Dios le da vino, al que no tiene copas

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Vivimos en un país productor; históricamente de los más importantes del mundo. Y más allá de la inflación y del poder adquisitivo de cada uno, siempre hay opciones al alcance de la mano y para todos los bolsillos. Algo que no ocurre; por ejemplo; en Colombia donde pagan hasta 5 veces el valor local de una botella de vino argentino.

Si a esto le sumamos que los últimos 15 años fueron los mejores de la industria, revolución tras revolución. Bodegas nuevas, variedades nuevas, terruños nuevos y personajes nuevos, todo derivó en una avalancha de etiquetas para disfrutar.

Sin embargo, el consumo sigue cayendo. Y no se trata de volver a los índices de los 80´ y sus 90 l per cápita anuales, sino de encontrar un equilibrio. Hoy somos más, y producimos más vinos de mejor calidad. Pero ¿por qué no los disfrutamos como se merecen?, ¿qué nos pasa?

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Obviamente la coyuntura manda, pero no puede dominar nuestras vidas ni costumbres. Mucho menos las sanas. Y disfrutar del vino a diario es sano.

Claro que para muchos, poner una botella de vino actual en la mesa puede parecer sofisticado o complicado. Error. De interpretación, pero también de las bodegas y, por qué no, de los comunicadores.

El vino puede ser simple y también complejo, puede ser atractivo al primer sorbo o interesante a la segunda copa, gozar de un buen ataque o expresarse en su persistencia final. Pero hay algo que es común a todos y es el placer que brinda en la mesa. Ese placer era respetado en otros tiempos, a tal punto que nadie dudaba a la hora de la comida que la botella de vino (o damajuana en función a los comensales) tenía que ser parte de la movida. Y lo mejor de todo que el vino se tomaba, sólo, con hielo, con soda, como sea. Pero se tomaba y formaba parte de esa comunión diaria que es la mesa.

Hoy son menos las veces que nos juntamos; pero así y todo, las veces que llevamos un vino a la mesa son cada vez más escasas.

Los buenos vinos valen lo que cuesta, y para muchos hay opciones más caras que accesibles. Pero nuestra diversidad propone alternativas para todos.

Si no somos nosotros los que le devolvamos al vino argentino la nobleza, si no somos nosotros los que volvamos a sentir orgullo, si no somos nosotros los que lo invitemos a formar parte de nuestra familia otra vez, quién lo hará.

La cosa está brava, al menos eso es lo que respira la industria; la más importante de las economías regionales de Cuyo, de la que dependen casi medio millón de familias, cosecha tras cosecha.

Qué esperamos para volver a brindar todos los días por el sólo hecho de estar en familia, felices y saludables. Si nosotros no le hacemos el honor, no es que va a venir otro y se lo va a llevar. Simplemente, vamos a dejar de tenerlo.

Volvamos a llevar las copas y los vasos a la mesa y demostrémosle a todos (incluyendo al de arriba) cuánto disfrutamos de nuestros vinos. Y seguro que así, este momento va a pasar y todos vamos a poder brindar como merecemos.

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Brascó, el vino te extraña

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Fotografías: Silvio Zuccheri para Anuario de los Vinos Argentinos

Hola Miguel, estoy seguro que desde allá todo se ve más claro. Hace un año te fuiste, y por suerte nos dejaste mucho a los amantes del vino. Tus enseñanzas, tus experiencias, tu sentido del humor al servicio de la buena vida, tu pasión por la mesa cotidiana, y tantas cosas más.

No ha habido muchas novedades últimamente. Como sabes el origen de los vinos empieza a ser más protagonista que las variedades, aunque falte mucho para poder detectarlo en las copas. Empezamos a andar ese camino de ida y que a la larga consagrará sólo a los grandes vinos, y para siempre. Siguen apareciendo vinos nuevos en el mercado, de esos que te llamaban la atención y que criticabas antes de descorchar la botella, ya fuera por su etiqueta o por su marca. Ah, tengo un programa nuevo de TV en el Canal de la Ciudad; se llama Lado V. No es como Dos de Copas, pero gusta y entretiene bastante.

