Mamá pulpo

#MamáPor2

Todos los días, en una de las tantas veces que arrastro mi cochecito doble cabina, alguien me frena y me hace la pregunta del millón: “¿Cómo haces con dos?”.

No si es la cara de cansada, las ojeras cada vez más difíciles de camuflar o realmente la gente cree que criar mellizos o gemelos es casi imposible.  Confieso que yo también al principio la vi negra y pensé que jamás iba a poder manejarlos.

Por suerte, la vida volvió a demostrarme que todo se aprende. Y,  cuando estaba convencida que no iba a dar abasto para satisfacer a dos almas tan necesitadas, caí en la cuenta que las multimadres somos algo así como mamás pulpo, con la habilidad de desplegar tantos brazos como sean necesarios.

Con altas dosis de paciencia e ingenio (y muchos brazos solidarios con ganas de colaborar), les aseguro se puede calmar dos llantos a la vez, hacerlos dormir, acurrucarlos en nuestro pecho, amamantarlos y darles las mamaderas al mismo tiempo.  Manos, codos, piernas, pies, cabeza, toda parte del cuerpo ayuda para maniobrar con nuestras duplas.

Además del esfuerzo físico y mental que implica tener dos niños a quien cuidar, alzar y jamás quitarles los ojos de encima, nos enfrentamos a diario con una tarea que, para mí, es todavía más difícil: la de repartir la atención y el cariño de la manera más equitativa. Saber abrazar al que más lo necesita y hacernos algún huequito en el día de exclusividad, para que ellos también sientan el privilegio de ser únicos.

¡Uf! ¡Grosa labor la de ser mamá de mellizos! Desde mi experiencia puedo decir que lo que tiene de difícil la crianza doble lo tiene de gratificante. ¿Hay acaso algo más lindo que cuatro ojos te miren con tanta admiración? ¿Dos inmensas sonrisas que te despiertan cada mañana? ¿Cuatro brazos que te abracen?

Si criar dos es dificilísimo, no me quiero imaginar lo que será tener trillizos, cuatrillizos o quintillizos. ¿Alguna con experiencia múltiple? ¿Cómo lo vive?