La calidad no, ellos sí

#Vinos

IMG_4223 copia

El otro día, en la presentación en sociedad de Abremundos (te lo anticipé hace unos meses en http://blogs.infobae.com/vinos/2014/06/19/musica-para-beber-by-pedro-aznar-y-cia/), entendí algo que, al menos para mí, es interesante. Y por eso lo comparto aquí.

La calidad ya no hace la diferencia, ya no es un valor agregado. Y por qué digo esto. Porque todos los vinos de hoy, aquellos que podemos disfrutar más allá del consumo cotidiano, son de calidad. Es más. Si hablamos de vinos top, como es el caso de los flamantes vinos de Pedro Aznar y Marcelo Pelleriti, esa calidad es muy alta. Tanto que no imagino una más allá en el corto plazo. Pero esto no es malo. Muy por el contrario, es una gran noticia.

Porque si la calidad se define como un conjunto de elementos capaces de llevar la sensación de consumo a un nivel superior, eso lo han logrado todos.

Entonces me di cuenta, al escuchar el origen de Abremundos y la inspiración de Pedro Aznar, que la diferencia hoy la hacen ellos. Los hombres detrás de los vinos. Esto abre una nueva discusión, hombre o terroir.

Hoy, no hay dudas que los vinos argentinos están marcados a fuego por sus hacedores, y son ellos los que hacen la diferencia. Con sus ideales y sus intensiones, con sus locuras y creatividades. Que si pueden llegar al consumidor a través de la copa y tocar sus sensaciones, habrán logrado su objetivo.

Hoy el hombre elige donde, como y cuando. El hombre persigue un ideal. Claro que el lugar; léase terruño; es muy importante. Pero hoy es muy prematuro hablar de vinos en los que el terroir sea más que el hombre. Seguro que ese será el destino de los grandes vinos argentinos. Ese momento en el cual el hombre sólo sea un guía y la naturaleza lo ayude a mejorar su vino, año tras año. Esa será la conclusión del trabajo de muchos años. Es decir, no serán vinos de una cosecha, sino el producto de una vida dedicada a las cosechas. Y a fundar la Argentina vínica del terroir. Veo en el horizonte muchos grandes vinos, e imagino que en algún momento las (be)bibliotecas de todos se llenarán de esos libros para beber, de diferentes años, y que evolucionen diferente por el sólo capricho de la naturaleza.

Hoy, tenemos muchos grandes vinos que simbolizan esa búsqueda. Que van cambiando año tras año porque su hacedor quiere cambiar, está aprendiendo o simplemente busca crear algo diferente. Estos vinos, con el paso de las añadas, se multiplican. Pero por más que ostenten la misma etiqueta, son vinos diferentes. Y hay que tomarlos como tales. Son vinos de transición.

Por eso, si la calidad ya no hace la diferencia, y el terroir aún está en una etapa inicial, es el hombre el que marca la diferencia. Y con sus intensiones le da valor a cada botella. Y más allá de lo que cada uno pueda pagar por un vino, los hacedores son conscientes de las reglas del juego. Y a la hora de fijar los precios, saben que están justificados. Siempre y cuando conlleven un significado que los consumidores aprecien y puedan valorar a la hora de descorchar y brindar.

Si disfrutan del vino tanto como yo, los espero en WWW.FABRICIOPORTELLI.COM 

FirmaMail