Oficinas cool: te divertís o te vas.

Desde que Google armó sus oficinas en Moutain View como una mezcla de parque de diversiones y museo para niños, la tendencia en el mundo fue competir por ser la organización más “divertida”. Las pioneras fueron las empresas tecnológicas que se pelean por atraer los jóvenes programadores más talentosos. Pero poco a poco la ola se extendió a todas las industrias, en la búsqueda permanente de ser entretenidas para llamar la atención de la volátil generación de millennials.

El ejemplo local es Globant que imita a Google hasta el paroxismo. Son un calco el estilo de sus oficinas y su esfuerzo por personificar lo cool, relajado y buena onda. Rompieron el record cuando metieron en un pelotero a CFK. Si claro, que divertidos que somos.

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El hacer la diversión una política más de recursos humanos me parece un gran error. Es imponer lo que debería salir naturalmete. Que un lugar de trabajo sea divertido depende de muchos factores pero todos de ocurrencia espontánea. Tiene que ver con la cultura del lugar, con la energía de la gente, la visión y valores compartidos, el sentido de pertenencia, entre varios otros. Y lo mejor que puede hacer la empresa es dejar que la mezca ocurra sola y si sale, celebrarlo. Pero armar el decálogo y los procesos para ser divertidos es ridículo.

Comparen la foto clásica de oficinas “cool” con la de más abajo. Es la terraza de las oficinas de Vlingo, la empresa por lejos más divertida en la que trabajé. No había ni una sóla política de entretenimiento forzado. Éramos unas 40 personas, nos cagábamos de risa y trabajábamos mucho también. Ahí estamos con mis compañeros tomando un whisky, fernet y disfrutando juntos un fresco atarceder de primavera en Cambridge. Al lado de esto el pelotero parece un mal chiste.

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DESCONECTADOS: el ex-alumno y la universidad pública.

La Universidad Nacional de Rosario (UNR) tiene muchos problemas, pero algunos son tan sencillos de resolver y con un potencial de mejora tan claro que la inacción de sus autoridades es inexplicable.

Pertenece a esta categoría de oportunidades desaprovechadas la forma en que la UNR maneja la relación con sus ex-alumnos.

Recién llegado a Argentina en 2010, recuerdo una reunión con el Secretario Académico de Ingeniería Industrial en donde le manifesté mi preocupación por la total falta de contacto de la universidad con sus egresados. Más de 10 años pasaron desde que rendí la última materia y la Facultad me contactó una sóla vez (*). El contraste con MIT no puede se más grande: en un año típico recibo unas 4 cartas, me mandan 6 ediciones de la revista Technology Review, me invitan a una conferencia de actualización, solicitan mi opinión a través de una encuesta, y me piden que participe de la reunión que hacen con los aplicantes argentinos. Todas estas acciones hacen que yo me sienta “parte” de MIT, aún estando a más de ocho mil kilómetros de distancia de su campus.

En cambio vivo a 25 cuadras de la Facultad de Ingeniería y no me entero de nada, y ellos no saben nada de mi.

No hay conciencia en la facultad pública de las grandes ventajas de una política de contacto frecuente con el graduado. Para empezar está el fundraising. Sería muy lógico que luego de haberlos formado durante varios años, la facultad busque a sus egresados exitosos para solicitar aportes. Es el famoso “giving back”, que las universidades yanquis piden con un método muy aceitado. Para mi sería mucho más justo aportar a la UNR que a MIT, pero no tengo manera simple de hacerlo.

El graduado además puede proveer a la universidad de una mirada externa que aporta mucho al proceso educativo. Sirve para ayudar al docente a salir de la burbuja académica ¿No sería interesante saber que contenidos fueron los más útiles en la vida profesional? ¿Qué nuevas tendencias se ven en el mercado? ¿Qué nuevos saberes son más demandados? Con una simple encuesta se podría averiguar.

En tercer lugar, el ex-alumno podría colaborar en la inserción laboral de los nuevos graduados. La facultad debería facilitar el nexo entre las distintas generaciones que comparten alma máter. Mis compañeros de camada hoy tienen posiciones de liderazgo en las principales organizaciones del país y muchos deciden sobre incorporación de personal clave. No dudo que ellos contratarían más ingenieros industriales de la UNR si la facultad nos facilitara la búsqueda y el contacto (**). Y en las malas, este recurso es aún más valorado: ¡Cómo me hubiera gustado en 2001, en plena crisis, contar con una bolsa de trabajo donde poner mi CV y que sea visto por los gerentes y directores graduados de mi misma facultad!

Finalmente, los alumni sirven como modelos motivadores. A través de organización de charlas o seminarios, los estudiantes aprenden sobre los pasos concretos que otros, antes que ellos, dieron para poder alcanzar sus metas. De máxima, hasta pueden conseguir un mentor que los ayude a tomar decisiones importantes.

Todo esto podría lograrse con muy poco. Una oficina de ex-alumnos, al principio con un staff de una persona que se encargue de mantener las bases de datos, distribuir emails de actualización y novedades, armar eventos y hacer fundraising. Con este granito de arena la diferencia sería palpable. No tengo dudas que la inversión se pagaría con creces. ¿Alguien de la FCEIA / UNR con ganas y poder para hacerlo estará leyendo? Ojalá que si.

