“Navegar juntos”

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Hay historias que comienzan pero que no terminan, o simplemente se esfuman como el aire, como si una ráfaga de viento soplara en demasía pero sin dejar consecuencias.
Este texto me llego mientras viajaba de una persona que cruce por casualidad en una plaza, y de la cual me enamore a primera vista, sin tener continuación. Nos habíamos reunido con mi profesora de yoga a meditar. Ni bien llegue a la ronda, la cual ya había comenzado, mis ojos se posaron en los de un hombre de pelo oscuro. ¿Quien seria? me preguntaba mientras cerraba los ojos y encontraba la posición. La meditación termino y sin dudarlo fui a acercarme al morocho que me había captado y descubro que era arte del destino que estuviera allí ya que solo había ido con su amigo a hacer tiempo a la plaza para volver a su ciudad y mi profesora los invito a la clase. Pero por más conversación y tiempo que transcurrí a su lado, él se mantuvo distante. Lo increíble era que mientras les contaba a mis amigos que me había enamorado, ellos me preguntaban: ¿y a él que le pasó? Y yo no podía saberlo, pero tampoco me importaba en ese momento, porque lo que me parecía maravilloso es el sentimiento que una persona puede despertar en uno. Como alguien puede hacerte creer de nuevo en el amor, sin hacer nada especial. La ilusión es mágica. Y sin pensar en un futuro porque vivía en otra ciudad, por unas horas me hizo volar en una nave espacial a otro paraíso. No hubo ni un beso, solo un abrazo y una tarde compartida sentados en el parque hablando de viajes y de vida. Pero con esa sensación de que la otra persona no es igual que las demás, que tiene algo que lo hace especial y que el cuerpo registra y que los ojos se encantan e iluminan. Le di mi teléfono – aún sintiendo que tenia novia-y nada paso en las primeras semanas, por lo cual fue archivado el recuerdo, aunque yo me sentía feliz de haberlo conocido y de haber pasado ese domingo a su lado

Meses pasaron y mientras me encontraba de viaje recibo este texto escrito por esa persona que pensé que no me había percibido sobre lo que sucedió como si lo hubiera escrito yo, y me parece un regalo lindo para compartirlo. La historia no prospero, y no hubo encuentro pero si hubo historia, porque gracias a él me di cuenta de lo que yo quería y de lo que estaba dispuesta a apostar. Lo bueno es ver que tanto hombres como mujeres podemos escribir poesía en el aire cuando alguien nos conecta.

“Ya hacia unos días que alguien me escribía. Me parecía que podía ser uno más de los que se equivocan de celular y buscan a un tal Martin, o a un Pablo. O simplemente otra chica que cayó en un número inventado después de una noche de mal sexo. Pero venia insistiendo, y no lo hacia con desesperación, sino perseverancia y suavidad. Como sabiendo que tenia que esperar un momento puntual, con la suavidad de que una orca maniobra sus toneladas para tomar con sus dientes un bebe de lobo marino en la costa. Tampoco era desinterés, simplemente la paciencia que tiene el que sabe más que otro. Y a mi ya me intrigaba, no porque esperaba algo, pero venia viajando con mis sentidos muy abiertos, como siempre en los momentos que uno viaja, donde el arroz que se tira en una boda se convierte en miles de pequeñas nubes volando para que en vez de nublar un cielo, colmen un momento. Donde un simple tramite se transforma en una enseñanza y una caricia o contacto humano, se vuelve no solo imprescindible, sino que anecdótico y fugaz. Siempre en estos momentos me gustaba tener un cable a tierra, no para atarme, sino para descargar, y sentía que este número podía ser uno, podía ser algo que me hundiese a un deseo, pero no tenia claro que podía ser.
Seguía con mis días, y no perdía oportunidad para responder, aunque breve, amablemente.
Si ese día me preguntabas, estaba feliz. Había despertado en Auckland, nunca fue mi sueño esa ciudad, pero si un viaje que la incluya. Y ese era un día de felicidad. Donde me levante y me fui al baño, me vi en el espejo y me lave la cara. Mis pensamientos como todas las mañanas volaban, entonces me quise regalar unos minutos mas esa mañana, cuando lo se, soy tan perceptiva. Con gotas en la cara me dije, hoy me quiero mirar, no ver. No por rutinarios, fueron aburridas las siguientes acciones, desayunar, una larga caminata hasta llegar al museo. Creo que eso es lo que me gusta del viaje, pensar que cada minuto es diferente a lo diferente, y casi sin esfuerzo más que el estar alerta, ser yo.
El museo era museo. Yo caminaba sin rumbo mirando en los vidrios como mi pollera se movía. No era un día frío, pero el aire lo sentía subir por mis piernas. Ya me había divertido al ver como los dos hombres de seguridad me miraban mi rumbo incierto, y como disimularon cuando les pregunte por wifi. En días como esos, me gusta pensar que el mundo es un juego, donde gana el más pícaro, y yo iba bien posicionada.
Cuando conecte el teléfono me llego otro mensaje, del que me venia mandando. Con tiempo para responder me pongo a hablar. No fueron muchas las palabras para entender quien era. Para describirlo necesito imágenes, porque palabras no serian suficientes, no por escasas sino por explicitas o por poder ser malinterpretadas. Lo había visto deambulando por buenos aires, sin rumbo, pero con ganas. Era un pequeño deseo incumplido. Era un recuerdo de una excitación instantánea, irreprimible e insatisfecha. Era lo que necesitaba en ese momento, una pequeña descarga de adrenalina a un punto nebuloso. Decidí dedicarme unos minutos a colorear una historia que ya casi carecía de bordes claros, y vi que me sobraba material para hacerlo. Cruzo las piernas, miro el gris del museo adelante mío, y me sumerjo en un mundo de caracteres y demoras, un mundo atemporal que estaba dispuesta a disfrutar. No tardamos mucho en sorprendernos mutuamente, por la memoria de nuestro encuentro, por el deseo de un futuro, y por la casualidad de estar los dos con ganas de lo mismo, vivir.”

