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	<title>#ADNGuevara &#187; Santos</title>
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	<description>Martín Guevara, sobrino del Che, cuenta anécdotas de su familia y analiza el contexto político mundial</description>
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		<title>Brasil, luminosa y sórdida II</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2013 18:54:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[Patoruzú]]></category>
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		<description><![CDATA[Fui al cuarto de baño, que se encontraba en la misma planta,  estaba austero pero limpio,  regresé a la habitación, le dije a Joao que bajaría y en dos horas estaría allí nuevamente y me fui a la calle a ver que tenía preparado la ciudad de Santos para seducir a un entumecido paladar citadino.... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2013/05/02/516/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Fui al cuarto de baño, que se encontraba en la misma planta,  estaba austero pero limpio,  regresé a la habitación, le dije a Joao que bajaría y en dos horas estaría allí nuevamente y me fui a la calle a ver que tenía preparado la ciudad de Santos para seducir a un entumecido paladar citadino.</p>
<p>El pasillo del &#8220;Hotel&#8221; era luminoso, de suelos de mármol y marcos de caoba, revelaba un pasado de mayor resplandor. Había  cierta decencia soterrada,  en el esfuerzo que parecía hacer ese  otrora conjunto de espacios ordenados armónicamente, para intentar  dar fe de su rancia aunque muy avejentada prosapia.</p>
<p>Cuando bajé ya se había hecho de noche.</p>
<p>El Hotel estaba en una calle perpendicular a la avenida que pasaba frente a los muelles de carga.</p>
<p>Al lado del viejo portón de entrada del Hotel, de madera oscura y compacta, hacia la esquina del muelle, había un bar desde el cual procedía el sonido en alto volumen, típico de las discusiones de gente bastante macerada ya por  la ingesta de espirituosos, sonando  todas a la vez, formando un coro  reconocible en cualquier ciudad del mundo, acariciando sus respectivas soledades más allá de lo gregarias de sus idiosincrasias.<span id="more-516"></span></p>
<div id="attachment_517" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/05/cachaça-variedad.jpg"><img class="size-full wp-image-517" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/05/cachaça-variedad.jpg" alt="" width="500" height="333" /></a><p class="wp-caption-text">Cachaza raidoctiva</p></div>
<p>Me asomé a la puerta iluminada y de donde además del bullicio y del vahído de cachaza salía de  una victrola una música alegre. Percibí el olor a algún tipo de fritura y me adentré en el local. &#8220;Los cuatro dientes que me quedan darán guerra&#8221;-pensaba.</p>
<p>La música  lejos de parecer atemperar los ánimos de las conversaciones las azuzaba, parecía exhortarlas a llegar a las más altas cotas de volumen.</p>
<p>Excepto por la variedad en los productos, me recordaba a los bares cubanos,  por lo animado de la charla y por el fenotipo de los parroquianos y sus ademanes.</p>
<p>Una vez acodado a la barra, pedí dos muslos de pollo y una coxinha, que es una especie de croqueta que se hace también a base de pollo, y que recién cocinada en un sitio menos grasiento que aquel, puede resultar incluso más que aceptable a un buen paladar.</p>
<div id="attachment_518" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/05/coxinha.jpeg"><img class="size-thumbnail wp-image-518" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/05/coxinha-150x150.jpeg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Coxinha de frango</p></div>
<p>Los acompañé con una coca cola fría. Debía ser el único tipo en ese bar y a varios metros a la redonda, que no estaba bebiendo cerveza o cachaza. Una semana antes me había propuesto no ingerir alcohol, al menos hasta que tuviese un alojamiento en condiciones y un trabajo como la gente, debía andar fresco y gastando mis mejores maneras, hasta que reuniese  los requisitos para poder vomitarme de nuevo los zapatos.</p>
<p>Había mujeres con medias negras y medio pecho al aire, arrimadas a los tipos de la barra que discutían entre sí, no participaban en las conversaciones de ellos pero sí en los sorbos a sus vasos.</p>
<p>El culo de la chica que acompañaba al morocho alto que estaba a mi lado, se pegó a mi cadera sin que yo lo procurase, aunque sin que me desviviese por evitarlo.  La chica que contaba con una cantidad de años imposible de intuir detrás de todas aquellas manos de pintura facial, me miró de reojo y sonrió.</p>
<p>El moreno la apartó con la mano y me echó una mirada desafiante, yo lo observaba con el rabo del ojo mientras comencé a levantarme de la banqueta atornillada al suelo, con la coxinha en la mano y un muslo de pollo en la boca.</p>
<p>_ ¿Que es lo que es?  Me preguntó en tono camorrero.</p>
<p>De inmediato y sin pensarlo, me levanté y salí de aquel antro, guardando  la exigua dignidad que fuese capaz de conservar en mi huida.</p>
