La cuestión de los extranjerismos dentro del español es todo un tema. Entre aquellos que adoptan una postura extremista y vaticinan la disolución de nuestra lengua, y los que eligen cuanta palabra extranjera pueden, están los que intentan llegar a un acuerdo sobre qué hacer acerca de incorporarlos o no. La teoría al respecto es mucha, pero también hay muchos ámbitos en los que poco parecen importar las recomendaciones de la Real Academia Española acerca del tema. Como siempre, trataremos de llegar a alguna conclusión que nos ayude a escribir mejor.
Plural y singular: algunas reglas
Que el español es una lengua difícil es una afirmación fácilmente comprobable. Puntuación, tiempos verbales, gerundios, preposiciones son temas complejos, con muchas reglas, con algunas excepciones y con casos en los que la normativa sola no alcanza para resolverlos. Hay otros temas, sin embargo, que parecen más sencillos y que creemos dominar. Uno de estos es la formación del plural, aunque una mirada rápida a la Nueva gramática de la lengua española nos muestra que hay varias normas para tener en cuenta. Aquí intentaremos resumir lo básico para escribir lo mejor posible.
¿Todo junto o separado II?
Como ya vimos en otra entrada (al explicar los usos de sino y porque), hay palabras que pueden escribirse juntas o separadas, y que suelen generarnos dudas a la hora de elegir la forma correcta. Para ampliar el tema, consideraremos ahora las siguientes: abajo, demás, aparte, asimismo, conque, sinfín, sobretodo y quienquiera.
La tilde
Junto con el verbo, la tilde nos remite a la escuela, a interminables ejercicios y a largos dictados. Por supuesto, transcribir en esta entrada las reglas de tildación en español sería una tarea aburrida y poco práctica. Entonces, dejaremos de lado aquello de las agudas, graves y esdrújulas, o de los diptongos y hiatos para centrarnos en ciertas tildes cuya normativa no es tan difícil de memorizar y cuyo correcto uso colabora para conseguir un texto comunicable, que es al que siempre aspiramos.
La autocorrección
Donald Murray (1992), pionero en los estudios sobre procesos de escritura, afirma que “Escribir es reescribir”, y reescribir implica saber autocorregirse. La revisión es una instancia necesaria de la escritura, debe hacerse varias veces y en sucesivas etapas, debe servir para mejorar el texto, afecta a todos sus niveles, y siempre implica tomar una necesaria distancia para no pasar por alto ningún error. Revisar, además, es ponerse en el lugar del lector y tener en claro la finalidad del texto.
Los verbos
Los verbos nos torturan desde que estamos en la escuela primaria. Intentamos aprender los nombres de los distintos tiempos, memorizar sus desinencias, saber a qué modo pertenece cada uno, pero no siempre logramos lo más importante: usarlos correctamente y aprovechar los diferentes matices que otorgan a nuestra escritura. En palabras de H. Weinrich, lingüista: “Al fin y al cabo no se expresa bien una oración para entender bien los tiempos, sino que expresamos los tiempos para entender bien la oración. Los tiempos nos están dados como información y no planteados como acertijo”. Usar mal los verbos es exigirles a nuestros lectores que repongan esa información que debería estar redactada claramente.
Las comillas y las cursivas
Así como pasa en otros usos de la lengua, el de las comillas y las cursivas suele presentar dudas. Muchas veces, además, nos tomamos ciertas libertades al elegir unas u otras, aunque en realidad hay reglas precisas.
El mail
El mail es una de las formas de comunicación más utilizadas a diario. Tiene, además, la particularidad de ser escrito, pero con características de la oralidad. Es inmediato, rápido y da la impresión de no estar sujeto a normas. Sirve tanto para uso personal como para uso corporativo, y ahí es donde la rapidez y el poco cuidado en la escritura pueden contribuir a crear una mala imagen de la empresa. Por esta razón, conviene tener en cuenta algunas pautas.
Preguntas frecuentes
Consultando el Diccionario de la lengua española, se puede acceder a una lista de las preguntas más frecuentes que la gente le hace a la RAE, lo que resulta un excelente banco de datos de rápida lectura. De estas dudas, tomamos cinco que, seguramente, alguna vez nos planteamos: el uso del se, el género de agua, el empleo del masculino o del femenino, las mayúsculas o minúsculas en ciertas palabras, y el agregado del artículo antes de la mención de un año.
Una prosa bien construida
Cuidar nuestra escritura depende también de no cometer ciertos errores que se agrupan bajo el nombre de “vicios de dicción y de construcción”. Tienen nombres que provienen de la retórica y que por sí mismos no aclaran mucho, pero en cuanto leemos los ejemplos, nos damos cuenta de lo habituales que son. Los de construcción, específicamente, son más difíciles de detectar y requieren de una lectura atenta para que el texto no pierda su eficacia comunicativa. Analizaremos algunos de esos “vicios” para aprender a evitarlos.