Tirar la vaca por el abismo para cambiar

#ColoresDeMilagros

Hoy antes de dar mi exposición para la “Equidad de género y empoderamiento de jóvenes líderes-2020″ organizado por la  Fundación Global a la que fui invitada. Otra expositora se puso a relatar el cuento de “tirar la vaca por la ventana”, y sonreí porque me di cuenta las conexiones que tenemos al conectarnos con las mismas historias, y me acorde de mi libro que espero algún día terminar que se llama RAICES COMPARTIDAS y de este capitulo que cuenta la historia de la vaca: RENUNCIAR

“Lo fuerte en lo profundo, me gusta el azar aunque todo esta escrito. Se viaja adentro mirando afuera, sombras que deambulan sin tocar mi centro, los dioses llegan para coronarme, mis almas, antigua familia comienzan a sonreírme. Otro lado, plantas secas que no han sido regadas, la tradición te dará tus raíces, tu reencuentro con los abuelos. El viaje te mostró que estas sola, porque lo estas, pero también porque estas sin nosotros, los hijos de tu tierra. Comienza otra vida y yo te vi entrar, no saldrás más porque adentro es abierto y no te vas a ir de los abuelos, ellos te protegerán y te sanaran. Tu puerta la abriste tú, bendiciones y regalos divinos. Un alma pura se conecta con la dulzura, vuelve a su futuro”. Me escribió Carlos al otro día de mi llegada ya que regresaba a Bogota en una noche de luna llena. Con estas pocas palabras decidí cambiar.

El primer día que me incorpore al trabajo fui a presentar mi renuncia pero no era tan fácil como pensaba, había procedimientos que tenía que respetar, le tenía que avisar a mi jefa que se encontraba de vacaciones y al menos un mes antes podía presentarla, luego de conversarlo con ella. Ahí empezó el peregrinaje de mi misma, de descubrir que el peor enemigo, es uno mismo. La que tenia miedo de ser artista era yo, no tenia nada que ver con mis padres, el país donde vivía o la globalización exacerbada que requiere trabajos especializados. La que no confiaba era yo misma, la que dudaba y se quedaría con la incertidumbre si no saltaba al vacío también iba a ser yo. “Si yo hubiera”, es una frase que no me la permitía, que no quería tener en mi vida. Continuamente he escuchado a los adultos decirla como si pudieran con esa frase modificar alguna de las decisiones que ya han tomado. En realidad la vida es justamente eso, elecciones. El que no elige no sabe lo que sucede, porque por más que uno quiera imaginarse lo que hubiera pasado es imposible, se vuelven a barajar las cartas y todo puede cambiar. Vivimos en una incertidumbre constante que tratamos de manejar, de hacer predecible.

Durante seis meses, todos los encuentros que tuve confabulaban para que tomara la decisión de renunciar al trabajo que me daba seguridad y empezar un camino totalmente incierto que significaba hacer lo que me gustaba. Una y otra vez se me cruzaban en mi camino personas que habían tomado el riesgo, que habían sido valientes por su sueño, por lo que les gustaba hacer, por los que le hacia feliz y la vida los había recompensado. Ninguno me decía que era fácil, pero cada día se iban a la cama con una sonrisa, finalmente hacían lo que les gustaba. Yo hacia veintisiete años que hacia siempre lo que quería compartiendo el tiempo con lo que supuestamente debía. Había estudiando exactas en la secundaria porque supuestamente era lo que servia cuando por todos mis poros las materias humanísticas brotaban desde mi ser. Había estudiado una carrera universitaria porque me daría el futuro que supuestamente quería. Trabajaba en un lugar hacia varios años porque me daba la seguridad económica que necesitaba. Pero en todo esto mi alma no estaba siendo escuchada. Yo quería crear, vivir de mis mundos de fantasías y poder utilizar mi desbordante imaginación para poder hacer soñar a otros. Pintar el mundo de colores, era una idea que desde pequeña me acompañaba.