<p>Llevaba el tiempo necesario en Brasil como para saber que en cualquier sitio que  se podía armar una pelea, se armaría.  Y podían intervenir puños, navajas, armas de fuego o todos a la vez.</p>
<p>Y aunque alguna vez habría podido fantasear con ser una especie de maestro de Shaolín y darle su merecido a todos los que se habían mofado de mi mientras había lector de aquellas revistas de héroes del puño, lo cierto es que no pasaba ya de ser un recuerdo difuso de un deseo intenso, ya que ciertamente no sentía el más mínimo apego por la temeridad o el heroísmo.</p>
<div id="attachment_519" class="wp-caption alignright" style="width: 240px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/05/patroruzú.jpeg"><img class="size-full wp-image-519" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/05/patroruzú.jpeg" alt="" width="230" height="164" /></a><p class="wp-caption-text">Patoruzú y Pampero galopando hacia el puerto de Santos</p></div>
<p>Antes de salir miré a los ojos de la chica y del borracho, sonreían, parecían estar festejando mi espantada con sus interlocutores. Los dejé con sus asuntos a tratar y me fui con mis cuatro dientes sanos y el estómago sensiblemente más aliviado a dar un paseo por esa parte de la ciudad.</p>
<p>No había muchos sitios más recomendables que ese para recalar en aquellas horas. El Hotel se encontraba en una parte de la ciudad que no era la elegida por las familias para salir de paseo.</p>
<p>Comí alguna cosa más en un bar retirado de las inmediaciones del dock,  donde pedir un refresco de guaraná o una coca cola se pareciese más a un acto cotidiano que a una afrenta. Luego regresé al hotel, al fin y al cabo no había dormido más que un rato, y no tenía demasiado sentido quedarme haciendo turismo por aquella barriada de clasicismo portuario.</p>
<p>En la entrada  había dos hombres discutiendo algo, estaban alterados, pero conservaban el tono de voz bajo, cuando pasé por su lado hicieron silencio y me observaron , les di las buenas noches y me dirigí al cuarto sin más escalas.</p>
<p>Joao estaba profundamente dormido, era demasiado temprano para un brasilero buscavidas, observé  su corte de pelo, la higiene de su ropa y tenía aspecto de llevar una vida ordenada,  tanto él como yo habíamos dejado <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2013/04/26/brasil-luminosa-y-sordida/">el equipaje tras las rejas de la recepción</a>, así que podíamos confiar en nuestras respectivas corazonadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Brasil, luminosa y sórdida</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Apr 2013 00:19:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Guevara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Granados]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
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		<description><![CDATA[_Hola- le dije al conserje en portugués- me dijeron que aquí se puede dormir por poco dinero. _ Depende- me dijo el hombre- de lo que usted considere poco. Me dijo que por medio dólar tendría una cama, que debía compartir con un compañero de cuarto. Acepté, y le dí dos dólares para cuatro días,... <a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/2013/04/26/brasil-luminosa-y-sordida/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>_Hola- le dije al conserje en portugués- me dijeron que aquí se puede dormir por poco dinero.</p>
<p>_ Depende- me dijo el hombre- de lo que usted considere poco.</p>
<p>Me dijo que por medio dólar tendría una cama, que debía compartir con un compañero de cuarto. Acepté, y le dí dos dólares para cuatro días, los tomó sin salir de dentro del cubículo enrejado en que estaba, y me indicó las escaleras que me llevaban a mis nuevos aposentos.</p>
<p>Mi habitación era un trozo de un cuarto mayor que había sido dividido en tres o cuatro espacios con tablones de aglomerado, de una forma que dejaba ver el escaso amaneramiento del  propietario.</p>
<p>Había dos literas con dos camas cada una, y un pasillo estrecho entre ambas, tuve suerte de que me tocara la parte de la habitación donde originalmente se encontraba la ventana.  las camas contaban con una sábana gastada pero limpia, y una almohada sin funda que sólo de verla me despertaba los alérgenos del asma.<span id="more-493"></span></p>
<div id="attachment_502" class="wp-caption aligncenter" style="width: 510px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/Puerto-de-Santos-en-Brasil.jpeg"><img class="size-full wp-image-502" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/Puerto-de-Santos-en-Brasil.jpeg" alt="" width="500" height="331" /></a><p class="wp-caption-text">Puerto de Santos</p></div>
<p>_Y ahí? – me dijo un hombre delgado de estatura baja, con pocos dientes y de mediana edad_ Joao, dijo cediéndome la mano.</p>
<p>_ Martín- le dije mientras presentí como escudriñaba mi humanidad con la mirada, tal como yo había  hecho poco antes con él.</p>
