[Mucho] más allá de los datos abiertos

#GobiernoAbierto

“Las revoluciones no suceden cuando la sociedad adopta nuevas tecnologías, sino cuando se adoptan nuevos comportamientos”. (Clay Shirky)

Si pensamos que Gobierno Abierto tiene que ver sólo con abrir datos estamos errando y feo. El proceso de transformación por el que están pasando (intentando) muchísimas administraciones en el mundo (locales y nacionales) bajo el nombre de “políticas de Gobierno Abierto” tiene en su primera capa más visible el tema de los datos abiertos. Ustedes saben, rastrear la información que produce la administración pública y ofrecerla en un único punto bajo ciertas reglas oportunamente convenidas hace unos años por un grupo de expertos. Esencialmente, los datos deben poder ser leídos por una máquina y su uso debe ser libre.

Me ha pasado de discutir con muchísima gente que está escribiendo y analizando el fenómeno del Gobierno Abierto, tratando de definirlo. Creo que es un error pensar que una definición o una idea sobre este tema va a tener toda la verdad. Aplicarle lógica y teoría está bien pero siempre se debe partir de la base de que estamos hablando de un conjunto de ideas y prácticas mutantes, como la red misma. Incontenibles a medida que la tecnología avanza.

El autor norteamericano Donald Kettl utiliza una interesante analogía para explicar el viejo modelo del gobierno (actual en casi todo el mundo). Según Kettl el modelo es similar a una máquina expendedora. Ponemos dinero en la máquina y recibimos una serie de productos. En el caso de la administración pública el dinero serían los impuestos y los productos serían los servicios que el Gobierno brinda a los vecinos. Cuando no recibimos el servicio que esperamos nuestra participación se limita  a la protesta, (o bien a agitar la máquina). En este modelo, entonces, todos los productos de la máquina fueron diseñados por el gobierno. Unidireccionalmente hacia el consumidor. Gobierno 1.0

La alternativa superadora al modelo de la máquina expendedora viene también con una clara analogía a cargo de Eric Raymond en su libro “La Catedral y el Bazar”.  Raymond sugiere que el Gobierno debería pensarse como el administrador de una gran feria (o bazar) en el que los productos y servicios que se ofrecen vienen de una gran comunidad generando más opciones. El desafío está en lograr crear una plataforma facilitadora. El bazar y la máquina expendedora son plataformas, una abierta y la otra cerrada.

¿Se acuerdan la época en que las aplicaciones móviles que se bajaban al teléfono eran producidas exclusivamente por la empresa proveedora? Apple lo cambió todo cuando ofreció una plataforma (el App Store) en el que cualquiera podía desarrollar aplicaciones. Esto transformó el modelo de negocios y obligó a todas las empresas a generar plataformas similares.

Esta es la idea central que debería tener el gobierno, pensarse como una plataforma abierta capaz de desarrollar canales concretos de participación y colaboración ciudadana. No es algo fácil. El diseño de la administración pública no estuvo jamás pensado para esta época abierta y colaborativa.

El desafío real del Gobierno Abierto no es tecnológico, es comunitario. Se trata de generar dentro de la administración un cambio en la forma en que se diseñan las políticas públicas, y ese diseño deber ser colaborativo con la ciudadanía. Por mucho tiempo, el gobierno ha brindado servicios de muy baja calidad hacia el ciudadano, ha generado también grandes niveles de desconfianza. Los ciudadanos no van a correr a abrazar al gobierno porque se liberan datos. Hay que reconstruir colaborativamente esta confianza y dar señales claras y transparentes que motiven esa participación sobre hechos concretos. De otro modo estaremos perdiendo un gran oportunidad, como sociedad.