El Football ¿Deporte Olímpico?

#FútbolAmericano

La noticia sacudió al mundo del football americano (bueno, al menos en el resto del mundo, en los Estados Unidos debe haber sido un temblor mínimo): El Comité Olímpico Internacional reconoció a la IFAF (Federación Internacional de Football Americano), que es la entidad que se encarga de organizar el Mundial de Football Americano -sí, existe- de forma temporal. Lo cual abre la puerta para que el football vuelva a ser parte de los Juegos Olímpicos después de aquella exhibición realizada en Los Angeles ’32 entre dos equipos colegiales. La votación podría realizarse en 2017 y el deporte ser admitido para los juegos de 2024. Ahora, la pregunta que subyace es:

¿El football americano tiene la capacidad de ser un deporte olímpico?

El logo de la IFAF

Con todo el dolor del alma, debo decir que no lo veo tan factible. Por un par de razones, que enumeraré y analizaré a continuación, en orden creciente de importancia:

*  La longitud de los planteles. Es sabido que en los Juegos Olímpicos no se permiten delegaciones de más de 18 deportistas por disciplina, lo cual ya ha complicado al rugby, que tiene menos de la mitad de jugadores por equipo. De todos modos, no es un inconveniente insuperable, justamente la pauta la da el rugby, que decidió hacerlo en modalidad seven. El football debería jugarse en modo 7 vs. 7 u 8 vs. 8 para poder cumplir el requerimiento de los JJOO.

*  Las pausas del juego. El método de juego, con cortes comerciales constantes, que se usa en la NFL es muy bueno para las propagandas y publicidades. Pero quizás no sea el mejor para la transmisión de los JJOO, ni la duración de los partidos, que quizás haga el calendario un poco más extenso de lo que debiera ser. Tampoco es algo insalvable, y hasta quizás deba desdecirme sin cambiar de párrafo, porque en los espacios entre jugadas y con los tiempos muertos, se pueden intercalar resultados de otros deportes.

La desigualdad entre los diferentes países. Como es lógico, los Estados Unidos van a tener la mejor selección del deporte por mucho tiempo. Salvo la CFL (Canada) y la X-League (Japón), no hay muchas más ligas profesionales en el mundo, más allá del espíritu de amateurismo que impregna a la creación del Barón de Coubertin.

Y todo esto me lleva al propósito de este artículo, que es remarcar la imposibilidad del football de seguir el camino de otros deportes estadounidenses como el básquet o el béisbol, que han sabido salir de los Estados Unidos y expandirse hacia el resto del mundo, donde se juegan con más o menos asiduidad (convengamos que quitarle el trono del deporte más popular del mundo al fútbol es una quimera). El gran handicap del deporte es que es bastante caro empezar a jugarlo (a las equipaciones de los jugadores, se suman los instrumentos como las cadenas de medición, por ejemplo), a diferencia de otros. Además, el hecho de que las becas se han reducido bastante en los Estados Unidos, hace más complicado que, como en los 70s, 80s y 90s, haya jugadores de otros países intentando suerte en la NCAA, que es la cantera por excelencia de donde se nutren los equipos de NFL.

Este es el máximo esfuerzo de la liga: jugar uno o dos partidos en Londres al año. Insuficiente.

EXPANSION INTERNACIONAL: ¿ESFUERZO CONTINUO O PALABRAS VACUAS?

La National Football League es la liga doméstica peor expandida del mundo, en cualquier deporte. El béisbol y el básquet tienen ligas más competitivas fuera de los Estados Unidos, y con mayor expansión hacia mercados externos. Entonces, el sueño de todo jugador de football es jugar en la NFL. Pero, salvo que haya suficiente dinero para estudiar en una universidad estadounidense, ese es un sueño destinado a durar poco.

