Si el argumento es convincente, nos acercamos a la persuasión.

Dos instrumentos de la calidad discursiva deben ser comprendido y aplicados por el buen orador para lograr contenidos convincentes. En primer lugar la veracidad del orador y su mensaje. SI el mensaje no es real, o es ficticio, parcial o totalmente, el público lo notará, tal vez no en la palabra, o no en el gesto, pero sí en la mirada. Si el orador no utiliza (y transmite) veracidad no hay posibilidades de contenidos convincentes.

En segundo lugar, son las pruebas las que otorgan solidez conceptual y las pruebas son el material que aclarar lo que es verdadero de lo que no lo es.

Y para lograr pruebas requerimos de información, de datos, pero los componentes fácticos en sí mismos son fríos, lejanos al público, escasamente empáticos; porque el público lo que desea no es información, sino soluciones, o formas para solucionar o aplicar en sus ejercicios cotidianos.

¿Y los refuerzos? Los ejemplos, anécdotas, historias, humor, personalizaciones, contrastes, comparaciones y más recursos gráficos son fundamentales, pero no pueden anticiparse y priorizarse al “dato” porque estaríamos frente a un mensaje blando, sin solidez.

¿Cuál es, entonces, la conclusión? Un acertado equilibrio entre los datos y los refuerzos, entre los hechos y las opiniones. Así se logran contenidos convincentes para una argumentación robusta.

Pero si el orador no conoce al auditorio, no sabe a quién se está dirigiendo, no podrá saber cuánto de “dato” y cuánto de “refuerzo – opinión” deberá incluir.

Una vez más, la planificación es la llave

Lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice (Peter Drucker)

Fuimos testigos en las últimas horas de la implosión y trituración de un bloque político con numeroso pre candidatos presidenciales. No haré referencia al condimento político o social de la política, sino que narraré un concepto clave y básico de la Oratoria y de la Comunicación asertiva.

Muchas comunicadores creen que ser buen orador es saber Hablar, o adjetivar o poseer un gran caudal de verbos y sustantivos.

Es un error. El primer escalón para el gran orador es saber escuchar, y entender que Oír, no es igual a Escuchar

Oír, es un proceso físico, casi automático o maquinal. El 90 % del día oímos, porque es involuntario, aunque a veces lo transformamos en voluntario.

Escuchar, es más que un proceso físico, es una interpretación psicológica, que incluye al proceso auditivo. La escucha es mucho más compleja y difícil que la audición. En la escucha hay un esfuerzo, la audición es sólo un efecto.

Debemos dejar de hacer o decir para escuchar.

Algunos (geniales) comunicadores logran un escalón más, la escucha activa (o empática), logrando entender no sólo lo que se dijo e hizo, sino lo que no se dijo, y no se hizo.

Estimado Orador, si su intención es NO escuchar al público, ya conoce las consecuencias.

 

El objetivo de la Oratoria no sólo es la verdad, sino la persuasión.

Aseveró Thomas Macaulay, poeta británico, historiador y político del partido whig británico. Me animo a reafirmar su cita: El objetivo de la Oratoria no sólo es la persuasión, sino la verdad. Relegando hacia el cierre de la oración la porción que hoy más me interesa, la verdad.

La Oratoria ocupa espacios cada vez más relevantes en la vida social y profesional de las personas. La tecnología avanza a pasos agigantados, pero “amortigua” en la necesidad de una comunicación cada vez más humana, más direccional, sin intervención de terceros tecnológicos.

El poder de la convicción es fundamental en un mundo de (y en) transformación. La oratoria es pieza cardinal en la comprensión, en la combinación de razonamientos y en el estímulo de masas. Con la Oratoria podemos hacer el bien, o no.

Fuimos testigos de una cruenta disputa presidencial entre Dilma Rousseff y Aécio Neves, con algunas acciones y dicciones fuera de lugar, pero se animaron a rivalizar en las tablas. Brasil se animó al debate presidencial desde la tribuna. Brasil hizo historia (en la oratoria al menos) al animarse nuevamente a enfrentar dos ideas, dos verbalizaciones, dos discursos….

¿Hace cuánto tiempo que nuestro país no presenta dos candidatos – líderes que se animen a mirarse a los ojos y disputarse sus convicciones, ideas y dicciones?

¿NO es tiempo ya, de escuchar Oradores que desde sus argumentos, nos inviten a pensar?

La comunicación es el vehículo de la conducta, positiva, o no positiva…..

La forma más valiosa y primaria para articular la teoría con la práctica es la observación. Cuando un alumno – discente conquista técnicas (deportivas, artísticas o científicas), es la indagación el más saludable de los mecanismos de transformación.