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(*) Ese único contacto, una excepción, fue para darme el premio al mejor promedio. Por eso estoy seguro que a la gran mayoría de ex alumnos no los contactaron nunca.

(**) MIT tiene un website dedicado a esto (Infinite Connection) que yo mismo usé cuando trabajaba en Cambridge para reclutar pasantes.

Arreglárselas con lo de acá

Dice Piglia en este fragmento de su clase sobre el maestro: “¿Ustedes pueden creer que (Borges) con las librerías de Buenos Aires hizo todo?”.

Borges se las arregló acá, con los recursos y los libros de su ciudad, con lo poco que tenía a su alcance, sin viajar a Nueva York, Tokyo o París. Es una gran enseñanza y causal de optimismo. Por supuesto que mejor es tener contacto directo con otras culturas y sus referentes, el “the cutting edge” de la disciplina que uno desarrolla. Pero se puede también con lo de acá.

Hoy hay menos excusas que en los años 40 y 50 de Borges. Con internet y la logística global de Amazon podemos saber en que está el mundo. También tenemos acceso a las bibliotecas que forman el pensamiento y la agenda de los líderes globales. Habiendo cultivado una mente muy curiosa, tengo la impresión que uno puede arreglárselas con lo de acá y sin sentirse menos.

El brutal contraste

Perito Moreno

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¡Cuánto quisiera hacer, cuánto hay que hacer por la patria! Pero, ¿cómo? ¿cómo? Tengo 66 años y ni un centavo. ¡Cuánto valen los centavos en estos casos!

Francisco P. Moreno poco antes de morir en 1919, con la sensación de que le restaba aún mucho por hacer.

Desde ayer a la noche recorriendo los centros de evacuados #LaPlata

Debido a un error de mi equipo de comunicación en uno de mis tuits, debo aclarar que llegue hoy a media mañana.

Pablo Bruera, Intendente de La Plata, mintiendo en Twitter sobre su verdadero paradero en medio de las inundaciones.

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La ocasión de visitar por primera vez, hace unas semanas, la Patagonia austral me llevó a releer los libros sobre su historia escritos por Germán Sopeña. Refrescar la vida y obra del pionero Francisco Moreno me impactó casi tanto como vivir en carne propia la magia de esa geografía inigualable en el mundo.

Al patriotismo, visión de futuro y conocimientos de Moreno le debemos no haber perdido la mitad de nuestro territorio en el laudo arbitral con Chile de 1902. Dice Sopeña que Moreno “se colocó en la línea de los grandes humanistas de todos los tiempos: naturalista, aventurero, científico, geógrafo, escritor, fotógrafo, diplomático, estadista, educador, filántropo”.

Aún con lo notable de sus virtudes, el perito Moreno no fue una anomalía de aquellos años. Hubo una generación dorada de líderes que en la segunda mitad del siglo XIX convirtieron a la Argentina de una nación pobre en una gran promesa de desarrollo y modernidad.

Recorrer esas historias da perpectiva sobre la debacle de nuestro liderazgo actual, nos permite medir la distancia de la caída que sufrimos en 100 años. Bruera y su patética mentira en tuiter expresan un fenómeno generalizado cuyo exponente en la cúspide es el vicepresidente Boudou. Son la contracara de los valores de aquellos visionarios: expresan la falta de ética y de cultura, el cortoplacismo y la corrupción.

Moreno murió pobre y olvidado, habiendo donado a la propiedad pública miles de hectáreas donde se crearía más tarde el parque nacional Nahuel Huapi. Bruera, siguiendo la estirpe política actual, se aferra como puede al cargo de intendente a pesar de su mala praxis. De Boudou mejor no agregar nada.
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Moleskine

The view that an industry is a customer-satisfying process, not a goods-producing process, is vital for all businesspeople to understand.

Marketing Myopia, Theodore Levitt, HBR 1960.

Los partidos políticos siempre reconocieron la importancia de la construcción de capital simbólico. Es la batalla cultural, que hoy está tan de moda en Argentina.

Levitt, profesor de HBS fundador del marketing moderno, fue el primero en reconocer que en el mercado se da una disputa muy similar. Las empresas, a través de sus marcas, desarrollan una parte importante de sus ventajas competitivas en los terrenos intangibles del significado y los valores.

La semana pasada Moleskine vendió el 55% de sus acciones, lo que valuó a la empresa en 600 millones de dólares. Moleskine es una multinacional que sólo vende cuadernos y anotadores en distintos tamaños y colores. Sería muy comparable con nuestras autóctonas Rivadavia o Gloria, si no fuera por su distintiva y exitosísima capacidad de contruir una marca global.

“The Legendary Notebook of Hemingway, Picasso and Chatwin” es el la frase portátil con la que se posicionan. Es muy probable que muchas personas sientan que tener una Moleskine los convierte en escritores en serio. Esa esperanza asociada a la marca, que vincula al cliente con míticos escritores que (supuestamente) la usaron, es lo que genera la satisfacción aún cuando el producto sea un tremendo commodity.

