Los “petrodólares”, en otra fase de su expansión

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Primero probaron con la fórmula de contratar a futbolistas consagrados que estuvieran en la etapa final de su carrera. Así fue como estrellas del nivel de los argentinos Batistuta y Caniggia, los españoles Guardiola y Hierro y el brasileño Romario, por citar sólo algunos ejemplos, desembarcaron a principios de la década pasada en distintos clubes de la hasta entonces desconocida liga de Qatar.

La fuerte apuesta con millonarios contratos para cada una de estas figuras logró en un principio el objetivo que buscaba: una importante repercusión mediática alrededor del mundo. Pero de a poco las luces de neón se fueron apagando sobre el torneo del remoto país del Golfo Pérsico, y salvo algunas contrataciones extranjeras de nivel intermedio del vecino campeonato de Emiratos Árabes, el foco de atención del mercado del fútbol en destinos exóticos se fue mudando a lugares como Rusia y China.

Fue entonces cuando algunas familias reales del mundo árabe determinaron que se debía ingresar en la actual segunda fase de expansión en el universo del fútbol: la de la compra y el patrocinio de clubes europeos.

El puntapié inicial de esta movida lo dio en 2008 el jeque Mansour bin Zayed Al-Nahyan, de Emiratos Árabes. Al comando del grupo inversor Abu Dhabi United Group for Development and Investment, el integrante de la corona emiratí adquirió al Manchester City pagando una suma cercana a los 320 millones de dólares. Y detrás de él llegó el sponsoreo de Etihad, otra aerolínea de Emiratos Árabes.

A partir de allí los resultados están a la vista: el equipo comenzó a luchar el título de la Premier League, la cual obtuvo tras 44 años a mediados de 2012 junto con la Súpercopa inglesa. Esto además de su correspondiente clasificación a la Champions League.

Más adelante, en junio de 2010, le tocó el turno al Málaga español. Éste fue comprado por Abdullah ben Nasser Al Thani, quien posee una de las mayores fortunas de Qatar y que se convirtió en el primer sheikh (jeque) en ser el mayor accionista de un club de fútbol ibérico.

El ingreso de Al Thani sirvió para barajar y dar de nuevo, y la realidad actual así lo demuestra: gracias a la política de contrataciones, que incluyó al holandés Ruud van Nistelrooy, pasó de ser un conjunto que luchaba por evitar el descenso a disputar la Liga de Campeones, además de haber arrancado el presente certamen local en los primeros puestos.

Sin embargo, al mayor golpe de efecto de los últimos tiempos lo dio este año Qatar Investment Authority con la adquisición del Paris Saint Germain por 220 millones de dólares.

Con Nasser Al-Khelaifi como su nuevo dueño, el PSG se transformó en la entidad deportiva más rica de Francia y una de las más acaudaladas de todo el planeta. Esto le permitió gastar 450 millones de dólares en refuerzos en dos temporadas, incluyendo a figuras como el sueco Zlatan Ibrahimovic, el argentino Javier Pastore y el brasileño Thiago Silva, entre otros. Además del entrenador italiano Carlo Ancelotti, multicampeón como jugador y director técnico del Milan.

Pero los planes de la institución de la capital francesa no se detienen ahí: planea construir un nuevo estadio para 60 mil espectadores, y negocia un contrato de patrocinio de cuatro años con un banco de Qatar por una cifra que sería histórica para un club europeo: 100 millones de euros (U$S 130 millones) anuales. Si se concreta, la entidad financiera del Golfo Pérsico reemplazaría como sponsor principal a Emirates Airlines, que desde 2006 abona cerca de 4,5 millones de dólares cada 12 meses.

Hace menos de tres meses el empresario kuwaití Fawaz al Hasawi y sus hermanos anunciaron la adquisición del Nottingham Forest, de Inglaterra, a cambio de U$S 120 millones. Y no hay que olvidar que un empresario jordano es el máximo accionista del Munich 1860, de Alemania.

La última compra se produjo la semana pasada, y corrió por cuenta de Gulf Finance House. Este grupo de inversores del Golfo Pérsico, que opera en las bolsas de Kuwait y Bahrein, se quedó con el también histórico club inglés Leeds United, que hoy juega en segunda división. Si bien no trascendió oficialmente la cifra, el monto de la operación habría sido de 75 millones de dólares.

No obstante, cuando no pueden quedarse con un club los multimillonarios provenientes de Medio Oriente prueban con el “consuelo” del patrocinio. El mayor ejemplo de esto se dio con el Barcelona y Qatar Foundation, un organismo a favor de la educación en su país, que en 2011 logró un acuerdo de cinco años por el que desembolsa 40 millones de dólares por año para ser el principal sponsor de la camiseta azulgrana, el primero en sus 113 años de historia.

Otro caso de sponsoreo “árabe” en el fútbol del Viejo Continente es el de la ya mencionada Emirates Airlines en el Arsenal, de Inglaterra, cuyo estadio en Londres además pasó a llamarse Emirates Stadium.

Era claro que todo este plan dividido en dos etapas, la de la contratación de figuras para los campeonatos de Medio Oriente y la de la compra y patrocinio de clubes europeos, tenía que desembocar en algo todavía más grande. Y así fue como Qatar terminó siendo designado para organizar la Copa del Mundo de 2022, en la que invertirá 100.000 millones de dólares.

Esta gigantesca suma de dinero será utilizada para construir nueve de los 12 estadios con los que contará el torneo, sobre los que además habrá una nube artificial mecánica que podrá asegurar una sombra compacta para los campos de juego, y así evitar el calor abrasador a la hora de los partidos.

Actualmente el millón y medio de habitantes de Qatar ostenta un PBI per cápita de U$S 80.870, el más alto del planeta según el FMI. Algo que les permite a los más acaudalados de ese país, y también del resto de la región, continuar su expansión a su antojo en el negocio del fútbol a nivel mundial.