98. El amor como invención compartida

“Dream is destiny”
(El sueño es el destino)
 
“Walking life” de Richard Linklater 

 

En el post de la semana pasada, había escrito sobre las posiciones subjetivas relativas al amor. Pensé en la espera, en la búsqueda y en el encuentro. Hubo trampa, lo reconozco. Mientras el título bregaba por “los que no encuentran el amor” el resto del articulo merodeaba la espera o la búsqueda. Debí haberlo explicado mejor: la espera remite a la soberbia pasividad y al merecimiento, la búsqueda a la insatisfecha actividad y al impulso que late en la esperanza y el encuentro a una mezcla de azar e intención afortunada. Aunque no siempre lo que crees haber encontrado es justo lo que necesitás. No es lo mismo pisar un sorete que encontrarse cien pesito. Continuar leyendo

97. Los que no encuentran el amor

Hay personas que viven bien consigo mismas, que lograron entenderse en sus tránsitos laberínticos y que aman lo que tienen sin desesperar por lo que no hay o por lo que todavía no llegó. Personas que saben disfrutar de un encuentro con amigos pero también fabrican una tarde de caminata para pensar en voz alta sin interlocutores. Hay gente que acepta el sube y baja afectivo que la vida les propone y son adaptativas de su entorno sin desesperar. Cenan, bailan, beben; leen, escuchan música, meditan. Gente que si bien no transitan por la paz constante y regular, aceptan las turbulencias como parte de un proceso. Personas amigas de la realidad. Continuar leyendo

96. ¿Puede amarse a dos personas a la vez?

El corazón

Parece que cuando arrancó la humanidad, necesitaban ubicar en algún lugar razonable el tema de los sentimientos. Barajaron dos opciones: el cerebro o el corazón. Los egipcios consideraron al corazón como el órgano que originaba los sentimientos. Los griegos, a través de su vocero Platón apostaron por dos almas, una de las cuales, inmortal, residía en la cabeza, y la otra, mortal, habitaba el corazón y albergaba los sentimientos. En el centro del imperio Azteca los sacerdotes abrían el pecho de las víctimas con cuchillos, y ofrecían a los cielos el corazón aún palpitante, que lo consideraban la fuente de la vida, lo más valioso del ser humano.  Continuar leyendo

95. La amiga despechada

Querido Claudio:

                             Te escribo para decirte un par de cosas que no da para que te las diga personalmente. Siempre dijimos que los amigos estábamos para ayudarnos y por eso tengo la necesidad de escribirte. Se que lo mío con vos siempre será platónico, cada uno está en pareja y es lo que eligió, pero… será lo que realmente elegimos? Será tu pareja la persona que te hace realmente feliz? Y si así fuera, ¿por qué te trata como te trata? Vos no sos ningún sometido, sin embargo pareciera que ella controlara tus emociones con sólo mirarte. ¿Te diste cuenta que en una reunión la que maneja los tiempos es ella? Llegan cuando ella quiere y se van cuando te empieza a mirar con esa cara de culo que pareciera que tuviera un cartel que dice “no quiero estar acá con esta gente de mierda que se la pasa contando las misma anécdotas cada puta vez que se encuentran”. ¿Y cual es el problema? A nosotros el pasado nos hace felices, nos gusta mirarnos para atrás porque tenemos un lindo recuerdo de lo que fuimos. Las personas que vuelven al pasado una y otra vez para sentirse felices, encuentran en la evocación un modo de no sentirse solas. Continuar leyendo

94. La independencia afectiva

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El último libro de Yasmina Reza, la autora de la famosa pieza teatral Art y que supo mantener en cartel durante varios años Ricardo Darín junto a Germán Palacios y José Luis Mazza, se llama Felices los felices; y habla sobre las alegrías y miserias cotidianas de 18 personajes atrapados entre la dificultad de vivir, el hastío de amar y el pánico a morir. La autora arranca el libro con una frase de Borges que dice: “Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor”. Continuar leyendo

93. No hay amor saludable sin proyecto de vida

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El amor es una bola de espejos y cada cara refleja algo diferente. Te esperan en el camino muchos tipos de amores: los pasajeros, los eternizados, los virósicos. Los inocuos, los profesorales, los prohibidos. Los imposibilitados y los imposibles, los platónicos y los cucharita. Los paternales, los colegiales, los que no dan abasto y te dejan con la boca abierta. Los que te cierran la boca. Pero hay un único amor que se sube al vagón del futuro, y es el que tiene en el pasaporte un proyecto de vida. Continuar leyendo

92. Sentirse abandonado

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El abandono es uno de los miedos más ancestrales que una persona puede tener y, a la hora de evitarlo, solemos cometer los actos más indignos. Sentirse abandonado es quedar a mitad de camino de una esperanza, es creer que la ruta no tiene desvíos y recorrerla como quien recorre una certeza. Se ubica en la delgada línea de esa espesura entre la angustia y la impotencia, algo así como un grito mudo o un silencio en pleno barullo. Continuar leyendo

91. Los nómades emocionales

El nomadismo emocional utiliza corazones baqueteados como quien utiliza las piedras de un río, para cruzar del otro lado, aunque la otra orilla… pida más orillas… y más ríos. Para el nómade emocional ningún espacio es el espacio, son personas que pierden el tiempo buscando espacios en lugar de buscar espacios para pasar el tiempo. Critican al acostumbrado, podrían hablar pestes del pobre tipo que se aburguesó y levantar las banderas del no sometimiento a las zonas de permanencia. Continuar leyendo

90. Los que se acostumbran al otro

De pronto pasan 10, 15 años y todo se va naturalizando. Tus preocupaciones cambian de foco, te ponés menos lírico y más realista, pasas de las letras a los números. Te inquieta más llegar a fin de mes que ir a ver la última de Wes Anderson, tus antiguas zanahorias poco a poco se convierten en los botines del nene y los patines de la nena. Peleás en el trabajo para que te reconozcan, de una buena vez, todas las horas que le quitaste a tu familia; pensás en que no sería mala idea techar el patiecito para cuidar al auto del granizo. Buscás en Google la palabra triglicéridos y le preguntás a Don Fito sobre el colesterol malo. Los placeres hicieron una mudanza en tu sentido de la saciedad, antes era un buen polvo, ahora un buen asado. Aprendiste a hacer paella y a trabajar la madera, entraste en el universo de los habanos pero no te termina de convencer, te regalaron un cofre que se enchufa y sirve para guardar botellas de vino. La clase de media se instaló en tu casa y todos bailan a su alrededor. Continuar leyendo