Te cuento que la pasión de los consumidores crece, pero es muy difícil mantener el ritmo de los impulsos debido a la situación económica. Los precios de los vinos aumentan, y con ellos las ganas de tomarlos. Pero son más las veces que hay que quedarse con las ganas de las veces que podemos darnos un el gustito. Es decir, que no cambió mucho la cosa. Pero se empieza a notar el fastidio de los productores y muchos bodegueros. No les dan los números. Y encima todo confluye para que volvamos a tomar los vinos más económicos, en lugar de seguir afilando el paladar y disfrutar más a menudo vinos con más pretensiones. Un lástima porque veníamos bien. Te fuiste vos y al parecer se armó. Las bodegas han perdido espacios en mercados de exportación, luego de haber invertido años en ganarlos, simplemente porque no pueden mandar vinos a pérdida. Entonces vas al supermercado y las góndolas rebalsan de vinos y de ofertas. Pero no son suficientes, porque los súper chinos cada vez venden más, por sus precios “cuidados”. Te salvaste, hoy las señoras en la cola de la caja del súper te volverían loco. Por otra parte, es notable como los vinos empiezan a ser como vos querías que fueran; más tomables. Y te hablo de las grandes, de los importantes. Es cierto que muchos de ellos son incomprables para la mayoría silenciosa que tanto te seguía. Pero cuando podes probarlos te das cuenta que ya no pesan en boca, que sus taninos son finos y que fluyen en la boca. Quizás las frescuras actuales de los vinos te molestarían un poco, pero no hay dudas que son vinos mucho más drinkables y por ende para disfrutar en la mesa como vos decías que había que hacer.

Como todos los días desde que nos dejaste, brindo por vos al tener una copa de vino en mi mano, y este 10 de Mayo no será la excepción.

Miguel, yo te extraño, tu familia te extraña, tus amigos te extrañan, muchos bodegueros y enólogos te extrañan, muchos chefs te extrañan, los conocedores te extrañan, infinidad de consumidores te extrañan, la mayoría silenciosa te extraña; y hasta los sommeliers extrañan tus dardos verbales picantes. En realidad, el vino te extraña.

Nota: A modo de homenaje, esta semana se emite por el Canal de la Ciudad el capítulo de Lado V dedicado a los Blends Tradicionales realizado en Bodegas López.

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Trabajan por y para el placer

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Uno de los aspectos más atractivos del vino es que detrás de cada etiqueta hay muchas manos que trabajan. Es una cadena casi interminable de personas que hacen posible descorchar una botella y servir copas en la mesa.

Primero en la viña. Luego de la cosecha, el viñedo queda despoblado, de gente y de racimos. Y con la llegada del otoño, ni las hojas quedan. La gran mayoría de los cosechadores emigran hacia otras latitudes para continuar su tarea con otros cultivos. Pero muchos viñateros se quedan cuidando las vides. Llega el momento de la poda, fundamental para preparar los próximos vinos. Con paciencia, cuidado y casi en soledad, muchos héroes silenciosos se prestan día a día, a cortar ramitas. Mientras en la bodega, los vinos terminan las fermentaciones. Algunos quedan casi listos para embotellar, mientras que otros seguirán una larga crianza en barricas o toneles. Allí, el trabajo no para. Bodega, laboratorio, logística, sea donde sea, infinidad de personas realizan tareas diversas, pero con un mismo fin. Lograr que cada botella elaborada salga de la bodega con destino final a algún comercio, ya sea dentro del país o del mundo. Pero para ello hace falta un ejército de profesionales de la venta y el marketing. No sólo en la bodega, sino caminando las calles de las ciudades más importantes del mundo. Llevando el mensaje de cada botella para poder lograr los objetivos del año.

Pero hasta ahí llega la responsabilidad de los que lo hacen. Porque al entrar en el canal de distribución, sus vinos pasan a otras manos. Quienes también se dedican a ser mensajeros del placer embotellado. Choferes, ingenieros y demás, deben hacer llegar las botellas a los puntos de venta; donde aguarda otra gran cantidad de personas. Si es off trade; botella cerrada; las preocupaciones rondarán en la exhibición y recomendación. Pero si se trata del on trade, como son los restaurantes y wine bars, el servicio será fundamental. Allí, se incorporan los sommeliers a esta gran cadena de trabajo. Que si bien no es solidario, su fin es muy beneficioso para el que se hace de una botella.

Es decir que son muchas las manos que participan en un vino. Y eso lo hace muy distinto. Porque más allá de su condición de producto noble, natural y de la tierra, saber que en cada copa el factor humano es fundamental en tantos aspectos, reconforta cada trago. El vino no se puede fabricar, siempre se va a elaborar. Y por más grande e industrializada que sea la bodega, siempre va a tener mucho de artesanal. Porque sin hombre no hay vino.