Hoy articularemos teoría con práctica, pero antes haremos mucho hincapié en recordar que para hacer un acertado análisis del discurso debemos correr de nuestro poder analítico todas las creencias políticas o religiosas que acarreemos. ¿Vamos?

El contexto fue el siguiente: El jueves 17 de julio de 2008 se produjo una sesión de más de 18 horas en la Cámara de Senadores en la que se trató el proyecto de ley que ratificaría con la resolución 125 que establecía la movilidad de las retenciones a las exportaciones del sector agropecuario. La votación terminó empatada en 36 votos a favor y en contra, por lo cual Julio César Cleto Cobos, mendocino, nacido el 30 de Abril de 1955, político y Vicepresidente (entre 2007 y 2011) debió desempatar en su rol de presidente de la cámara alta, que ocupaba como vicepresidente de la Nación.

-          “Yo sé que me cabe una responsabilidad histórica en esto. Hay quienes desde lo político dicen que tengo que acompañar por la institucionalidad, por el riesgo que esto implica, mi corazón dice otra cosa y no creo que esto sea el motivo para poner en riesgo el país, la gobernabilidad, la paz social.
Quiero seguir siendo el vicepresidente de todos los argentinos, el compañero de fórmula hasta el 2011 con la actual presidenta de los argentinos. Vuelvo a decir que es uno de los momentos más difíciles de mi vida. No persigo ningún interés. Estoy expresando o tratando de expresar lo que mi convicción, mis sentimientos, empujan la decisión muy difícil seguramente. Yo creo que la presidenta de los argentinos lo va a entender, me va a entender, porque no creo que sirva una ley que no es la solución a este conflicto.

La historia me juzgará, no sé cómo. Pero espero que esto se entienda. Soy un hombre de familia como todos ustedes, con una responsabilidad en este caso. No puedo acompañar y esto no significa que estoy traicionando a nadie.

Estoy actuando conforme a mis convicciones. Yo le pido a la presidenta de los argentinos que tiene la oportunidad de enviar un nuevo proyecto que contemple todo lo que se ha dicho, todos los aportes que se han brindado, gente de afuera o aquí mismo.

Que la historia me juzgue, pido perdón si me equivoco.

Mi voto… Mi voto no es positivo… mi voto es en contra”

 Te invito a revisar el último renglón, y a reflexionar (y articular) sobre un tópico: La comunicación es el vehículo de la conducta.

El tamaño, importa.

Oratoria no es sinónimo de muchas palabras. Tampoco de grandilocuencias, exageraciones o adjetivaciones excesivas. Oratoria es sinónimo de Persuadir (o movilizar) la razón a través de argumentaciones sólidas, o de inquietar a través de los refuerzos emotivos o reflexivos.

A continuación comparto dos ejemplos reales, el primer es un discurso de despedida del Presidente de Coca Cola, con estructura, acción y conclusión:

Imagina la vida como un juego en el que estás malabareando cinco pelotas en el aire:  Éstas son: Tu Trabajo, tu familia, tu Salud, tus Amigos y tu Vida Espiritual, y tú las mantienes todas en el aire. 

Pronto te darás cuenta que el Trabajo es como una pelota de goma. Si la dejas caer, rebotará y regresará. Pero las otras cuatro pelotas: Familia, Salud, Amigos y Espíritu son frágiles, como de cristal. Si dejas caer una de estas, irrevocablemente saldrá astillada, marcada, mellada, dañada y incluso rota. Nunca volverá a ser la misma. Debes entender esto: apreciar y esforzarte por conseguir y cuidar lo más valioso. Trabaja eficientemente en el horario regular de oficina y deja el trabajo a tiempo. Dale el tiempo requerido a tu familia y a tus amigos. Haz ejercicio, come y descansa adecuadamente. Y sobre todo crece en vida interior, en lo espiritual, que es lo más trascendental, porque es eterno. Shakespeare decía: Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué? Porque no espero nada de nadie, esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, por eso ámala.

Vive intensamente y recuerda: Antes de hablar… ¡Escucha! Antes de escribir… ¡Piensa! Antes de criticar… ¡Examina! Antes de herir… ¡Siente! Antes de orar ¡Perdona! Antes de gastar… ¡Gana! Antes de rendirte ¡Intenta!  Antes de morir…¡¡ Vive!!

