomar la lucha.

Pienso, pero no digo nada.

Sólo le agradezco a Maximiliano su buena atención. Lo despido con cordialidad.

Y espero que se haga justicia.

 

Escritos de la Vida - Juan Valentini

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.*¡Hasta la próxima!