Los Diez Mandamientos y los 613 preceptos

#Cabala

Así como el judaísmo en particular tiene sinagogas, tres rezos diarios, festividades, ceremonias de casamiento específicas, Brit Milá (circuncisión) para los varones a los ocho días de nacidos, reglas de alimentación kosher, un rito de pasaje a la edad adulta (el Bar Mitzvá, que se celebra a los 13 años), textos (la Torá como principal), entre muchas otras leyes tradicionales, la “familia humana” cuenta con el concepto de civilización, con el respeto por el prójimo, con una serie de valores mayormente aceptados, con virtudes, con la capacidad de vivir amorosa y fraternalmente… Esto nos permitiría abrir el espectro: quien está dentro del mapa de la situación humana, cumple con los preceptos normativos de hacernos más humanos.

El judaísmo cuenta con 613 preceptos. Por eso, nunca falta quien se plantee para qué son necesarios tantos, si sería suficiente con el decálogo de principios contenido en los Diez Mandamientos. Para colmo, se trata de diez principios universales, que no sólo un judío debe cumplir, sino que cualquier persona de buena voluntad debería respetar. Esa diferencia entre diez y 613 radica en la necesidad de que todos los miembros de la colectividad, a lo largo de los años, debieron ir poniéndose de acuerdo en el imaginario colectivo para poder asegurar los mandamientos originales. Incluso, puede decirse que cada cultura y cada tradición fue proponiendo, de acuerdo con su singularidad, nuevas lecturas, que llegaron hasta nuestros días con nombres como “constitución”, “usos y costumbres”, “leyes”, “convenio”.

Lo cierto es que esta “familia humana” podría apoyarse en que “el precepto mínimo es el cumplimiento de los Diez Mandamientos”. Hasta podríamos eliminar los primeros, que son de base dogmática y que serían objetados por quienes —también en mi opinión, gracias a D-s— son agnósticos o ateos practicantes.

Con esto establecido, hacemos una segunda distinción: que hayamos logrado vivir como una comunidad normativa a partir de los Diez Mandamientos (y todos sus derivados) no nos habilita automáticamente a resolver nuestras búsquedas personales, individuales y existenciales. Dicho de otra manera: uno se conecta con lo trascendente, se realiza desde lo humano, pero no se puede salir del marco. Los mandamientos originales no se discuten, se aceptan y, sobre esta aceptación normativa, se discuten en las diferentes escuelas de interpretación.