Aprendiendo a decir gracias

#Psico+40

Me enojé mucho cuando leí una frase que en una entrevista dijo Arnold Schwarzenegger “No te puedo hablar de la vejez, porque realmente apesta (bromea). Creo que me pasa lo que les pasa a todos, que al mirarme al espejo me pregunto: “¿Qué demonios pasó?”. Pasa que todo cambia, y que a los 65 años uno no puede ser el mismo que a los 25 años. Quiero contarte que en los textos de gerontología vas a encontrar que el envejecimiento es un proceso que se desarrolla a lo largo del tiempo, no ocurre de repente. Este proceso comienza alrededor de los 30 años sin embargo en el cuerpo se notan los cambios a partir de los 40 años. Algunos cambios son físicos, los notas en tu cuerpo: canas, arruguitas, unos kilos de más… Los cambios también son psicológicos: empezás a tomar las cosas de otra manera. Empezás a sentir y a prestar atención a cosas en las que antes ni te detenías. Lo que llamamos “la mediana edad” es un período que cronológicamente puede ir entre los 35 y los 65 años, según los distintos autores y que se caracteriza por ser un tiempo de balance y preguntas muy interesantes. Tiempo de balance significa preguntarse: ¿que hice hasta ahora? ¿Cómo pasaron tantos años ya? ¿Y que pasó con mis proyectos?, con lo que yo soñaba y quería realizar? Dónde estoy? Con quien? Cómo quiero vivir los próximos años? A qué debo renunciar? Estoy a tiempo todavía de retomar lo que abandoné? No importa la edad en que nos realicemos estas preguntas sino que cuando estas preguntas aparecen pueden guiarnos hacia nuestros propios deseos cuando nos encontramos perdidos, o funcionando en “piloto automático”. En la mediana edad nos damos cuenta que la vida no es eterna,entonces tenemos que dejar de posponer para hacer, para y por nosotros mismos. Si la vida es desarrollo y aprendizaje el cambio es lo único permanente. Quizás haya un núcleo, algo mas permanente que podemos llamar “nuestra esencia”, algo que por mas que intentemos modificar con psicoterapia, con abordajes espirituales, con medicación , permanece inalterado. Algunas cosas podemos cambiar, otras podemos aprender a dominar y otros aspectos deberemos aceptar que no podemos modificar y entonces aprender a cuidar a quien queremos de nuestros peores aspectos que es bastante diferente que decir: “ si soy así que voy a hacer” como dice el tango de 1933. Claro que en 1933 todavía no había desembarcado el psicoanálisis en estas tierras!!! A lo largo de la vida vamos cambiando de aspecto, de ideas, de gustos. Tanto cambiamos que lo que nos hacía bien y nos gustaba en una época de nuestra vida ya no nos gusta mas, o no nos sirve. Las personas podemos transformarnos, desarrollar potenciales, capacidades que teníamos dormidas, y que por distintas razones no pudimos explorar, expresar. También podemos adquirir nuevas capacidades. El paso del tiempo nos puede volver cada vez más inteligentes: en la vida familiar, en el control de nuestras emociones, para disfrutar mas y sufrir menos… Cuando alguien te dice: “yo soy así, así me conociste” nos dice que es mas sencillo no intentar nada nuevo y apostar a que el otro nos bancará y aguantará como somos. Cambiar es un proceso arduo y difícil, no se produce por amor a otro, sino por un motor que es el sufrimiento psíquico, vincular, emocional. Como sufro con mi forma de ser, cambio, para llevarme mejor conmigo mismo es que reconozco mis dificultades e intento una transformación de mi persona. Sabés por que me enojé tanto con esa frase de Schwarzenegger? (aunque el cronista diga que fue una broma)… porque una de las capacidades que adquiere una persona con el paso del tiempo es la capacidad de agradecer. Una persona que después de tantos años de carrera sigue trabajando, sigue convocando, recibe reconocimiento y cariño… debería poder ser agradecida a la vida. Se entiende por gratitud al sentimiento relacionado con ser capaces de admitir que se ha recibido una ayuda, un estímulo o un reconocimiento. Cuando somos jóvenes creemos que todo nos corresponde, con el tiempo podemos darnos cuenta de que recibimos algo que es beneficioso, valorado socialmente o subjetivamente: por ejemplo recibí educación, nací en un país democrático, tuve la suerte de tener padres cariñosos y preocupados por mí, trabajé en lo que siempre me gustó… Muchas veces ese beneficio que se recibe proviene de un agente externo: una persona no conocida ( por ejemplo un benefactor que dona dinero para becas de estudio), un ente impersonal como Dios ( que me trajo a este mundo en determinada época histórica y no en otra) o la naturaleza ( que me favoreció en las cosechas o me dio unos hermosos ojos azules), es posible sentir que la vida misma ha sido benefactora o generosa con nosotros. La experiencia de gratitud es una emoción placentera ( Emmons 2007) que nos despierta alegría, una sensación de bienestar y de apreciación por la vida y lo que esta nos ha deparado. Ser agradecido no quiere decir que todo salió como queríamos, sino reconocer mucho de lo que hemos vivido y recibido a lo largo de la vida.