Sig Ragga: “El reggae está muy arraigado, pegó muy fuerte en la gente”

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El grupo santafesino editó su segundo disco de estudio, Aquelarre.

Tras cuatro años sin nuevas canciones, Sig Ragga recopiló todo el material y la experiencia adquirida durante ese lapso temporal en su segundo álbum. “Fue una experiencia especial e intensa para la banda. La composición de los temas se desarrolló de un modo muy orgánico y natural. Creamos todas las canciones que integran el álbum en dos o tres meses. Luego, hicimos los demos y la pre-producción. Salió todo de un tirón”, detalló Nicolás González, guitarrista de la banda.

Aprovecharon las bondades de su estudio en Santa Fe para elaborar los diez temas que incluyeron en el disco. “Pudimos dedicarle el tiempo necesario a las canciones. Las exploramos y las descubrimos. Supimos relacionarnos de un modo integral con ellas. Canalizamos correctamente la energía que invade a un artista a la hora de la creación de un disco nuevo. ¡Escribimos un nuevo capítulo de nuestra historia y salió bárbaro! Acertamos en la elección del momento para encarar la grabación y logramos plasmar en él las nuevas inquietudes musicales que teníamos”, explicó.

¿Qué diferencias percibís con respecto al disco anterior?

En primer lugar, hay una diferencia temporal muy grande. Nuestro álbum debut salió en 2009. Por lo tanto, hay una enorme cantidad de experiencias nuevas que uno acumuló durante cuatro años que influirán en el trabajo, consciente o inconscientemente. Culturalmente, cambiamos mucho debido a los intereses y la curiosidad propia de un ser humano. Pienso que cada disco es una fotografía del momento creativo del grupo. Es el resultado de un conjunto de elementos combinados en una determinada situación, única e irrepetible. Aunque me cuesta percibir las diferencias, sé que hubo algunos movimientos que transformaron la sonoridad del grupo.

¿Por qué eligieron Aquelarre cómo título del nuevo álbum?

Sentimos que las juntadas que teníamos los cuatro integrantes de la bada para componer las canciones del álbum tenían una reminiscencia a esas antiguas reuniones de brujos, quienes se encontraban a crear pócimas o brebajes. Elaboramos los temas de a poco. Analizamos detalladamente cada uno de los ingredientes que utilizábamos para componerlos. La etapa creativa fue natural, espontánea. Nos sorprendió la velocidad con la que trabajamos pero no fue casualidad porque la química estuvo y la onda fluyó. Nos potenciamos mutuamente. Nuestras voluntades se unieron, muchas veces sin palabras de por medio, para confeccionar la mejor canción. Nuestros encuentros estaban impregnados por ese tinte del aquelarre. Por esa razón, decidimos emplearlo como concepto para titular el material. Fue la imagen real de la etapa compositiva del disco.

Pepo Cortes, baterista de la banda, fue el inventor del arte de tapa que ilustra el segundo material discográfico del grupo santafesino. “Supo interpretar lo que trasmitimos a través de las canciones y confeccionó las imágenes adecuadas”, resaltó.

En 2013, la banda recibió su segunda nominación a los premios Grammy Latinos en la categoría mejor canción alternativa. “Es un logro muy importante. Lo vivimos con una alegría absoluta. Sentimos que es un reconocimiento a mantener un proyecto durante tanto tiempo con los mismos integrantes. Somos amigos antes que un grupo musical, eso está primero. Pasamos un montón de cosas juntos, imaginate que nos conocemos desde la secundaria. Lo lindo es que sentimos que recién empieza la banda; Por lo tanto, creemos que aún nos queda muchísimo por hacer. El entusiasmo y la intensidad están intactos. En algún punto, el espíritu de esos niños que se divertían jugando con sus instrumentos está presente”, narró González.

Grabaron en el estudio SONIC RANCH en Texas, USA, ¿cómo fue la experiencia?

La iniciativa fue de Eduardo Bergallo. Él fue quien nos sugirió la idea de ir a grabar allá y, sinceramente, fue todo un acierto. La experiencia fue increíble en todo sentido. Imaginate que, para algunos de nosotros, fue el primer viaje en avión. Así que, desde el comienzo, fue todo impresionante. Cuando llegamos, encontramos un lugar paradisíaco: una estancia muy pintoresca en el medio del desierto de Texas, rodeada de naturaleza. Fue muy especial trabajar ahí, una oportunidad soñada por cualquier músico.