<p>Un joven de otro país, delgado, de estatura media, pelo oscuro largo hasta los hombros y de vestimenta llamativa, y con un extraño abrigo polar en su mano, un pequeño bolso al hombro, que no debe esconder mucho de valor, y un reloj que sí debería estar escondido-Debió haber pensado a su vez,  Joao.</p>
<p>Yo estaba cansado , había llegado a Santos a dedo, después de andar  dando vueltas entre Sao Paulo y Río de Janeiro, viajes en los que gasté todo el dinero que llevé a Brasil.</p>
<p>Me desplomé sobre la catrera, que en ese momento me sabía a gloria,  preguntándole antes al flamante compañero de habitación:</p>
<p>_ No irás a robarme mientras duermo no?. Joao sonrió y no entendí lo que me dijo a continuación, pero su semblante hablaba por él, era de fiar.</p>
<p>Me levanté unas horas más tarde con hambre, solo había comido una coxinha y una esfinha en la rodoviaria al llegar a Santos. Me quedaban unos dólares que llevaba cuidadosamente enrollados en los calzoncillos. Esto solucionaba dos asuntos: dado el estado higiénico de mis pantalones , cabría  suponerle demasiado valor a cualquier delincuente rastrero que decidiese probar suerte mientras dormía introduciendo sus dedos en semejante caja de sorpresas, y por otro  lado, mientras estaba en vigilia , le daba ese toque de aumento , que no se puede decir de manera categórica, que mi bulto lo precisara, pero el cual no le venía mal en absoluto, para poder pavonearme entre las garotas. Estaba bien reguardado frente a posibles decepciones, ese blue jean no me iría a permitir demasiados acercamientos. Años más tarde, a mi analista le resultó poco sugerente, la imagen de un pene envuelto en dólares, para lo que sea que fuese.</p>
<p>Había ido a Brasil unos tres meses atrás, sin saber bien donde dirigirme, pero con la intención de encontrar  un puerto importante donde parasen barcos de bandera noruega, panameña y de Liberia, que eran los que tomaban trabajadores para cubrir plazas sin requerir mucho más que un pasaporte en regla, y la promesa de que no se marearía en alta mar, requisitos hasta los que podía llegar.</p>
<p>Tenía metido en la cabeza a mi tío el héroe de las Américas, incluso hasta en aquel deseo, ya que una vez en el transcurso de una de sus aventuras él había intentado viajar sin abonar el monto del pasaje  en un barco,  hasta que el hambre lo obligó a presentarse en el puente de mando y admitir que iba de polizón. Peló un poco de papas pero cubrió su trayecto. Su amigo de la juventud, Alberto, me había contado como se las arreglaban con una balsa de armado amateur en medio de las corrientes del río.</p>
<div id="attachment_512" class="wp-caption aligncenter" style="width: 394px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/barquito-de-papel.jpg"><img class="size-full wp-image-512" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/barquito-de-papel.jpg" alt="" width="384" height="324" /></a><p class="wp-caption-text">Sin bandera</p></div>
<p>Lo cierto era que embarcar no se estaba llevando a cabo lo rápido que había supuesto, en honor a la verdad, aunque  seguía subiendo a la borda de los barcos mercantes para hablar con el capitán, lo cierto es que  ya m e estaba divirtiendo más  recorriendo Brasil, conociendo a su gente y quizás también un poco más a mí mismo, como es menester en un verdadero viaje.</p>
<p>Blandía el discurso de bajarme en Rotterdam una vez que me cansara de alta mar, pero la idea era difusa. Se me había ocurrido Holanda a raíz de una amiga que me habían hablado muy bien de la vida allí. Por eso llevaba un abrigo de pluma de ganso que en el sur argentino lo había puesto a prueba de un invierno severo.</p>
<p>Santos era la ciudad portuaria más importante de Brasil, y en los muelles brasileros por entonces, con solo presentar el pasaporte la guardia permitía entrar hasta los embarcaderos, a los que pretendían enrolarse.</p>
<div id="attachment_507" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a href="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/dolares-rollo.jpg"><img class="size-medium wp-image-507" src="http://blogs.infobae.com/adn-che-guevara/files/2013/04/dolares-rollo-300x207.jpg" alt="" width="300" height="207" /></a><p class="wp-caption-text">Dólares de buen rollito</p></div>
<p>Era de esperar que allí tuviese más suerte que en Río grande do Sul donde llegué a bordo de  un camión, que tomé en el mercado central de frutas, los camioneros argentinos entonces solían dar aventones para que les entretuviesen con historias y les cebaran el mate, siempre que uno se acreditara debidamente y presentara un aspecto, si bien no atildado, al menos poco temerario.  Subí a tres barcos en los cuales me trataron con cordialidad, y escucharon mis plegarias de dos años de sueldo y al cabo de ello descanso en  Rotterdam, con cervezas holandesas y pasto de coffee shops.</p>
<p>Así que cuando desperté en mi cuarto de hotel con los jugos gástricos pidiendome combustible,  aún estaba Joao en la habitación, tumbado en su cama, y todavía continuaba intacto en mi pantalón aquel preciado bulto.</p>
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