Esto es un resumen que me escribió él, después de 3 horas hablando en un museo a 200000 Km. de distancia pero con esa sensación de estar cerca. Fue un gran compañero durante muchos días de mi viaje. A veces tan solo hay que esperar el exacto momento para que dos personas se encuentren. La historia no funciono, pero hoy sentí esta necesidad de compartir ese texto que me parece tan bello. ¿Porque estamos todo el tiempo esperando ver que le pasa al otro?, ¿que hace el otro?, en vez de ser leales con nuestros sentimientos, con lo que nos pasa a nosotros con el otro. Especulamos con nosotros mismos para abrirnos o no en pos de lo que hace o deja de hacer, pero a veces simplemente sin hacer nada el otro despierta en nosotros cierta fascinación que no acontece con todo el resto y que a veces simplemente nos refleja algo nuestro a descubrir, abrazar y entender, sin mas vueltas que eso.Y creamos historias sin saber realmente lo que le pasa al otro porque muchas veces no sabemos lo que sucede, en que situación se encuentra, y necesitamos tiempo para que las cosas comiencen a entenderse. Mi percepción no había sido errónea porque ni bien empezamos a hablar por teléfono me confeso que tenia novia cuando nos conocimos y por eso no había sido correspondida y mi numero lo había guardado hasta tener una oportunidad, pero claramente al estar de viaje ni percibía un teléfono con otra característica así que no le contestaba. Y cuando lo hice, porque me insistía, termine encontrando una historia maravillosa sin ni siquiera saberla. No volvimos a encontrarnos para ver que sucedió pero hoy lo recuerdo y le agradezco su presencia ausencia en mi vida, porque a veces simplemente el otro nos espeja y nos muestra lo que si estamos buscando o queriendo para nosotros mismos y que a pesar de que no hubo ni un beso, sonrió al pensar en ese día del museo en donde la esperanza de navegar juntos apareció como un nuevo amanecer y donde recibí una historia de regalo escrita por él que es poesía para mi alma y como el viento fluye al ser compartida.