La grabación y mezcla estuvo a cargo de Eduardo Bergallo; El mastering en manos de Marco A. Ramírez, ¿Qué le aportó cada uno al sonido de la banda?

Trabajar con ellos para este disco fue un aprendizaje permanente. A medida que desarrollábamos los diferentes aspectos del material percibíamos el compromiso real de cada uno hacia la obra. La calidad y la riqueza de sus colaboraciones son inigualables, tanto a nivel humano como técnico.

La artista mexicana Ely Guerra participa en la canción “En el infinito”, ¿cómo se dio?

Cuando compusimos la canción pensábamos en incluir una voz femenina en algún tramo, pero no había nada cerrado. Cuando estábamos en Estados Unidos, Ely mezclaba su DVD en el mismo estudio donde nosotros trabajábamos. Sucedió porque Sonic Ranch es un complejo con cinco salas de grabación, entonces, había varios grupos ocupándolos simultáneamente. El nexo con ella fue a través de Eduardo. Él nos preguntó si queríamos probar su voz y nosotros accedimos, por supuesto. Finalmente, ella grabó y sumó un color muy lindo que se complementa perfectamente con los coros de la canción.

Nicolás González ofreció su visión sobre la actualidad del género en su provincia. “Surgieron varios grupos y nos sorprende. También nos gratifica, en cierto modo, porque cuando comenzamos nuestro proyecto ni siquiera se conocía la palabra. Tampoco había información sobre Marley. Pero el panorama cambió, afortunadamente. En la actualidad, hay más de diez bandas sonando. Lo interesante es que la escena se renueva y aparecen propuestas muy interesantes. El reggae está muy arraigado, pegó muy fuerte en la gente”, describió.

Cruzaron todas las barreras necesarias para tocar fuera de Santa Fe, ¿Qué significa ese logro?

En su momento, fue muy importante para nosotros porque teníamos ganas de conocer otros lugares y de ver qué pasaba con nuestra música. Son las inquietudes naturales de cualquier persona que quiere difundir lo que hace. También queríamos salir para después volver, como nos pasa ahora, porque regresamos a nuestra ciudad con muchísimas ganas. Tocar en el interior del país, en lugares donde nunca imaginaste hacerlo, son vivencias que te da la música y tenemos que aprovecharlas. Salir de Santa Fe nos abrió muchas puertas y algunas ventanas. Sin dudas, fue muy productivo. ¡Estamos muy contentos de haberlo hecho! Ahora, nuestro objetivo es visitar lugares a los que nunca fuimos –como Córdoba o San Luis, por ejemplo- y conocer más nuestro país.

“Descubrí el género a los 11 años, a través de una canción de Bob Marley. Viajaba  junto a mis padres en el auto cuando escuché uno de sus temas en la radio y me llamó mucho la atención. El tema era Is this love. Posteriormente, compré Legend, el disco que recopila mucha de su música. Ésa fue mi puerta de acceso al reggae. Luego, investigué mucho sobre el estilo, conocí otros artistas y me enamoré definitivamente del género”, recordó Nicolás.

¿Por qué elegiste al reggae como herramienta para expresarte?

Son cosas que se dan solas. Los integrantes de Sig Ragga tenemos una historia familiar parecida porque nos criamos en un ambiente de padres músicos y artistas. Entonces, escuchamos mucha música –muy diversa- desde muy temprana edad. En nuestra memoria hay vestigios del rock de los ´70, de los ´80, jazz, bandas sonoras de películas, música clásica o para niños. Eso sucedió en nuestra infancia. En la adolescencia apareció el reggae; Más adelante, continuamos con la investigación y descubrimos nuevos sonidos. Toda esa información acumulada es parte constitutiva de la persona que uno arma a lo largo de su vida y que, al momento de componer, brotan. El reggae es solo una parte de ese conocimiento pero lo utilizamos como elemento principal de un collage que elaboramos con todo ese background musical que tenemos.

“Estoy de acuerdo con la fusión en la música. No solo en el reggae, en cualquier estilo. Con respeto y conocimiento, todo es válido. Para mí, tocar o componer debe ser una experiencia libre, sin ningún tipo de restricciones. Si hablar de géneros te da la libertad de unir elementos que no estaban juntos, adelante. Creo que puede servir para abrir una ventana importante hacia nuevos sonidos. También puede ser útil no pensar en estilos musicales, tomar notas sueltas y descubrir después a que dialecto musical pertenecen o de donde vienen. Para mí, los dos mecanismos son bárbaros. Considero que nada nos debe impedir conjugar distintos elementos para crear música”, reflexionó el guitarrista.