¿Brasil decime qué se siente?

#EscritosDeLaVida

Es posible que corra riesgo.

Riesgo de quedar como un viejo cascarrabias que viene a ahogar la fiesta, a pedir que se baje el volumen y se termine de una vez por todas con los festejos.

Es cierto.

Pero vale la pena correr el riesgo cuando uno piensa que es necesario correrlo. Y si es para reflexionar y resolver conductas que terminan por afectarnos a todos, no tengo dudas.

Vale la pena correrlo.

Resulta al menos inquietante el ímpetu que existe entre muchos argentinos de cantar canciones en contra de los adversarios ocasionales. Particularmente es llamativa la alegría que suele provocar en muchos compatriotas gritar canciones contra Brasil.

A esta altura ya es conocida aquella canción que busca provocar al pueblo brasilero y avivar la peor de las rivalidades. La que incide en despertar en el oponente los sentimientos más negativos.

El enojo, la rabia, la venganza, la violencia…

Cada vez que los argentinos enfervorizados gritan “Brasil decime que se siente tener en casa a tu papá…”, ¿qué piensan que despertamos en la gente de Brasil?

Seguramente no los instamos desde ese cántico a construir una relación amistosa. ¿No?

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Es triste observar cómo la energía popular puede encausarse en forma negativa, en vez de conducirse de manera positiva.

Cada vez que se agrede al otro con una canción y se lo provoca, se trasluce cierta degradación de los valores. Y se despliega la maldad en vez de la bondad. Por supuesto, nada positivo se genera desde esa perspectiva. Por el contrario, se erosiona la posibilidad de construir una relación amistosa con los habitantes del país vecino.

Es de esperar luego que no seamos bien recibidos. Que en vez de vernos como hermanos nos vean como enemigos. Y que se comporten en consecuencia.

Nadie dice que seamos sátrapas por cantar esa canción y desahogar la alegría. En el fervor uno canta, grita y celebra como quiere o como puede. Quizás lo que sería bueno es que sepamos que los comportamientos tienen consecuencias, así somos responsables de elegir la realidad que vivimos y la que motivamos con nuestros actos.

Es cierto que mi mente puede estar vieja para estos tiempos. Pero tal vez no somos pocos los que creemos que desde la provocación y la ofensa no se construye nada positivo. Que repudiamos el agravio hacia Brasil o cualquier otro adversario, porque entendemos que nos degrada como argentinos y preferimos construir una relación sana y de hermandad con cualquier país rival.

En vez de sacar lo peor de nosotros y recibirnos de vivos, deberíamos honrar al país dejando traslucir los valores más virtuosos. Los que nos enseñaron nuestros abuelos.

El respeto por el otro. La fraternidad. La solidaridad. Y tantos otros.

Sería bueno que reflexionemos sobre las conductas que adoptamos y que sepamos que tienen sus consecuencias. Cantar en contra de los otros debería ser al menos una acción que merece replantearse.

¿Para qué incentivar la animosidad de otros países?

¿Por qué en vez de atestiguar la degradación de los valores, no creemos en la virtud del ser humano y obramos en consecuencia?

Si miramos para otro lado y nos dejamos llevar por la insana picardía, vamos a llegar al peor de los lugares. La realidad que construye la filosofía de la viveza criolla. Después, no nos quejemos.

La responsabilidad es de cada uno de nosotros. Asumámosla desde el lugar en el que estemos.

Sería bueno que veamos al otro como un compañero de la vida. Un sano adversario ocasional de una competencia deportiva. No es otra cosa. Mucho menos un enemigo.

En vez de cantar en contra de los otros, siempre es mejor cantar en favor de la Argentina.

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                                                               .                 Vamos Argentina!

tapa2 para faceEscritos de la Vida - Juan Valentini