La devaluación de las mamis

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¿Por qué será que la palabra mamis está tan devaluada? Porque ma es simpático y cotidiano. Mamá todavía es respetable y madre tiene un estatus superior.

Pero cuando alguien dice mamis hay que persignarse y parar la antena. Son las mamis del jardín y las mamis del pediatra. Las mamis de la notita que anuncia, con todo cariño, que los chicos tienen prohibido hacer algo, se portaron de mil demonios o tienen que llevar 500 pesos para materiales.

¿No son acaso esas mamis del reto encubierto o aquellas que un fin de semana están 100% disponibles para hacer un dinosaurio con los restos de un rollo de cocina (#TrueStory)? ¿Las mamis del cuaderno de comunicaciones del jardincito? ¿Las del consejo condescendiente disfrazado de buena voluntad?

Quizá es porque es lunes y una ve la vida con ojos de lunes. Pero vendría siendo hora de que a las mamis nos asciendan de categoría y empecemos a jugar en la A. ¿No les parece?

Los comerciales de pañales nos arruinan la vida

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Si sos mamá primeriza probablemente tu referencia al sueño infantil más cercana sea una publicidad de pañales. ¡Noches felices!, ¡12 horas de sueño sequito!, ¡Mañanas con más sonrisas! y otros tantos eslóganes diviiiiinos que se cuelan en nuestros cerebros durante años sin que lo notemos.

¿Y qué pasa cuando tenemos al bebé real en nuestros brazos? ¿Qué pasa cuando ese bebé real no se parece en nada al bebé sonriente de los pañales? ¿¿¿A quién denunciamos esta tremenda estafa??? Porque el bebé publicitario duerme SOLITO en su cuna, nada más y nada menos que 12 horas (Dios me libre, ¿¡12 horas!?), y se despierta a pura risa.

Pero cualquier parecido con la realidad es pura… CASUALIDAD.

Los bebés reales quieren brazos, se despiertan, lloran. Padecen el famoso “síndrome de la cuna con pinchos” (una forma elegante de decir que no quieren ver ni en figurita a la famosa cuna). La mayoría no quiere dormir solo.

Y esto desnuda lo poco que sabemos de los ciclos de sueño y de las necesidades de un recién nacido. De sus tiempos (o falta de ellos). Es más común oír fábulas de todo tipo que la verdad. La verdad que nadie dice. Que los bebés tienen un sueño muy diferente al nuestro. Y que eso es agotador. Pero la falsa creencia de que esto es un problema nos lleva a sentirnos inadecuadas, a sufrir más de la cuenta y a probar métodos de adiestramiento innecesarios y muchas veces contraproducentes.

Los bebés tienen etapas, y no todas son iguales. Algunos duermen muy mal al comienzo y mejor después. Algunos se despiertan 1 vez y otros 10. Otros empiezan a dormir entrecortado a partir de los 8 meses o más.

Lo que es seguro es que siempre que llovió paró. ¡Y qué alivio es volver a dormir toda la noche! Les aseguro que una recupera la cordura, la compostura y hasta esa neurona que creíamos perdida.

Por lo pronto yo le digo a los señores publicistas: sus comerciales de pañales no aportan a nuestra salud mental maternal :D

¡Buen viernes para todas!

El mito de la madre abnegada

Foto: Kambrosis

Foto: Kambrosis

Hay en el inconsciente colectivo una imagen de madre mártir que todo lo puede. Una superheroína de la que suelo escribir, que se sacrifica por sus hijos al punto de perder su identidad en el camino. ¿Pero dónde está escrito que la maternidad tiene que ser un sacrificio? Como dice la psicóloga Dorothy Corkille Briggs, “vivir con sacrificio no es lo mismo que vivir con amor“.

Por supuesto no hablo de volver ser las mismas mujeres que fuimos antes de ser madres. Claramente no. Todas cambiamos y eso es lo fantástico de la vida. Lo que me entristece es seguir encontrando madres excelentes que sienten culpa por no ser lo suficientemente… ¿buenas?

Mujeres admirables. Diferentes, imperfectas y geniales. Que siempre están presentes de algún modo para sus hijos. Mujeres que, con sus particularidades, me enseñan algo distinto cada una. Y quiero que dejen de sentirse culpables. Por lo que les falta o les sobra. Por el tiempo que nunca rinde. Por sus reacciones y desbordes. Por sus elecciones, que jamás serán ideales.

Sobre este tema Irati Fernández Pujana dijo, en una entrevista reciente, lo siguiente: “El modelo de maternidad que tenemos ahora se basa en el ideal que se ha ido construyendo en los dos últimos siglos, el de la “buena madre” (…) Esta ideología de maternidad genera profundos sentimientos de culpa en todas aquellas madres que no logran cumplir con las expectativas, y también culpabiliza a aquéllas que no sienten como propio ese modelo y desean hacer las cosas de otra manera.”

Entonces, a todas estas madres geniales e imperfectas quiero decirles dos cosas. Primero, podemos #SerMadres desde otra lógica, quebrando ese estereotipo de madre abnegada para siempre. Y, segundo, y seguramente más personal pero igual de importante, gracias por enriquecer mi mirada sobre la maternidad.

Super Mamá VS Madres Reales

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¿Cuántas mamás cansadas ven a lo largo de su día? Haciendo malabares para conciliar el trabajo con la vida familiar, corriendo para cumplir un esquema de horarios digno de un conferencista internacional, pensando en que hay que festejar de nuevo un cumpleaños (dios mío), o comer más sano (nota mental: los chicos hoy comieron 15 alfajores, intentemos cenar algo digno), cargando mochilas de Hello Kitty con rueditas, rogando que la escuela no haga paro o la abuela de turno no se enferme (porque en ese caso ya con malabares no alcanza y habrá que inventar algo nuevo).

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#MadresPerfectas en la publicidad

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En las revistas y en la tele. Ahí están: las #MadresPerfectas de la publicidad. Acunan a bebés rozagantes, vestidos de impoluto blanco, gorditos y sonrientes. No hay bebés flacos, bebés sucios, bebés llorando. Todos los niños sonríen y son una dulzura. Y todas las mamás son jóvenes y flacas, claro.

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¡Abajo las #MadresPerfectas!

Foto: Digital Spy

Foto: Digital Spy

Las escuchás en el súper, en el colectivo, en el pediatra. Son las famosas #MadresPerfectas. Gustan mucho de la comparación. “Juancito a los 11 meses ya caminaba perfecto, ¿Santi todavía nada?” -te dicen con falsa preocupación, regodeándose por dentro. Claro -pensás- aprendió a caminar para escaparse de vos.

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