Celebro con un brindis por todos esos trabajadores del vino que hacen más felices nuestros momentos.

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El que más te gusta

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Miguel Brascó inmortalizó la frase “el mejor vino es el que más te gusta”, y mucha razón tenía, porque sigue y seguirá siendo así.

Sin embargo, para a aquellos que son curiosos y no se conforman con las generalidades, esta máxima no es suficiente para entender qué es el gusto por el vino.

Si vamos por el líquido y las características de la noble bebida, nos metemos en un camino sinuoso que no tiene fin. Porque son las subjetividades las que dominan las opiniones, al menos en esta materia. Y entonces, lo que le gusta a uno, no necesariamente será lo mismo que al otro. No obstante hay muchas coincidencias, sobre todo dentro de nuestros círculos de pertenencia como son los amigos, la familia o los compañeros del trabajo. Pero cómo pueden haber tantas coincidencias en algo que es tan personal y subjetivo como es traducir todas las sensaciones que nos provoca un vino. Es mucho más sencillo de lo que parece, pero para entenderlo mejor, me voy a la música.

Escuchas un tema, y te gusta. Te compras o bajas el disco y te gustan otras canciones. Ves videos y te gusta cada vez más todo lo que hace. Pero en realidad no te gusta todo por igual; ni siquiera te gusta todo lo que hace la banda. Pero como te sentís identificado, crees que te gusta todo. Y así es, te gusta, o al menos tenes la sensación que te gusta.

En el vino pasa lo mismo. Un día probas un vino y te gusta. Pero no sabes bien si es por sus armas, por sus sabores complejos, sus texturas o profundidad en boca. Mucho menos por sus caudalías, retrogustos o caracteres organolépticos; ni grado alcohólico ni acidez total, etc. Te gustó básicamente porque estaba rico, y sobre todo porque la pasaste bien. El lugar, la comida, la compañía, la charla, tu estado de ánimo; todo confluyó para que ese vino te gustara. Y si vas más allá, seguro te vas a enamorar también de todos los vinos que elabore ese enólogo, o esa bodega, o los vinos de la región, o todos los vinos de dicha variedad, o con la misma crianza en roble. Porque no es el todo lo que te gustó sino una partecita del vino, junto con otras variables que nada tienen que ver con el vino en sí, aunque mucho con su disfrute.

Pero aunque sea suficiente con una partecita del vino para decretar el gusto personal, no es tan sencillo. Porque de la misma manera un vino puede no gustar, culpa de las variables y no del vino. Por eso es fundamental darle muchas oportunidades a un mismo vino antes de sentenciarlo. Y cuando hablemos del gusto del vino intentar entenderlo por sí mismo. No dejarse influenciar por otros, ni por otras variables. Uno puede hablar con un vino, a solas, para luego disfrutarlo en compañía. Y créanme que un vino se disfruta mucho más cuando se logra entender el por qué te gusta. Sin importar quién lo haga, ni de donde venga, ni si la variedad está de moda. Con la práctica vas a poder saber bien qué vinos te gustan y todos los por qué, independientemente de la situación de consumo. Y así poder elegirlos mejor de acuerdo a la ocasión. Pero al final del camino, te vas a dar cuenta que el mejor vino es el que más te gusta. Y si bien eso es lo que importa, entender ese recorrido es mucho más placentero.

Entrá a www.fabricioportelli.com y decime qué vinos te gustan, y por qué

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Felíz día Emblema(lbec)

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Siempre el Malbec domina la escena