El caso Moleskine es un ejemplo vívido de lo que trata la economía del conocimiento, donde el valor de los productos depende de la “densidad de ideas” que transportan y no de la materia prima que los componen.

Buenas Lecturas

Biblioteca

El fin de semana vinieron amigos a cenar a casa. A la hora de los tragos, la gente se concentró en la biblioteca. ¿Hay algo mejor que tomar alcohol rodeado de libros? Esteban Ochoa logró amalgamar estos placeres como nadie en su casa de calle Córdoba. But I digress, la cuestión es que a la hora de cerrar la velada, cada uno se fue con un libro prestado. Eso me lleva a la segunda pregunta del párrafo: ¿Qué mejor para un lector que recomendar libros?

Acá van entonces, algunos buenos libros que he leído últimamente:

Borges y la Memoria, de Rodrigo Quian Quiroga. Fue para mi una excelente doble introducción: a las neurociencias – rama de la ciencia en boga si las hay – y a la obra de Borges – literatura que resiste el paso del tiempo como ninguna. Una combinación apasionante, en un libro corto, escrito por un científico argentino brillante y reconocido en el mundo. Perlita. Si al terminar quedás enganchado con la relación entre Borges y la ciencia, el siguiente recomendado para tartar de saciar el apetito es Borges y la Matemática, de Guillermo Martínez.

Thinking, Fast and Slow, de Daniel Kahneman. Si te preguntaste como los seres humanos toman decisiones tan buenas en algunos casos y tan malas en otros, acá está la mejor respuesta que la ciencia te puede dar. Conceptos como availability bias, priming effect o cognitive ease van a mejorar tu entendimiento de como la gente piensa.

Uncommon Service, de Frances Frei. Este es un título algo específico, pero lo pongo porque creo que el “servicio” es algo que se tiene que mejorar en Argentina. Frei es una de las académicas que más ha estudiado el tema.

Erotic Capital, de Catherine Hakim. Libro polémico, pero escrito por una mujer muy inteligente, que te hace pensar. Dejo una cita: People who object to the idea of erotic capital as valuable usually complain that it is purely inherited and hence cannot or should not have value. But intelligence is largely inborn yet is readily accorded value and rewarded.

Einstein, de Walter Isaacson. No conocer la vida del Person of the Century clasifica como analfabetismo funcional, cierto? Bueno yo hasta hace unos meses era analfabeto entonces. Leerlo aunque sea para captar lo poderoso del gedankenexperiment (experimento mental)

Leadership on the line, de Ronald Heifetz y Marty Linsky. Required reading para aquellos enfretados a los dilemas, complejidades y peligros de una posición de liderazgo, en empresas o fuera de ellas.

Y de yapa, grandes artículos, disponibles online:

Spirit Guide. Reinventing a great distillery. Cuando una gran revista como The New Yorker aborda un gran tema como el whisky sale esta belleza.

True Progresivism, The Economist. ¿Qué es ser progresista en serio? A mirar a los países nórdicos señores.

The Haimish Line. Es importante estar del lado correcto de la línea Haimish.

Una calificación sentimental científica de Hernán Iglesias Illia. Charla clásica de hombres en la pluma de un muy buen periodista.

Enjoy!

Arancel a los libros, parte dos

La repercusión que tuvo el posteo sobre el arancel a los libros importados superó todos mis cálculos. Cuando pedí ayuda para difundirlo y protestar no me imaginé que en dos días se iba a retuitear 441 veces y recibir más de 1000 recomendaciones en Facebook.

Mucha gente me hizo preguntas y me pidió más detalles sobre el caso. Me parece oportuno agregar la información adicional que tengo:

1- En el post escribí que era una resolución de la AFIP la que a partir del 13 de junio pedía cobrar el arancel del 50%. Algunos buscaron y me dijeron que no hay ninguna resolución en esa fecha sobre el tema. Pienso entonces que lo que me mostraron en la aduana era una simple nota interna, dirigida a ellos desde la AFIP, donde les indicaban volver a cobrar el arancel como si fuera un bien de consumo personal.

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El impuesto que no puede existir

“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Jorge Luis Borges.

Cada uno podrá tener su opinión sobre la política impositiva que le vendría bien al país. Yo defiendo impuestos progresivos, y que el estado se enfoque en reducir la evasión y la economía en negro antes que en aumentar la presión fiscal sobre las empresas que ya pagan su parte.

Pero hay un impuesto que nadie, en su sano juicio, puede defender: un arancel de 50% para la importación de libros.

La Secretaría de Comercio ya había intentado imponer el arancel en Abril pasado bajo la inverosímil excusa del contenido excesivo de plomo en la tinta. Cuando el tema tomó estado público y los consumidores se quejaron, Moreno dió marcha atrás.

Ahora veo que sólo fue una estrategia para aquietar las aguas y volver a la carga en un mejor memomento. Hace unos días, en lugar de recibir directo el pedido de Amazon como tantas veces antes, a mi casa llegó esta nota:

La foto

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