El segundo es un Refuerzo de la Técnica ARA: (Argumento Refuerzo Argumento) para subrayar que todo refuerzo es más gráfico (y persuasivo) que el mejor de los argumentos:

 Un discípulo quejoso, le dijo a su Maestro: – “Siempre nos cuentas historias, pero jamás revelas su significado”.El maestro, sin ofuscarse, lo miró y le respondió: -“ ¿ Te gustaría que te ofrezcan una manzana y te la masticaran antes de dártela?”

 Oratoria no es análoga a extensión y se puede decir mucho sin decir todo y se puede decir grande diciendo poco. 

Sin conclusión, no hay persuasión.

Es natura escuchar en el mundo comercial que un vendedor (o negociador) tiene menos cierre que una media. Es también el gran problema de los Oradores.

Poseen una apertura, con ruptura del hielo, captación de la atención favorable y la síntesis de lo que se realizará. El cuerpo (vuelo o desarrollo de ideas) está firme y sólido por el equilibrio entre los argumentos y los refuerzos, pero al arribar a destino, al cierre, tiembla (el intelecto) del Orador y no entrega su conclusión, finalizando con la invitación a realizar preguntas o poniéndose a disposición posterior del público.

El proceso discursivo fracasó.

Es el cierre, ese espacio milimétrico del final de la presentación, el único ciclo temporal en el que recae el qué hacer, qué pensar o qué sentir.

Si no arriba, estaremos frente a un cascadeo de datos o transmisión de información que poco tuvo de diferenciación con la información que puede obtenerse de un buscador en la web.

Intentemos recordar el cuento que nuestros padres abuelos nos leían cuando éramos niños. Los cuentos de niños son similares en su estructura a los discursos y tienen una gran similitud en sus páginas finales, porque siempre conllevan una conclusión, un cierre, un final o un corolario que invita a la reflexión o al análisis.

Estimado lector si su presentación, discurso o mensaje no tiene aún Conclusión, ya sabe qué hacer.

Y recuerde, Orador es quien logra abrir 1 de las 4 puertas del hombre: la del corazón, para motivarlo; la de la voluntad, para persuadirlo; la de la inteligencia, para convencerlo; y la de la imaginación, para enaltecerlo

Robin Williams lo supo:

El arte – ciencia de la Oratoria cumplió ya las 25 centurias.  Por 30 mil meses, fue envalentonada, olvidada, rescatada y puesta sobre un altar. Luego vapuleada y nuevamente comparada con las grandes artes, la pintura, la música, y la escultura. Vivió, murió y resucitó, para volver a ser hoy, una herramienta necesaria en los ámbitos laboral y social. 

En ese ¿extenso? período tuvo un sinfín de cambios, desde las alocuciones rítmicas y poéticas atenienses, hasta las disertaciones jurídicas romanas. Desde las oraciones medievales (y nocturnas) eclesiásticas hasta los gritos libertarios franceses. Sus contenidos cambiaron y sus técnicas también; una de ellas fue las “grandilocuencias verbales”.

Hoy, las exageraciones verbales no son necesarias, ni en su sustantivación, adjetivación o su acción (verbo), salvo que sea ése su propósito (*)

 El film “La sociedad de los poetas muertos” otorga un conciso y extraordinario discurso del Profesor de Inglés John Keatin (Robin Williams):   

-“Evitad usar la palabra “muy”, es una palabra para vagos. Un hombre no está muy cansado, está agotado. No digáis muy triste, usad taciturno. El lenguaje se inventó por una razón, chicos, para enamorar a las mujeres, y ese trabajo no se consigue con vaguería”.

 Las grandilocuencias (y las generalizaciones como: “todos, ninguno, siempre, nunca”) son las más acertadas técnicas si lo que desea el Orador es perder persuasión y liderazgo. 

(*) Hipérbole: Exageración provocada e intencional para conseguir mayor expresividad.

Más técnicas oratorias para menos pánico y angustias.

En esta cuarta participación, finalizaremos con el “capítulo” de la ansiedad, la angustia, el miedo y el pánico Oratorio.

En las dos últimas ediciones hicimos referencia a esas técnicas y procedimientos que nos permiten minimizar esos sentimientos negativos para que la presentación no sea un sufrimiento y comience a mutar hacia una acción gratificante para el orador y persuasiva para el público (fructífera al menos).

En esta oportunidad describiré dos nuevos procedimientos:

En primer lugar, intentar hablar con el auditorio y no al auditorio: Es una falacia aceptar que el monólogo es el recurso pedagógico más persuasivo, aunque si el más conocido, al momento de presentar convencer, enseñar, vender o informar. Hablar A alguien es mucho más difícil y desafiante que hablar CON alguien. Cuando el orador invita al diálogo o a un intercambio interactivo disminuye notablemente la tensión del comunicador, porque frente a la respuesta, el público empieza a aceptar, o al menos a pensar (o sentir). Si el ámbito de la presentación lo permite, siempre es más positivo dialogar que monologar. Y es importante destacar que dialogar no es perder el poder de la palabra.