El 17 de Abril se celebra el día del Malbec, una iniciativa local con impactos en todo el mundo; principalmente a manos de nuestra industria. El objetivo es tan simple como noble: difundir nuestro vino más emblemático. Si bien, ya desde hace 5 años, en Abril aflora una especie de fiebre por el varietal, pocos con conscientes del verdadero significado del Malbec en y para nuestro país. Pocas cifras del INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura) alcanzan para describir su contundencia. La Argentina cuenta con 39.000 hectáreas plantadas, equivalentes al 17,13% del viñedo nacional. Esto representa además un incremento del 137,63% respecto del 2000 y un 290% con relación a 1993. Lo que demuestra un crecimiento sostenido. Y por qué siempre se habla del Malbec mendocino por sobre los demás. Es simple. Porque Mendoza no sólo acapara el 86% de dichas hectáreas (33.307 ha), sino también el ranking de producción (77% del total) y crecimiento. De los casi 26 millones de quintales, el 13% aproximadamente se destino a elaborar vinos Malbec. Esto implica un crecimiento de casi el 500% desde el inicio del milenio; emulando a la evolución en el resto del país. Pero duplicándola en el último año. Casi el 35% de todo el vino elaborado en nuestro país es Malbec, lo sigue el Bonarda de lejos (con 25%). Y si bien no escapó a la merma general que sufrió la industria, su potencial sirve para alimentar esperanzas de continuar con su crecimiento. Y la clave está en su valor agregado. Más del 95% del Malbec se vende embotellado. En 2014 el 53% del vino exportado fue Malbec, esto implica un 10,43% más que en 2013. Es decir que más del 50% de los u$s850.000 generados por exportación de vinos, se lo debemos al Malbec. Estados Unidos se lleva la mitad, seguidos del Reino Unido (10,49%) y Canadá (7,24%). Y para entender qué calidades exportamos es suficiente con ver que el 40,98% fue de vinos de 26 a 39 dólares (caja x 12 bot) y que el 25% fue de 39 a 60. Esto quiere decir que la mayoría se comercializa por sobre el valor FOB de vinos “entry label” (u$s8,50 a u$s26).

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Leonardo Pupatto (Familia Schroeder) – Sebastián Zuccardi

Pero las estadísticas distan mucho del verdadero placer que regala el Malbec en cada copa. No me canso de recordar la gran suerte de tenerlo como varietal diferencial por sobre cualquier otro país. Y no sólo eso, sino que supimos exprimirlo, a tal punto que hoy no conocemos su techo. Sabemos que Mendoza es su meca, pero que en Salta y Patagonia se pueden hacer Malbec increíbles como lo son los de Colomé y Noemía, por ejemplo. También son los mendocinos los que más acostumbrados nos tienen con flamantes novedades, pero no hay que dejar de probar los provenientes de nuevos terruños como los de Familia Schroeder en Neuquén, o el de Collovati de La Rioja, o el de Bodega Del Desierto en La Pampa. Puede ser de familias tradicionales argentinas, aún al frente de sus bodegas como los López o los Arizu (Luigi Bosca), o ser un referente más moderno como los Zuccardi o los Pescarmona de Lagarde. Los extranjeros visionarios también son muy responsables de la fama y el prestigio de nuestro Malbec. Michel Rolland y su Clos de los Siete, Roby Cipresso y sus amados Finca de Achával Ferrer, Paul Hobbs con su Viña Cobos o con Riglos, en donde es consultor desde el primer día, o Alberto Antonini desde su Altos las Hormigas o la infinidad de Malbec locales supervisados por él. Ni hablar de los enólogos, que con sus vinos hacen de todo esto una gran realidad: Roberto de la Mota, Alejandro Vigil, pepe Galante, Daniel Pi y Marcelo Pelleriti, por sólo nombrar algunos en nombre de todos los que hicieron, hacen y seguirán haciendo del Malbec, nuestro vino estrella. Y si bien el futuro del vino no es el varietal, sino el terruño, hay una persona que trabaja día a día para lograr el mejor vino en sus distintos viñedos del Valle de Uco. Y por más que su foco está puesto en los suelos, sus formaciones, la historia y la cultura del lugar y el respeto por la naturaleza, sabe que el mejor intérprete vínico de todo eso, es el Malbec. Algunos de esos Malbec ya se pueden conocer, pero los mejores; sin duda; están por venir. Por eso, a los vinos de Sebastián Zuccardi los denomino los Malbec del futuro. Como ven, la fuente de Malbec es inagotable, y hay al alcance de la mano siempre un Malbec dispuesto a satisfacer al consumidor. Lo logra con su carácter siempre amable, jugoso y expresivo, sus texturas dóciles, aún cuando joven, y su fruta roja única, ya sea maduro o crujiente. También se lleva bárbaro con la madera, acoplándose a sus sabores o conviviendo con complejidad. Tiene potencial de guarda, sobre todos los nuevos vinos que están naciendo en un estilo más directos y naturales, sin tantas vueltas en bodega pero con mucho trabajo en la viña. Por lo que significa y por todo lo que aún tiene por delante, el Malbec fue, es y será el mejor vino argentino. Y por eso elijo brindar por y con él; pero no en su día, sino todo los días. Si te gustó la nota te invito a visitar www.fabricioportelli.com

