Maldito Licor, parte 1

#EstoEsRusia

Este cóctel tendrá tres partes, este es el aperitivo.

La oferta de alcohol en Rusia de verdad impresiona. Son cientos, probablemente cientos de miles los metros y metros cuadrados que los distintos comercios destinan a la venta de todo tipo de bebestibles. Si los rusos querían sacarse el estigma de campeones a la hora de empinar el codo, la tarea muchachos, es más que complicada.

Las leyes de la economía de mercado, y del capitalismo han dictado un axioma que en este caso es lapidario: si la oferta de alcohol en este país es enorme es sencillamente porque los rusos compran, y mucho. Para salir de dudas, miren este recorrido por la sección de bebidas alcohólicas del supermercado al que voy habitualmente, parece el paraíso de Barney Gómez.

Fuera de cada estación de metro hay muchos locales comerciales pequeños. En la mayoría de ellos se vende cerveza, y muchos rusos se compran una de medio litro para bebérsela mientras caminan entre la estación y su casa. Es más fácil encontrar diez marcas y variedades distintas de cerveza que Coca Cola y Pepsi.

Curiosamente, la legislación rusa no consideraba bebidas con menos de 10 grados de alcohol, justamente como lo que son: alcohólicas. Para la ley estos brebajes constituían “alimento”. Algo que sólo cambió este año provocando bastantes protestas, entre ellas las de varios de mis amigos.

En Rusia el alcohol es barato. Por tres dólares hay una oferta abundante de Vodka. Una cerveza de 500cc puede costar 70 centavos de dólar, más barata que una Coca Cola de medio litro.

Por eso, para el Estado una parte importante de la lucha contra el alcoholismo tiene que ver con regular los precios mínimos. Eso se hace con el Vodka, pero es una pelea difícil, por no decir perdida, sobre todo cuando muchos rusos dominan las antiguas artes de la destilación casera, ejemplo de la estrecha relación de una cultura con el alcohol. Una relación que se ve, se siente, y muchas veces también se huele en los distintos rincones de este país.