Francisco y el Sol del 25

#ProfetaEnSuTierra

Sorpresas. Sonrisas. Sobresaltos. Euforias. Solemnidad. Cordialidad. Filosofía. Fútbol. Teología y mate.

 

¿Qué hace a Francisco ser tan especial? 

Abstracción hecha de sus capacidades y sus bondades, sin duda es especial porque tiene un profundo sentido de respeto y de responsabilidad por quién él mismo es. Porque solo puede ser Francisco habiendo sido Jorge.

No es “un papa” a medida ni un cura con ideas de “velcro”. Lo que vemos de él a primera vista es a un connacional que siente orgullo de serlo.

Francisco es capaz de entrar en el corazón de todos los hombres porque está parado sobre su propio corazón. No le hace falta la asepsia de la neutralidad para ser admirado. No le hace falta perder su identidad para ser ecuménico.

Digo que, como hincha de Boca, lo respeto precisamente porque se me burla del 3 a 0 frente a 2.000.000.000 de fieles…

En este espacio, como queda dicho, no pretendemos hacer el recuento frívolo y pedante de sus argentinismos, sino tomarlo como una oportunidad de replantearnos nuestro propio orgullo.

¿Ha quedado algo en nosotros del orgullo de ser quienes somos ?

¿Hace falta dejar de ser argentino para ser un Hombre del Mundo? Acaso sea lo contrario y para entender el mundo resulte imprescindible haber entendido las razones del barrio y haberlas aceptado con amor.

¿Cómo ser un humanista sin ser íntimamente humano?

¿Cómo se puede, por ejemplo, ser Nacional y Popular avergonzándonos de nuestra Nación o borrando su historia?

No nos engañemos.

Algunas veces, detrás de las fachadas “istas”, se esconde una “globalización de entrecasa” que pretende extinguir los orgullos nacionales e instaurar la vergüenza racial e histórica. En este caso, de ser argentinos.

Pretender que todo lo pasado fue “peor” es negar la identidad, es fomentar el bochorno, es incinerar el campo que debemos cultivar. Es entronizar el odio. Es rechazar la redención.

Por ejemplo, festejar la fecha patria con artistas extranjeros, con símbolos transnacionales y compatriotas luciendo los colores de un país hermano, es institucionalizar el sentimiento de vergüenza por nuestra Nación y alienarse de nuestras responsabilidades. 

Claro, un pueblo nuevo, sin memoria, montado en una épica cotidiana y que se siente forzado a esconder un pasado que le dicen que fue reprochable, es mucho más dócil al momento de seguir falsos mesías.

En cambio, un pueblo que acepta el llamado de ser quién es sin renunciar a su memoria completa, es un pueblo sabio. Un pueblo de Verdad.

Reconocerse cara a cara con los horrores y maravillas del pasado y hacerlos propios, nos convierte en un pueblo maduro. No hacerlo, exonerarnos de ayer, nos hace un hato de habitantes irresponsables.

Aquí el desafío es la Verdad y la Verdad es, también, la suma de nuestros errores.

No nos engañemos.

Ser latinoamericano ha sido por un tiempo lamentablemente largo, estar condenados al subdesarrollo, al mono producto, a la incultura y al fanatismo espasmódico. Ahora, además, parece que para ser latinoamericano es imprescindible renunciar a ser argentino

Yo no creo que sea el caso. Lo primero que dice Francisco como Papa es autodefinirse como el papa del “fin del mundo”, sin renuncias, sin temores, sin pedanterías y sobre todo, sin culpas.

Cuando Francisco habla del respeto y del amor al otro, lo hace sin convertirse en el otro, sin renunciar a ser Francisco. Cuando nos advierte sobre los peligros de los caminos paralelos, lo hace desde el respeto por el camino del otro pero sobre todo reafirmando el propio. Cuando dice que para ser un buen cristiano hace falta ser un buen judío, lo dice como cristiano.

No, señores.

Latinoamérica también somos nosotros, los argentinos. Latinoamérica es también La Argentina, aunque le moleste a algunos argentinos. Hemos sido un faro y no podemos ahora resignarnos a ser la luz de stop.

Podemos y debemos ser latinoamericanos sin festejar este halloween caribeño.

Podemos y debemos ser latinoamericanos siendo nosotros.

Nadie le pediría a una chola que tome fernet con coca escuchando “Primavera Cero” ni a una garota que vista poncho de vicuña en el sambódromo para ser consideradas latinoamericanas.

¿Por qué, entonces, ahora resulta que para festejar el 25 de Mayo de mis hijos se organiza una kermés pluricultural (como si tal cosa existiera)?

¿Desde cuándo para ser diversos, tenemos que ser iguales?

¿Desde cuándo para ser argentinos hay que pedir visa en la UNASUR?

Si Francisco y su solvente argentinidad no nos despierta, difícilmente podamos levantarnos y andar.