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Luigi Bosca Malbec DOC y Miradores – Hans Vinding-Diers (Noemía)

El vino es el protagonista

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Es interesante ver pasar el tiempo y las personas; incluso algunos vinos que se acaban. Sólo quedan los lugares, viñedos tradicionales o nuevos, justificando la fama de una región o bien desafiando los límites. Pero claro, nada de esto sería posible sin las personas. Sin embargo, todos los personajes que rodean al vino están de paso, y su razón de ser (al menos profesionalmente hablando) es justamente el vino. Sin esa noble bebida que tan bien le hace al espíritu, nadie sería el mismo en el mundo del vino. Por primera vez tengo la posibilidad de compartirlo como quiero; o mejor dicho, lo más cercano posible a lo que quiero. Porque si por mi fuera los invitaría a todos, los que están leyendo esta nota y también a los que no, a disfrutar juntos un vino, a conocer a su hacedor, donde lo hace, qué lo llevó a crear tal etiqueta, qué antepasado lo influyó, y hasta cuales son sus gustos personales. Pero no me alcanzarían ni mil vidas para hacer eso con cada uno de ustedes. Escribir es lindo, porque deja transmitir algo de la magia del vino a través de la imaginación. Pero mostrarlo es diferente. Recuerdo los años de Dos de Copas con Miguel Brascó (2007 y 2008), nos encontrábamos en una barra y compartíamos con los televidentes un aperitivo al tiempo que presentábamos el programa. Luego degustábamos algún vino de dorapa (como decía él) al ritmo de breves noticias del vino. Y después el plato fuerte, sentados a la mesa, comiendo y bebiendo, recomendando pero más que todo compartiendo nuestras pasiones. Todo finalizaba en un tranquilo living del whisky, sacando conclusiones. Fue muy divertido mientras duró, y muy recordado hasta hoy; pero le faltaba algo.

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La semana próxima comienza Lado V por la pantalla del Canal de la Ciudad (http://www.fabricioportelli.com/2015/03/24/lado-v-muy-pronto-por-el-canal-de-la-ciudad/), un programa dedicado al vino, el verdadero protagonista. Claro que necesita del hombre para lucirse. Es más, el vino argentino está pasando por una etapa hombre-dependiente, en el cual los personajes adquieren mucha notoriedad por sus vinos. Sin embargo, ellos mismos le están dando paso al origen. Es decir que los suelos, el entorno y el ecosistema de la viña están adquiriendo la importancia que se merecen. Claro que eso no sería posible sin el estudio del hombre; porque es en esa incansable búsqueda para intervenir lo menos posible la naturaleza, que se hallan los hábitat naturales para dar vida a los grandes vinos argentinos. En eso está hoy la industria. Pero volvemos al principio, el vino fue, es y seguirá siendo el protagonista indiscutido. Porque es el fruto de un gran trabajo lo que nosotros podemos disfrutar en nuestra mesa. A veces sólo podemos ver la botella, y eso determina nuestras preferencias. Pero hay mucho más por descubrir. Por eso nace Lado V, para mostrarles todo lo que no se ve en las góndolas. Y así conocer lugares, bodegas, personas, historias de vida, culturas, cocinas y paisajes soñados. Estoy seguro que después de conocer el otro lado del vino, ya ninguna copa volverá a ser la misma. Los espero.

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La drinkability del Malbec

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La palabra drinkability la puso de moda Brascó hace varios años, al menos entre los consumidores de vino. Una palabra curiosa que suena mejor en inglés y sin traducirla, porque si vamos al Google Translate nos tira potabilidad. Por lo tanto es mejor dejarla en english, porque todos sabemos que es un drink, y lo demás lo imaginamos. Y si bien no significa, suena como la habilidad del Malbec (en este caso) para ser bebido. Y algo de esto hay porque otra que nos entrega Google es suavidad al beberla. Por lo tanto, debemos incorporar la palabra drinkability a nuestro vocabulario vínico.

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Pero eso no era lo importante, lo de agrandar nuestro glosario, sino que verdaderamente la drinkability del Malbec está de moda en los principales mercados de consumo del mundo, más precisamente Estados Unidos y el Reino Unido. Por ellos saben muy bien qué significa esa palabra, y más aún, cómo debe ser un vino para poder ganarse algo tan preciado que resulta en mayor aceptación por parte del consumidor.

