La Unión

#ProfetaEnSuTierra

Durante esta semana no supe que escribir, porque si bien #ProfetaEnSuTierra tiene la declarada intención de “espejar” los valores, las actitudes, los gestos y la doctrina de Francisco sobre la realidad política nacional, esta vez me costaba hacerlo sin rebajar a lo coyuntural de las elecciones del 27 cualquier tema referido a S.S.

Y honestamente no quería, porque la finalidad es elevar la coyuntura y no allanar lo trascendente. ¿No?

Y así fue hasta que vi, temprano esta mañana, la nota en Infobae sobre una foto del entonces Cardenal Bergoglio, en la que se lo aprecia reclinado sobre el hombro de un joven en actitud de humilde comunión. La nota es muy clara y la recomiendo para los detalles.

 

0010287621

 

La foto es del 2006 y muestra un instante de alta espiritualidad del encuentro ecuménico realizado en junio de ese año en el Luna Park. Un encuentro de oración conjunta de católicos y evangélicos.

Al verla, recordé viejos conceptos de Ricardo Balbín con los que él diferenciaba la “Unidad” de la “Unión”, diciendo que la “Unidad” es una sola cosa sin matices y pura en sí misma, mientras que la “Unión” es la suma de partes diferentes que se asocian en solidaridad y cooperación, desde sus diferencias, en busca de sus objetivos comunes.

Ya que estamos, pienso también en Perón y en aquello de: “Bueno, hay un 25 por ciento de radicales, un 20 por ciento de conservadores, un 15 por ciento de socialistas, un 10 por ciento de comunistas….¿Y los peronistas? Peronistas son todos”. Porque claro, más allá de la picardía de Perón, entiendo que él hablaba de la inevitable “Unión” de diversidades cuando ellas piensan en postulados incontestables y superiores, como la Justicia Social.

Desde esa base pienso en el permanente trabajo que ha hecho y sigue haciendo el Santo Padre hacia la “Unión”, y veo claramente que ese trabajo requiere virtudes especiales.

En primer lugar, para “unir” es necesario tener conciencia de que la Humanidad no es un bloque granítico, globalizado y uniforme, sino la suma de hermanos, todos libres por dignidad y esencia.

Para pensar en “Unión” es imprescindible reconocer lo distinto y respetarlo no como un igual, sino como un semejante diferente. Para pensar en “Unión” hace falta, sorprendentemente, mantenerse firme en las propias creencias con orgullo y aceptar el trabajo en conjunto con el orgullo ajeno.

De lo contrario no sería “Unión” sino sumisión. Se debe alentar el orgullo para afianzar el respeto.

También para la “Unión” se debe tener una alta visión del Hombre y su destino. Una idea que no puede tener otra finalidad que la felicidad del Hombre Íntegro, cada uno con sus miserias pero sobre todo, haciendo hincapié en lo sublime y trascendente. Sin esa visión superior, nos empantanamos en individualidades.

Ahí está como testigo del trabajo de S.S. y su monumental coherencia, el libro Sobre la Tierra y el Cielo, con las charlas entre Bergoglio y Skorka que, más importantes que un diálogo interreligioso, a mí ver son eso, charlas humanas sin pretensiones de hegemonía en busca de los anhelos en común.

En la misma línea inscribo los hechos históricos que genera Francisco con su trabajo hacia la “Unión”. Por ejemplo, la presencia del Patriarca de Constantinopla durante su entronización, hecho inédito en casi un milenio.

 

pope-francis

 

Volviendo a la foto que me llevó a ver el panorama completo de la valentía de Francisco, vale destacar que Bergoglio sufrió críticas desde diversos sectores por “atreverse” a orar junto a evangélicos.

Y si, ciertamente es un “escándalo” pero claro, ¿qué otra cosa más que “escándalos” se puede esperar  de un cura con la hombría suficiente como para abrazar a un joven evangélico siendo el Cardenal Primado de Buenos Aires?

La ternura que nos llega desde esa foto me pone a reflexionar en el gran coraje que hace falta para andar por la vida con el corazón abierto a los demás. Pienso en los “atributos” que son requeridos para animarse a trabajar por la “Unión” cuando eso se hace sobre la base de una humildad no fingida, sino que nace desde la Verdad.

En cierto modo me preocupa. Me llena de ansiedades porque a Francisco lo creo capaz de cualquier gesto, con total prescindencia de convencionalismos o de su propia seguridad, con tal de que lo dejen seguir trabajando para que se comprenda que la felicidad de todos los hombres es un mandato divino. Me asusta de algún modo imaginarlo haciendo uso de su valentía en un apostolado que no reconoce fronteras, y que siempre ve en el otro a un hermano, a otro pecador.

No puede ser de otra forma.

Cuando uno comprende que el paso previo para amar al otro lo suficiente como para trabajar por la felicidad de ambos es conocerse, respetarse y sentir auténtico orgullo por ser lo que uno es, el camino se nivela y todo se aviene hacia la “Unión”. Esa en la que nos peleamos a las patadas con el otro, para que el otro sea tan feliz como uno mismo.

El camino de Francisco está lleno de ejemplos. Con sus inevitables idas y vueltas, rectificaciones, contradicciones y dudas, si se lo ve en perspectiva se aprecia que su Norte es siempre el mismo porque su fe ilumina su razón. Tiene una concepción esencial del Hombre y sobre ella avanza. Cambiarán los modos. Se adecuará a las circunstancias. Pero el avance de su labor no se detiene porque no se detiene su oración. Ora et labora. Íntimamente creo que S.S. se le anima al Mundo porque está aplomado en su humildad. Él sabe cierto su camino porque lo camina, no lo declama.

Hace falta mucho temple para animarse a la ternura desde el poder. De ese valor y esa ternura surgen siempre las uniones puras, fuertes, articuladas, respetuosas y trascendentales.

La “Unión”. La “Unidad”. Casi lo mismo que decir el consenso o la hegemonía.

Finalmente, siempre se ha tratado de eso. La historia de los hombres y de las naciones se ha movido buscando esa “Unión” entre quienes miran el futuro, en tensión y conflicto con quienes reaccionan para impedirla porque están cómodos en su presente individual, en su “Unidad”.

Nos falta sustancia y ya soy reiterativo señalándolo. Vaya uno a saber en qué saco perdido de nuestras trifulcas de machos argentinos nos olvidamos que el coraje es hacerle frente al filo con la carne, y no conseguir un filo mejor. “Lo que mi cuero no aguante, hasta el hueso se ha de hundir” recita José Larralde en algún lado, y es metáfora de coherencia y mandato de acción.

En el silencio de una foto, apreciamos el silencioso trabajo de coherencias que va desde Bergoglio hasta Francisco. No solo predicando la “Unión”, sino uniendo en el camino y mientras tanto.

Ora et Labora, otra vez.

Hay tantas fotos últimamente, que fue una alegría poder escribir sobre una que transmite trascendencia y no coyuntura.