La liga tampoco ha hecho mucho por expandir su negocio fuera de los límites del país. Tal vez sabiendo que allí tiene el mercado cautivo más importante del mundo a nivel económico (y si no me creen, pueden mirar la lista de Forbes y van a ver que las 32 franquicias de NFL dominan el listado de clubes más ricos del mundo, con valores que llegan al billón de dólares), los dueños de la NFL y su representante Roger Goodell han hecho esfuerzos… pobres, en mi opinión.

Después del colapso de la NFL Europa, por falta de aficionados, la National Football League tomó un acercamiento más… cauteloso, digamos. Y ahora sólo sale de su caparazón estadounidense para jugar una o dos veces al año en Londres, dejando caer el rumor alrededor de septiembre sobre la factibilidad de una franquicia en Gran Bretaña. Yo estoy convencido que la franquicia en Londres es un error de logística y una pesadilla organizativa para el resto de la liga, sobre todo para los equipos de Costa Oeste. Y creo que Goodell piensa lo mismo, sólo que tira el rumor para endulzar a los británicos y ampliar la asistencia al evento de Wembley. Ni siquiera México entra en la consideración de los mandamases, a pesar de tener una afición fiel, seguidora y constante. Otro caramelo con gusto a nada es el “Mes de la Herencia Hispana”, que tira la liga para evitar llevar un partido al sur de la frontera.

PLANES DE EXPANSION

Por el panorama que estoy relatando, parece un imposible hablar de popularización global del deporte. En mi opinión, hay un camino. Pero es bastante difícil y es una solución cuyos frutos no se verán de forma inmediata, sino en unos 10-15 años (piensen que, a mediados de los 80, era impensable un jugador que no saliera de la NCAA que sea parte importante de un equipo NBA como lo es Ginóbili en estos años). Mi propuesta tiene varios puntos, pero por sobre todas las cosas implica que los dueños de los equipos estén dispuestos a hacer una inversión a muy largo plazo, lo que implicaría que van a perder dinero:

Primero, hay que establecer un sistema de padrinazgo. Cada una de las 32 franquicias deberá adoptar un país dentro de la IFAF (al estilo de lo que está haciendo Robert Kraft con la Israeli Football League), trasladarse al mismo en uno o dos meses de pretemporada (luego del draft y antes de los campos) y empezar a dictar clínicas con la presencia de jugadores y coaches para intensificar el entrenamiento de los jugadores amateurs del país, tratando de identificar posibles jugadores que tengan talento como para empezar a desarrollarlo con vistas a llegar a la liga en un futuro no inmediato. La asistencia debe ser económica, ayudando con equipaciones y elementos necesarios para la práctica del deporte. Eso podría ir mejorando lentamente las diferentes ligas locales de los países sin tanta tradición.

Lo segundo es quizás lo más complicado. Cada franquicia, en conjunto con la liga, deberá elegir una cierta cantidad de jugadores jóvenes promisorios y pagarles la educación universitaria en diferentes universidades del país. De ese modo, pueden atraer a jóvenes de todas partes del mundo para que tengan roce NCAA y eventualmente puedan dar el salto a un equipo NFL. La otra opción, si el costo de tener que pagar 80-120 becas universitarias es mucho para la economía de la liga (sí, contate otro…), es el de armar un equipo de jugadores “internacionales” que compita en la NCAA sin ser parte de ninguna universidad, para que se vayan fogueando y tengan posibilidad de hacer el esperado salto a la liga.

En fin, es una idea un poco quijotesca y con mucho optimismo quizás, pero creo que es factible empezar a pensar en que el football se convierta un deporte global, más que en una liga doméstica de alcance mundial. El problema está en el bolsillo de los dueños, y en la capacidad que estos tengan en ver que las pérdidas económicas de hoy son las victorias deportivas del mañana. Por ahora son “big strong people, unwilling to give, small in vision and perspective”, como diría el genial Greg Graffin, cantante de Bad Religion, en “Punk Rock Song”, quizás la mejor letra de la historia del punk.

Fleder.-