Es un atributo de cualquier vino con pretensiones de éxito. Y es ahí donde el Malbec gana la partida. Porque cumple con todos los requisitos de la tomabilidad (ven que suena mejor en inglés). Llena la boca con intensa suavidad, sus taninos son siempre amables, su expresión frutal inconfundible y una frescura final que potencia todas las sensaciones e invita a una segunda copa. Y esto le permite superar la difícil “second test glass” (prueba de la segunda copa). Porque en esos mercados se disfruta mucho más el vino por copas que en nuestro país. Es costumbre encontrarse en los pubs o bares y más allá del liderazgo de las cervezas, el copeo de vino comienza a acechar a los cocktails. Además en las casas es muy común la bienvenida con una copa de vino. Es decir que muchos prueban porque son receptivos y siempre bien predispuestos a conocer, pero al mismo tiempo exigentes para incorporar preferencias. Esta es una de las claves del éxito del Malbec, un tinto único que regala drinkability en todas sus opciones, ya sea rosado del año, tinto joven, reserva o gran vino de guarda.

Pocos tintos logran ser tan atractivos a primera copa y mantener o incluso aumentar su belleza con el correr de las copas. Por suerte, somos los referentes de Malbec en el mundo y tenemos todos al alcance de nuestras manos para poder disfrutar de su drinkability, todos los días.

Algunas bodegas que permiten comprobar este efecto:

Diamandes, Zuccardi, Monteviejo, Salentein, Lagarde, Terrazas, López, Luigi Bosca, Catena Zapata, Trapiche, Viña Vida, Riglos, PerSe, SonVida, Teho  y Noemía, entre muchos otros.

 

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Así se celebra un acuerdo

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En un momento de gran disputa política entre la industria del vino y el gobierno, cabe destacar la firma de la prórroga por el Acuerdo de Espumantes   (http://www.fabricioportelli.com/2015/01/19/para-que-las-burbujas-sigan-subiendo/). Un convenio firmado entre ambas partes en el que la industria se comprometía a invertir en lugar de pagar un impuesto extra, allá por 2005.

Pasaron diez años y los resultados están a la vista; en las góndolas, en las calles con las publicidades en vía publica, en la tele y la radio, en la web; pero por sobre todo en nuestras copas. Algunos datos contundentes que resultaron de dicho acuerdo, luego de estos diez años:

 

-Se duplicó el volumen de comercialización en mercado interno.

-Se duplicó el número de empresas productoras/vendedoras de espumantes, en especial pequeñas bodegas, lo que favoreció la transformación de un mercado concentrado a uno diversificado.

-Se potenció la demanda de variedades blancas con destino a vinos base de espumantes.

-Se incrementaron las ocasiones de consumo durante el año, de manera de contrarrestar la estacionalidad del producto.

-Se diversificó la oferta de precios de los espumantes.

-Se convirtió en el producto de mayor innovación en toda la cadena vitivinícola tanto por tamaño de botellas como por tipo.

-Se incrementaron fuertemente las exportaciones.

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Más allá del real impacto de esto sobre una industria que mueve mucha gente, y que gracias a la naturaleza se reinventa con cada cosecha, lo más importante a destacar es el resultado en el consumidor. Porque hoy todos tenemos centenares de etiquetas disponibles al alcance de la mano, para celebrar en cualquier momento, y para todos los gustos y bolsillos. Y si bien antes el espumante era sinónimo de festejos y reservado para las fiestas especiales y ocasionales, hoy más que nunca sigue siendo el rey de las celebraciones. Lo que ha cambiado es que nos dimos cuenta que no tenemos que esperar para llenar copas y chocarlas con el de al lado. Un momento cotidiano puede terminar siendo inolvidable con solo un brindis.

La diversidad de propuestas y la llegada a distintos lugares sin duda a potenciado esta nueva costumbre de los argentinos de festejar en cualquier momento. Pocas veces vi que el resultado de un pacto entre industria y gobierno supere las expectativas de todos. ¿No será este el camino para apoyar a toda la industria del vino? Porque si algo le sobra a la vitivinicultura es demostrar que todo lo puede y que goza de un potencial inmensurable.

Soy de los que piensa que debemos sentir más orgullo por nuestra bebida nacional, y esto no tiene nada de político, es sólo sentido común y ganas de que todos la pasemos un poco mejor. Porque la Argentina sin vino sería; además de inimaginable; muy aburrida.

