
La frase del título es una clara muestra de la exageración del pescador, que se utiliza para señalar un lugar de muy buena pesca de taruchas. Esta vez ilustra la experiencia de nuestro último viaje a una estancia en el sur de Entre Ríos, donde los piques fueron incontables. Una muestra: por momentos, gracias a la transparencia del agua, podíamos ver cómo tres o cuatro peces venían tras el señuelo peleándose para obtener el primer bocado. Un espectáculo increíble.
A 250 kilómetros de Buenos Aires por los puentes de Zárate-Brazo Largo y la ruta 12 se encuentra Gualeguay. En el ingreso nos estaba esperando Jorge Cot, único guía autorizado para ingresar a la estancia. Con Ariel Romero y sus amigos porteños realizamos una magnífica pesca en los canales artificiales que bordean los caminos internos.
En los primeros sectores solo sacamos siete u ocho ejemplares, utilizando señuelos de superficie, media agua y profundidad, pero, en el sector de bombas, unos pocos kilómetros más adelante, la fiesta estuvo a pleno. Cuando estas se encuentran apagadas, las tarariras se refugian en una pequeña de bahía de no más de cincuenta metros de orilla por veinte de ancho, donde tiro a tiro teníamos piques. Si no lográbamos clavarlas o se escapaban, enseguida sobrevenía otro ataque, sorprendiéndonos, a veces, que la segunda era más grande que la primera. La competencia por el alimento era tan feroz, que hasta tomaban los señuelos quietos (solamente los nadadores y algunas hélices de flote no tuvieron éxito): al resto, no lo discriminaban, sean ranitas de goma o artificiales de subsuperficie, paseantes, minnows y fats de paleta corta y cucharas giratorias traídos lentamente para que no se engancharan con la vegetación del lecho.
En poco más de dos horas estábamos cansados de pescar sin habernos movido de un par de metros de costa cada uno. Hasta con mosca, Ariel y Jorge obtuvieron varios ejemplares dejando que profundizara el estrímer. En promedio pesaron 1,200 kilos, sin la aparición ni de muy pequeñas ni de muy grandes. Es el lugar propicio para sacarse el gusto de pescar este especie, o para aprender, enseñar o entusiasmar a debutantes con la pesca con artificiales. Al no tener que embarcarse y ser más económica que una salida con lancha es el punto indicado para ir con chicos, damas, ancianos o personas con dificultades para caminar, pues se deja la camioneta del guía pegada al pesquero y no hay barro ni yuyos altos.
Para más datos y reservas consultar a Jorge Cot al 03444-15-507-366, cotjorge@hotmail.com; en Facebook: Jorge Cot. Alojamiento: recomendamos La Palmera (03444-15-623-667), cabañas muy bien equipadas, con piscina, aire acondicionado y cochera a un paso del centro: Santa Fe 330.
Néstor Saavedra
para Tur Aire Libre
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