Contra-ataque de pánico

#SaludMental

Es frecuente recibir en la clínica pacientes que en la mayoría de los casos llegan derivados por un médico (muchas veces desde la guardia) que los mandan luego de análisis de rutina y de descartar alguna enfermedad médica y con el diagnóstico de estrés ó específicamente “ataque de pánico”.

¿En qué consiste el panic attack? ¿Es una patología nueva o una nueva forma de nombrar viejos problemas? ¿Cómo tratarlo?

Voy explicar mi visión acerca de este fenómeno tan mencionado en la actualidad

Lo que se ve: el cuadro clínico

Freud en 1895 en su descripción de las llamadas Neurosis Actuales, incluye a la llamada “Neurosis de Angustia”, en donde este fenómeno se daría a consecuencia de un alto monto de energía acumulada que no encuentra su vía de descarga psíquica y se traduce en descarga corporal, un momento de angustia latente, al acecho que eclosiona en un momento en el cuerpo.

Es un estado que según Freud se caracteriza por:

Excitabilidad general: sensación de sobresalto, el cuerpo late, demasiado sensible a estímulos auditivos, el cuerpo tenso

Espera angustiosa: sensación “pesimista” de que algo malo va a ocurrir por ej. Miedo intenso a volverse loco ó a morirse

Irrupción del Ataque de angustia

Este presenta una serie de manifestaciones corporales, las más frecuentes son:

-       Perturbaciones de la actividad cardíaca: Palpitaciones, arritmias leves, taquicardia

-       Perturbaciones en la respiración: Disneas (dificultad para respirar), ataques análogos a asma

-       Ataques de sudor

-       Ataques de temblores y convulsiones

-       Vértigo y mareos, sensación de que se mueve el piso, no mantiene la estabilidad, siente que se cae

-       Diarreas en forma de ataques

-       Parestesias: Siente que partes del cuerpo están dormidas, hormigueo

-       Pavor nocturno

-       Sensación de náuseas, vómitos, no poder tragar.

 

Todo esto aparece de manera súbita, sin motivo aparente y es de breve duración (minutos, excepcionalmente horas).

Esta crisis genera una ruptura, una discontinuidad, una angustia sin velo, sin palabras, sin explicaciones que pasa directo al plano corporal.

El pánico no es concordante con la magnitud del peligro y puede aparecer de la nada, ó ante circunstancias que no justifican semejante actitud.

Todo este cuadro es totalmente compatible con la actual descripción del “Trastorno de pánico” ó “Panic Attack” del DSM IV, manual psiquiátrico de enfermedades mentales.

 

Tratamiento

Trabajo en equipo con profesionales psiquiatras. En algunos pacientes la medicación ayuda a parar algo de esta invasión corporal pero en muchos casos no es suficiente: el monto de angustia insiste en reaparecer.  Es ahí donde puede entrar en escena un psicoanalista para hacer algo con ese malestar que adviene.

El problema es que, por las características del cuadro, es muy poco frecuente escuchar un pedido de tratamiento “psi” simplemente los mandan al psicólogo y estos pacientes, no llegan fácilmente al consultorio.

 Los lazos sociales

Ante la inminencia de que se repitan estos episodios suelen evitar situaciones pasibles de provocar estos síntomas ó aislarse, perdiendo los lazos sociales y afectándose la calidad de vida. Por ejemplo no quieren viajar en transporte público, no quieren volver a trabajar, evitan reuniones, no quieren salir a la calle etc. A esto se suma el estilo de vida actual y la inseguridad del contexto social: robos, asesinatos, incertidumbre laboral etc. De esta forma se incrementa el estado de alerta y favorece el terror a re experimentar un ataque. Todo esto exige soluciones rápidas. La vía del psicoanálisis apunta a que ese apuro se transforme en otra cosa y esto lleva su tiempo: el tiempo del tratamiento. Ojo que esto no significa hacer de la terapia algo muy prolongado. Muchos tienen el prejuicio de que un psicoanálisis lleva muchos años. Me refiero con ello a la posibilidad de dar otra dimensión al asunto.

De la mirada médica a la escucha psicoanalítica

¿Por qué consultar a un analista?

Porque desde la observación clínica vía la mirada de la medicina se puede categorizar, homogeneizar e identificar síntomas pero no se ubican los motivos del padecimiento. Permítanme traer a colación una vieja frase de Hipócrates (padre de la medicina occidental) en el siglo V “el paciente y su enfermedad están unidos inseparablemente en un hecho único que nunca se repite y, por lo tanto, no hay enfermedades, sino enfermos” (o sea no todos los pacientes son iguales). Es por ello que el analista atiende cada caso en detalle y ofrecer una solución artesanal y no en serie.

Lo que se escucha: lo singular del padecimiento

Quienes padece estos síntomas se encuentran indefensos, por un lado una florida manifestación física, de la que ya hablamos y por otro un mutismo, es decir cuándo se les preguntan por el momento en que ocurrió el ataque describen con pelos y señales el momento, el lugar, la circunstancia, el tiempo que duró, los síntomas que aparecen, las veces que volvió a ocurrir, la hora del día etc., pero no se les ocurre ninguna idea, imagen, sueño, palabra, hecho que relacione eso que les ocurrió con algo de su forma de vida ó si se les ocurre algo no le dan demasiada importancia.

A trabajar

La posibilidad de enlazar por la palabra permite que se pase del plano corporal al psíquico para desde allí tramitar la angustia, armado de una trama que pacifica, calma, alivia el malestar sin fórmulas ni soluciones estandarizaras.

Para ello no alcanza con una pastilla o un rótulo diagnóstico, es necesario pasar de la pasividad del padecimiento a la actividad: hay que ponerse a trabajar.

Hay un chiste que afirma que el psicoanálisis es la única profesión en la que se paga por trabajar y como todo chiste tiene algo de verdad, es necesario un paciente que esté dispuesto a trabajar y un el analista que también trabaje vía la palabra y vía la escucha.

 

Lic. Marisa Fenochio

mfenochio@yahoo.com.ar

@mfenochio