Brindo con espumante por este acuerdo, y espero (brindando) muchos más por el bien del vino argentino.

 

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¿Por qué brindar?

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Se acerca el fin; del año. Algo que no es muy distinto a lo que nos pasa día a día cuando se pone el sol y sale la luna rodeada de miles de estrellas, aunque no siempre la veamos. Porque un día más, también significa un día menos. Ídem con las semanas, los meses y los años. Pero no se puede vivir mirando la parte vacía de la copa, es una visión muy triste. Así, la vida se te pasa y no la disfrutas. En cambio, si vamos hacia delante, sin importar el tiempo que pasó, siempre vamos a querer más; hasta el último día; del año. Por suerte, todo vuelve a empezar. Como esa copa que se vacía, siempre se puede volver a llenar.

Falta poco para que se vaya este año y empiece uno nuevo.
Ojalá se renueven las esperanzas y s cumplan algunos sueños. Todos hemos pasado tragos amargos este año (y los anteriores). Pero a este altura de la vida, ya sabemos que la vida significa camino de ida. Y quizás la v sea de vino; o acaso la planta de la que nace la noble bebida no se llama vid.

Sin dudas que la vida es mucho más alegre, divertida y disfrutable, con vino. En cualquier ocasión.

Un almuerzo cotidiano en plena city, puede convertirse en una pausa renovadora si combinamos el sándwich o el menú ejecutivo de turno (o la empanada, ensalada, etc.), con una copa de vino. No quita reflejos, ayuda a digerir mejor, no cae pesado ayuda a levantar el ánimo. Ni hablar si es una comida de negocios y necesitamos impresionar para cerrar un acuerdo. El vino es el aliado perfecto, es como ese amigo invisible que nos aporta lo que a nosotros nos falta. Porque el vino te va soltando de a poco, para que te animes a más. El resultado siempre dependerá de vos, pero sin dudas que el vino influirá.

En casa, pasa lo mismo. El vino te cambia la cara, por más cansado que llegues del trabajo. Acordate, un buen Malbec puede convertir las milanesas con puré de siempre en un maridaje perfecto y habilitarte (sí, en medio de la semana) una noche insospechada en casa.

Si te juntas con amigos pasa lo mismo,  al principio son todos tímidos, pero luego se van relajando y a medida que el ángel del vino revuela la mesa, la diversión se hace presente. Sea en casa o en un restaurante. La clave, al menos para mi, es poder ofrecer diversidad. Porque así como no comemos solo una cosa, no debemos beber sólo un vino. Y es en esa propuesta de alternativas que todos encontrarán su compañero preferido para cada momento. Empezar siempre con algo fresquito y relajado, como puede ser un blanco o un rosado del año. Si las pretensiones mandan, la alternativa obligada para abrir el encuentro es un espumante. Más allá de otras opciones como pueden ser aperitivos o cervezas. Y luego ir levantando la apuesta de a poco. Vas a ver como al final todos se prenden y todas las botellas que pensabas te sobrarían para la próxima, quedan vacías.

Yo brindaré por la felicidad, ese estado de ánimo que involucra tantas cosas importantes; la familia, la salud, el bienestar, los amigos, el trabajo. Y hay muchos que van a hacer lo mismo que yo.

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A todos les deseo felicidad. Salud.

PD: un dato, por si te sirve, a mi el vino me cambió la vida y me ayuda a ser feliz.

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La confianza es todo

Hay un rey y una reina, pero aún el heredero al trono se hace desear.

El es el Cabernet Sauvignon; que gracias a los grandes vinos franceses de Burdeos se coronó hace tiempo. Porque los Grand Cru Classé siguen siendo de los vinos más codiciados del planeta. Tintos a base de este cepaje, que hasta hoy ha demostrado ser el más longevo y complejo de los vinos tintos. Y si el mundo toma 80% de este tipo de vinos, es fácil entender el por qué de su fama.

Ella es la Chardonnay, que si bien su origen y meca están en la Borgoña francesa, fueron los americanos los que la impulsaron y la globalizaron. Porque en la década de los 70 fue la responsable de virar el consumo y las costumbres de los jóvenes americanos de veinti y treinti. Aquel dorado vino se impuso al Gin Tonic y a la cerveza como copa de bienvenida o inicio de una buena comida.

En ambos casos también tuvo que ver que se trata de variedades plásticas, es decir que se adaptan muy bien a los diferentes terruños y que, gracias a ello, su producción se ha multiplicado. Por eso, ambos cepajes son los vinos más elaborados en el mundo, ya sea como varietales o como componentes de blends.