Por último es vital emplear un vocabulario sencillo que el público decodifique con acierto (Emisor codifica, receptor decodifica y luego intercambian naturalmente los roles). SI el orador habla difícil, con tecnicismo o con floreos, generará una barrera o filtro comunicacional que impedirá el vínculo empático. El orador debe utilizar el mismo dialecto (movimiento) que su público.

Y repasemos, para auto convencernos una vez más, que no hay razón intelectual que impida hablar en público.

Sólo se requiere de método y Sal.

(Técnicas y un poco de transpiración)

Nos vemos en unos días.

¿Más temor, más pánico oratorio? más técnicas para minimizarlo….

En la edición anterior iniciamos el camino para conocer técnicas y procedimientos que minimizan el pánico, miedo o temor oratorio, hasta transformarlo en una simple intranquilidad (natural y necesaria) que desaparece en los minutos iniciales de la alocución:

Hoy desarrollaremos otras tres alternativas, pero antes enunciaremos cuáles son los grandes pánicos de la población, y no nos referimos a aquellos que tengan exposición, sino a los pavores generales del ser humano:

El miedo a las alturas (acrofobia), a los espacios cerrados (claustrofobia), y los terrores a las arañas y serpientes (aracno y ofidiofobia respectivamente) ¿El más común de todos?: hablar en público, lo sufre el 90% de la población.

  1. No tomarse muy en serio: El humor también es un recurso efectivo para el pre discurso. Bromear con uno mismo o recordar situaciones amenas predispone física y psicológicamente de mejor manera para encarar al auditorio.
  1. Prepararse para afrontar argumentos que no esperaba: La planificación otorga herramientas, pero no todas. El orador puede recibir preguntas, comentario y disyuntivas inesperadas y hasta desconocidas. Es importante no tensionarse inicialmente, hay técnicas para hacer frente a esto, sin mentir y sin “guitarrear”. Es vital (en este capítulo, luego veremos las técnicas para hacer frente) comprender que somos seres perfectibles, no perfectos, y que puede haber consultas que desconocemos.
  1. Olvidar la presentación minutos antes: cantar, caminar o pensar en un ser querido disminuirá la tensión pre discursiva.

Y hagamos hincapié en dos conceptos fundamentales; no hay razón intelectual que impida hablar frente a un auditorio y la práctica siempre vence al talento!

Nos vemos en unos días.

Algo más lógicos, pero animales al fin…

Somos animales. De costumbres y por naturaleza. Nuestro cuerpo está extraordinariamente constituido para sobrevivir hasta en las más adversas condiciones. El escenario puede ser un ámbito trágico para muchos y satisfactorio para unos pocos. Lo que nos sucede al hablar en público, incluyendo oradores experimentados, es natural, y podríamos afirmar que es necesario.

En el escenario nos sentimos desnudos, solos, paralizados; sabemos que son pocos los minutos que tenemos como oradores para que el público invierta su tiempo en nosotros, y se convenza que es productivo empezar a escucharnos.

El miedo, temor, ansiedad, pánico oratorio es una respuesta natural a nuestra presentación. No sólo es natural sino que es productivo sentir cierta dosis de ansiedad o temor en los minutos anteriores o iniciales de la presentación. Pero no hay razón intelectual que impida hablar frente a un auditorio.

A continuación (y en la próxima edición) comparto con ustedes procedimientos y técnicas que permitirán al comunicador disminuir su tensión, angustia, temor, miedo o pánico oratorio, pero destaquemos también que la práctica es la más efectiva de las armas.

  • El miedo oratorio es natural. Es fundamental entender que es un estado dominable, transitorio y estimulante. Sí y sólo si lo que tiembla es el pulso o la voz, y no la solidez del tema a desarrollar.
  • Conocer bien el tema. Sólo la seguridad intelectual aporta seguridad psicológica. No es posible persuadir (principio y fin de todo proceso oratorio), si no sabemos qué decir, o no sabemos a dónde dirigiremos el auditorio.
  • Concentrarse en el discurso, no en uno mismo: El público no presencia una disertación con el propósito de VER al orador, sino de escucharlo. Es perjudicial para el mensaje y el orador hacer foco en la persona. Trabajar siempre en el discurso, y luego, en la devolución del público.

Y recuerde, la práctica siempre vence al talento!

Nos vemos en unos días.