Viajamos… Auckland- NZ

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Llegue a Auckland con la sensación de que me encontraba en Irlanda. Era una sensación de un lugar conocido y a diferencia de lo que pensaba que iba a parecerse a Sídney me encontré con una ciudad completamente diferente, con otras raíces. Raíces milenarias reflejadas en sus árboles y en la presencia constante de su cultura maorí que con orgullo se muestra por todos partes. The sky tower te sigue, como si todos los puntos confluyeran a su encuentro. No importa cuán lejos te escapes en algún vértice la veras como si pudiera divisar tu encuentro con ella: el ojo que todo lo mira. Es como la brújula que te indica siempre a donde estas. Los veleros navegan a lo lejos entre islas y volcanes que se intercalan y el puente de auckland permanece firme sin estruendos. Las flores de colores se desparraman por la ciudad entre arboles gigantes y casas de arquitectura inglesa, blancas con techos azules. The queen street será tu paso continuo entre tiendas comerciales y de suvenires donde la hoja plateada la veras una y otra vez. Auckland es una ciudad tranquila en donde la modernidad convive con su pasado las playas cercanas a la ciudad divisan el volcán de tierra negra. El mt Eden te sorprende a su encuentro por la maravillosa vista de la ciudad con el sky tower incluido, ya que desde la misma por más visibilidad que te permite le hace falta algo: su figura presente que la convierte en símbolo. El museo de auckland es un imperdible no solo por encontrarse dentro de un parque con árboles milenarios casi sacados de un libro de cuentos de hadas y de sus maravillosos jardines cuidados y de sus laberinticos pasillos que te llevan al encuentro de otros caminos o de fuentes o estatuas, sino por la cultura maorí que alberga. Mascaras que te miran como si fueran reales. Los ojos brillan al ser hechos de nácar. Mascaras de detalles y de expresiones reales te cautivan haciéndote viajar a rituales donde el ser humano es el centro del universo rodeado de animales, donde el amor y el encuentro es parte de lo cotidiano, reduciendo lo simple a lo complejo. En la ciudad no hay que dejar de visitar el Albert park, el civic teatro y la marina en donde lo nuevo y reciclado te sorprende en todo su recorrido. Auckland no te fascina pero te da la bienvenida a una ciudad en donde definitivamente podes vivir muy bien a pesar de su clima cambiante.

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LOS ARBOLES

Los arboles en NZ esconden secretos, los miras y te envuelven con sus ramas y su gran presencia. Los arboles en NZ guardan historias milenarias casi como si hubiera tesoros escondidos en sus raíces por cómo se paran. Los arboles en NZ te sacan suspiros al verlos porque podes sentir tu insignificancia en la madre naturaleza. Los arboles en NZ parecen de cuentos de hadas, hay chicos grandes rebuscados y altos, hay con flores y hay perennes casi como los seres humanos. Los arboles en NZ te resguardan, te alientan, te abrazan silenciosamente sin darte cuenta. Los arboles te hablan si quieres escucharlos, siéntelos.

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PODRIA…

Podría crear miles de historias en Nueva Zelanda porque los arboles cambian a cada paso abriendo puertas de tu imaginación a lo desconocido de tu alma. La variedad es tanta que es una biblioteca andante. Parece que todo estuviera virgen todavía para ser contado, dispuesto a florecer, a descubrirse, como si hilos invisibles fueran abriendo velos y las arañas fueran tejiendo las historias como telarañas. Podría crear miles de historias de fantasía como de terror de amor y de perdón porque cada piedra me susurra al oído y el agua tintinea, la tierra se abre, las flores crecen salvajemente y los volcanes y cataratas te sorprenden a tu paso. Mientras los personajes de fantasía te parecen reales y la magia es una palabra común para describir lo que pasa. Podría crear miles de historias porque nada parece lo que es y porque todo es posible tan solo basta descubrirlo para entenderlo entonces mi creatividad encuentra en los detalles material para armar y jugar. La naturaleza avanza todavía sin que el humano pueda frenarla y las ciudades molestan sin querer encontrarlas. Hay vacios que encuentran caminos y puntos que se convierten en comas. Podría crear miles de historias tal vez porque la que tenía que suceder todavía no aconteció entonces todavía es suspiro, es vuelo, es recuerdo de una mirada que todavía no encontró la rama para apoyarse pero que ha florecido en el tiempo como las hojas de un libro que se ha empezado a escribir sin saberlo.

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MILFORD SOUNDS

Y a veces tiene que llover y uno piensa porque tengo tan mala suerte, justo en Milford Sounds, pero de pronto lo que pensaste que era malo se convierte en maravilloso. Miles de cataratas como notas musicales comienzan a correr por las montanas entre montes de espesa vegetación de verdes variados y dejos de nieves eternas de glaciares de la antigüedad formando una melodía inolvidable. Y el paisaje se convierte en una reliquia en un pasadizo mágico a otro tiempo. El agua corre, fluye, tintinea por las montanas provocando surcos plateados. La niebla se cuela entre las montanas como si fuera algodón de azúcar y las decorara y tus ojos se abren para atrapar tanta belleza. Solo suspiros hay en el aire porque el sonido está completamente captado por la magnificencia de las montañas que te hacen creer que existe un cielo y seria de tal forma. Hay lugares que tienen que llover para ser más bellos.

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