¿Cómo avanzamos en la vida?

#EscritosDeLaVida

Debo decir, sin riesgo de equivocarme, que hay gente que avanza sin miramientos, gente que no avanza casi nunca y gente que avanza de manera reticente.

Es cierto que las clasificaciones son odiosas. O las comparaciones son odiosas.

Pero puede que esto sea así, que podamos arribar a esas percepciones y descubrir en cuál de ellas estamos alineados. Aunque es muy razonable pensar, que no estamos siempre alineados en una única perspectiva, sino que tal vez deambulamos de una a otra, lo cual impide o dificulta llegar a una definición cierta e irrebatible sobre el tema.

¿Y qué hacemos con esto?

avanzar

El tema es que pensarnos a nosotros mismos nos ayuda a comprendernos y consecuentemente a decidir si queremos ser como somos. O preferimos tomar cartas en el asunto y cambiar, según podamos y por supuesto estemos dispuestos a hacerlo. Porque todos queremos los cambios positivos, lo que no solemos aceptar con igual ímpetu son los precios, el esfuerzo, la incertidumbre y el empeño que hay que poner en el aprendizaje, para renunciar a ciertos rasgos que tenemos y asumir los que consideramos convenientes.

Convirtiéndonos de esa manera en un hombre nuevo, que renace de sí mismo.

Posibilidad, según mi humilde y tal vez equivocada opinión, más que beneficiosa para el ser humano.

¿Por qué?

Porque al no estar determinado, y tener en sus manos la posibilidad de inventarse, se crea a sí mismo. Y se hace cargo de quien quiera ser.

Aunque no le resulte fácil.

La otra alternativa de pensar que las cartas están echadas y no podemos hacer nada, si bien tiene sus beneficios, nos deja siempre en un lugar de debilidad y víctima que no contribuye a lograr resultados. Aunque sí es muy efectiva para sentir y experimentar el sentimiento de pobrecitos o de caramelitas descalzas, que indican al mundo externo como único responsable de los infortunios.

De los males e imposibilidades que nos aquejan. Y de los rasgos que hacen a quienes somos.

Porque nosotros, desde ese lugar, salvo a nivel verborrágico y quejosiástico, no podemos hacer nada. Y sentimos la comodidad de quedar subsumidos en la tranquilidad de la inacción, que reafirma nuestro mundo mientras que invalida la construcción de la nueva realidad.

Pero volviendo a la inquietud de turno, y sin ánimo de extenderme mucho más, creo que los avances determinados, los casi inactivos y los reticentes, tienen sus beneficios y también sus costos.

No sé cómo les irá a ustedes al respecto, en mi caso creo que estoy bastante afiliado al equipo de reticentes. Lógica que creo haber adoptado y que me permite continuar la marcha.

Dos pasos para adelante. Una pausa. Y quizás, debo confesarlo, uno para atrás.

Si no creyera que en la duda reside la inteligencia, jamás haría una pausa, ni un paso en reverso, y estaría en el equipo de la determinación.

Equipo que integran muchas personas que admiro. No porque sea una posición sabia ser determinado y dar siempre el paso para adelante, sino por la fortaleza que tienen para sobrellevar los problemas que la determinación les ocasiona.

El problema de los miembros de este equipo es que dan el paso como sea, aún cuando están equivocados. Van para adelante de igual manera.

Por ese detalle, no estoy en sus filas. Pero los observo.

Mientras tanto, creo que lo importante es que todos logremos avanzar.

Cada cual a su manera.

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