Pero todo reinado necesita de un heredero. Porque no solo el tiempo pasa, sino que las costumbres de los pueblos van cambiando.

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Hoy el vino ya está instalado en la sociedad mundial como la bebida más noble y versátil a la hora de sentarse a la mesa, aunque el consumo per capita por habitante siga siendo ínfimo. No obstante se han diversificado las ocasiones y desestacionalizado su consumo. Pero hoy, el tiempo no corre, vuela; y nosotros al parecer también. Queremos todo rápido, todo ya; incluso los que disfrutamos de cada momento. Ya no se lee el diario, se ojea el Ipad, ya no se ve la TV, sino el compilado entero de la serie favorita en la compu, etc. Y en vinos se podría decir que no importa tanto la longevidad como la agradabilidad al momento de descorcharlo. Y ese impacto es el que cuenta, porque tampoco tenemos tiempo para guardar un vino y esperarlo. Para qué, además ya hay gente que lo hace y muy bien por nosotros (Vinoteca Ligier, por ejemplo). Además, los grandes vinos de hoy ya están muy ricos al salir al mercado, y eso o saben incluso los que guardan vinos en sus cavas.  Sobre todo el Malbec.

Creo fervientemente que nuestro Malbec (aunque sea de origen francés) tiene serias chances de ser el Príncipe, y luchar por el trono. El Syrah, lo intentó hace algunos años, con el gran impulso australiano, pero no le alcanzó. El Pinot Noir es tan delicado que es muy difícil de replicar.

¿Y el Malbec?

El Malbec tiene muchos atributos que lo postulan, sobre todo en tiempos de hoy. Es versátil, siempre cae bien parado, incluso desde la primer copa. Porque es amable, fresco y dulzón en su carácter siempre frutal. Podrá ser un vino más de texturas que de fruta, más verde que maduro, más liviano que concentrado, que igualmente se las arregla para gustar siempre. Sus taninos son suaves, aunque pueden ser también incisivos, pero nunca agresivos (si el vino está bien elaborado). Es generoso en su expresión, y puede mantenerla viva por mucho tiempo. Tanto, que hasta hoy no podemos apostar por un plazo, ya que  los mejores vinos actuales parecen ser inmortales. Acá está presente en todas nuestras zonas vitivinícolas. También en Cahors, al sudoeste de Francia que es de donde viene. También, poco a poco algunos países se van animando (Chile, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia, etc.). Es decir que puede andar en cualquier clima y no tendría problemas de desparramar su generosidad por el resto del mundo. Pero ahí no está la clave. Su secreto es otro. Y eso es lo que lo hace diferente a los demás.

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Hay que partir de la base que todos los vinos dicen cosas, sólo hay que querer escucharlas y disfrutarlas. Sin embargo, la gran mayoría de los vinos confunde y aleja al consumidor. No así al conocedor, que busca esos recovecos; porque en esas aristas complejas radica parte del placer una vez que se desanda el camino del vino. El conocedor pone foco en lo que le falta al vino más que en lo que tiene. Pero son la minoría. Lo que importa es lo que opinan y hacen los consumidores. Y el Malbec, a todos ellos les da confianza; simplemente eso. La confianza de poder decir a la primera copa qué rico vino, me gusta porque es suave, amable, nada agresivo. Me divierte porque me llena la boca, es jugoso, y bla, bla, bla.

En un mundo que necesita nuevos consumidores de vino tanto como el agua, el Malbec parase ser  la mejor salvación. Porque atrae, no aleja, contiene no repele y gusta sin vueltas. Y es gracias a esa confianza en si mismo que da el Malbec que se forjan los consumidores; los mismos que devienen con el tiempo en conocedores y son capaces de apreciar todas sus capas de aromas, sabores y texturas. Porque todos sabemos lo que nos gusta. El problema es que la mayoría no sabe que sabe. Por suerte está el Malbec para facilitar el camino. Es sin dudas la puerta de entrada al mundo del vino argentino. Y por qué no soñar que los nuevos consumidores chinos, rusos, indios y del mundo entero, pueden usar la misma puerta que nosotros.

Miguel Brascó siempre defendió la “drinkability” del Malbec. Hoy ya no está acá al lado mío, pero puedo entender más mejor que nunca sus palabras. Porque eso significa mucho más que tomable.

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