URUGUAY 1930: Un arranque prometedor y un decepcionante final

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En vísperas de la denominada Década Infame y todavía bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen, previo al Golpe de Estado encabezado por José Evaristo Uriburu -el primero de la historia, un 6 de septiembre de 1930, con un joven Juan Domingo Perón como entusiasta colaborador-, la Selección emprendió viaje rumbo a Uruguay para participar de la primera Copa del Mundo. La competencia, inventada por el francés Jules Rimet, no consiguió la atención de los combinados europeos poderosos, ya que Holanda, Suecia, Hungría, Italia y España se negaron a cruzar el Atlántico después de que quedara definida la sede sudamericana. En tanto, otros como Alemania, Austria, Checoslovaquia e Inglaterra, acusaron distintos problemas que dejaron a Rumania, Francia, Bélgica y Yugoslavia, como el ‘cuarteto’ representativo del Viejo Continente.

Argentina en el Mundial 1930

La formación argentina en el Mundial de 1930

Boca, en plena Era Amateur Marrón –varios futbolistas ya percibían sueldos por parte de los clubes, bajo cuerda- que se extinguiría al año siguiente con la llegada del profesionalismo, iba a ser el campeón argentino de ese año. Por eso, fue el club que aportó más jugadores a la nómina confeccionada por el entrenador Francisco Olazar: Muttis, Arico Suárez, Cherro y Evaristo. La “Albiceleste”, subcampeona olímpica en Amsterdam 1928 (perdiendo con Uruguay en la final), era una de las candidatas a quedarse con la gloria.

Integró el Grupo A (el único con cuatro participantes, ya que el resto tenía tres) junto a Chile, Francia y México. El debut ante los galos fue satisfactorio: 1-0 con gol de Monti, a falta de 10 minutos para el final. El dato curioso fue que el árbitro brasileño Almeido Rego terminó el match antes de tiempo, lo que generó la invasión del público uruguayo asistente, en clara muestra de que los “charrúas” estarían en contra de Argentina desde el minuto uno. Las acciones se reanudaron, pero el tanteador no se modificó.

Uruguay-Argentina final de 1930

Los equipos saliendo al campo de juego del Centenario en la final

El segundo compromiso vio a la Selección cruzarse con los ‘aztecas’, un duelo que le sirvió como carta de presentación de Guillermo Stábile, el delantero de Huracán, que sería llamado el “Filtrador”, por su enorme capacidad para burlar el fuera de juego -terminó siendo goleador de la Copa con 8 conquistas-. Un ‘triplete’ del que sería posteriormente transferido al Génoa de Italia se sumaría al ‘doblete’ de Zumelzú y al de “Pancho” Varallo, que harían estériles a los descuentos mexicanos. Fue un 6-3 contundente, para definir el pase a Semifinales ante Chile.

Los trasandinos habían triunfado en sus dos actuaciones previas y quien ganara, pasaría de fase. Nuevamente Stábile apareció en escena y se despachó con dos ‘pepas’, y aunque la “Roja” descontó todavía en la primera etapa, en el complemento Evaristo sentenciaría el 3-1 final. En las Semis, los de Olazar fueron implacables y golearon 6-1 a un débil Estados Unidos, que se había adueñado del Grupo D, superando a Paraguay y Bélgica. Monti, Scopelli, dos de Peucelle y una nueva ‘dopieta’ del “Filtrador”, dieron forma al abultado score.

Del otro lado, Uruguay –sacó de competencia en primera fase a Perú y Rumania- imitaba a la “Albiceleste” y vapuleaba 6-1 a Yugoslavia, para arribar como gran favorito, tras su bicampeonato olímpico (ganó en París ’24 y Amsterdam ’28). Con el capitán José Nasazzi, más los goles de José Pedro Cea y el talento de Scarone, la “Celeste” pretendía dejar en casa el primer trofeo, con la presencia de 55 mil almas que lo alentarían en el Centenario de Montevideo, y acallarían a los 15 mil argentinos asistentes.

El 30 de julio, el belga Jean Langenus inició las acciones con el primer silbatazo en una final del mundo. Dorado hizo explotar las gargantas locales a los 12 minutos, pero Argentina torcería la historia de la mano de Peucelle (20’) y Stábile (37’). Muchos dicen que el cuadro argentino se sintió disminuido por el clima adverso y, cuenta la leyenda, que a Luis Monti, una de las figuras criollas, lo habrían amenazado de muerte, lo que desencadenó en su bajísima performance. Botasso, arquero de Argentino de Quilmes, no podría hacer nada ante los chutazos de los uruguayos en la parte final.

Cea emparejó las cosas a los 12’, mientras que Iriarte dio vuelta el tanteador a falta de 20 para que terminara el clásico y finalmente, el “Manco” Castro (había perdido la mano derecha en un accidente laboral cuando era joven) puso cifras definitivas a la primera final en los Mundiales: 4 a 2. La alegría entera fue para la “Celeste”, que tendría que esperar 20 años para repetir. En Argentina quedó la decepción y frustración por haber estado tan cerca de la gloria, que se le negaría hasta los finales de los ’70.

Los medios de aquella época reflejan la gran rivalidad de estas selecciones, aún en los primeros tiempos en los que empezó a rodar la pelota. En Buenos Aires, cientos de argentinos castigaron e intentaron asaltar la embajada uruguaya, lo que produjo un quiebre en la relación de las federaciones entre ambos países. Comenzaba el construirse el mote de “Campeones Morales”, con el que los argentinos cargaríamos durante décadas.

 

EL PLANTEL:

Arqueros:

  • Ángel Bossio (Talleres RE)
  • Juan Botasso (Argentino de Quilmes)

Defensores:

  • José Della Torre (Racing)
  • Edmundo Piaggio (Lanús)
  • Ramón Muttis (Boca)
  • Fernando Paternoster (Racing)

Mediocampistas:

  • Juan Evaristo (Sportivo Barracas)
  • Alberto Chividini (Central Norte)
  • Luis Monti (San Lorenzo)
  • Adolfo Zumelzú (Estudiantil Porteño)
  • Pedro Arico Suárez (Boca)
  • Rodolfo Orlandini (Estudiantil Porteño)

Delanteros:

  • Natalio Perinetti (Racing)
  • Carlos Peucelle (Sportivo Buenos Aires)
  • Francisco Varallo (Gimnasia y Esgrima La Plata)
  • Alejandro Scopelli (Estudiantes)
  • Manuel Ferreira (Estudiantes)
  • Guillermo Stábile (Huracán)
  • Roberto Cherro (Boca)
  • Attilio Demaría (Estudiantil Porteño)
  • Mario Evaristo (Boca)
  • Carlos Spadaro (Lanús)