Mientras tanto la vida no paraba de ofrecerme regalos para conectarme conmigo misma y escuchar mi corazón. Al siguiente mes de regresar, viaje a San martín de los Andes, invitada por un hotel para pintar, durante una semana me iba a encontrar en las montañas haciendo distintas actividades en la cual tuve tiempo de conectarme con la naturaleza. La invitación fue completamente sin buscarla, fui recomendada por una fundación y realmente parecía obra de la magia, dado que necesitaba tiempo para pensar en lo que quería. Di clases de pintura para niños, cosa que nunca había hecho y los niños me seguían para jugar conmigo en el hotel. El primer día me toco cenar con un artista muy reconocido y su ayudante y compartimos impresiones sobre la vida, yo no paraba de buscar señales. Entre actividad y actividad tenia mucho tiempo para mí, en el cual nadaba, miraba el río que pasaba entre las montañas y pintaba; no paraba de agradecer al universo lo que me estaba dando. Al tercer día tome una clase de yoga y la chica que la daba me llevo al centro en su auto para intentar vender mis remeras (que eran mi apuesta a mi futuro) y le pedí que me enseñara a meditar y me dijo: pensa del 1 al 10 y luego del 10 al 1 y visualiza la palabras inspiración e inspiración. Lo único que me repetía la chica es que no dejara de pintar, tus caritas y ojitos alegran. Después de caminar todo el centro sin resultados positivos, me fui a la playa y decidí hacer los ejercicios de yoga y fue raro porque cerré los ojos y me sentí toda rodeada de almohadones, cobijada, y al abrir los ojos estaba cerca de un abismo. La visualización me hizo pensar en mi miedo de que no funcione como espero, y en porque no me quedaba cómodamente en mi trabajo. Al volver al hotel un libro me estaba esperando en la puerta de mi cuarto “Los niños índigos”, sin ni siquiera saber de que se trataba lo ingrese a mi cuarto. La noche anterior había conocido a un hombre de cincuenta años, al cual denomine Búho, por su sabiduría, y fue el que me regalo el libro. Ni bien me cruzo por el bosquecito que comunicaba los cuartos con el restaurante me miro y me dijo: “No hay respuestas que buscar sino tenes que empezar a formular buenas preguntas, yo te puedo ayudar”. Un nuevo maestro aparecía en una nueva luna llena. Me lo encontré varias veces a lo largo de los cuatro días restantes y me dio varios mensajes: “Sos un río, te tenes que dejar llevar. Si miras un río, cuando esta enmarcado entre piedras el agua esta tranquila sino el río fluye con intensidad, confía y saca las piedras. Tenes que conectarte con tu intuición, ahí están todas tus respuestas. Cada vez que me veía me hacia preguntas y yo tenia que pensar en las respuestas, pero al pensarlas me replantaba lo que quería. Me dijo que tenia que empezar de nuevo, que todo lo que había vivido era un borrador, que cuando me conectara con mi alma y con quien yo era iba a encontrar todo lo que deseaba. El último día me pregunto ¿Qué es la felicidad para vos? Sin dudarlo le conteste “Momentos”; y el me agrego en los cuales uno comparte ya sea con el mundo o con otra persona. Pero al volver a Buenos Aires, la realidad me pesaba y volvían las dudas y las nubes que entorpecían mi visión.

La próxima luna llena nuevamente me surgió un viaje a Mendoza como anfitriona de una bodega para un cliente y sus amigos. Anduve a caballo entre las montañas, visite bodegas, conocí la historia del vino, y me reí incansablemente. Entre charlas y charlas con ese grupo de seis desconocidos, termine descubriendo que justamente eran todas personas que habían en algún momento de su vida tenido que tomar una decisión. Parecía una esponja que iba absorbiendo todos los mensajes. Uno de los hombres me contó la historia de “tirar la vaca al abismo” que cuenta lo siguiente:

Dicen que estaba el Maestro con un discípulo de paso por un pueblo. Pararon en la casa de unos campesinos muy humildes y pidieron algo de comer, la gente era tan pobre que les ofreció solo un vaso de leche de la vaca que tenían y un trozo de pan. El hombre les contó que si no fuera por la vaca no sabrían que hacer, gracias a la vaca podían vivir y alimentarse. El Maestro no dijo nada, comieron y continuaron con el viaje. Cuando llevaban andando unos minutos, el Maestro le dice a su discípulo – Regresa a la casa y tira la vaca por el abismo- “¡Pero maestro! Esa familia es lo único que tiene. El discípulo no quería pero obedeció al Maestro. Pasado un año el discípulo volvió al pueblo, a penas llegó se dirigió hacia la pequeña casa, pero no la encontró. En su lugar había una hermosa casa, al tocar la puerta se sorprende al encontrar al dueño cambiado y le pregunta ¿Qué ha pasado? El campesino le empieza a contar que se le murió la vaca, al principio pensaron que era una desgracia pero luego decidieron ponerse todos a trabajar, a buscar otras opciones, y al hacerlo mejoraron, siempre pienso que la vaca se debería haber caído antes- sonrío el hombre.

Cada vez que desistía o pensaba que era imposible mantener mi calidad de vida sin “la querida vaca” que representaba mi trabajo, aparecía un mensaje. Mayo cada vez se hacia mas cercano y nada estaba resuelto. Me encontré con un tío segundo que ni conocía que me dijo algo maravilloso mientras me lo representaba en la mesa del restaurante que estábamos sentados, al contarle que estaba tratando de jugarme por mis sueños: “Si uno tira una gota sobre la mesa uno puede ver el tema de la seguridad. Vivimos dentro de una gota de agua, donde sabemos nuestros límites y no pasamos las fronteras por temor a que se divida la gota o se esfume. Me mira y me pregunta ¿sabes que pasa cuando uno quiere salir de la gota? Mi cara de desconcierto hizo que continuara hablando, la gota en realidad se expande, se amplia”. Me contó que su padre tenia una empresa exitosa y lo mas lógico hubiera sido que el se hubiera hecho cargo de ella, pero un día se dio cuenta que no quería ser ingeniero sino arquitecto y que no iba a ser feliz en la fabrica por mas que le diera mucho dinero. Así que decidió hacer lo que gustaba y han pasado los años y siempre pienso que bueno que lo hice y gracias a mi esfuerzo y a mi pasión me va bárbaro. Hace lo que te gusta, es mi consejo”. Carlos, como si pudiera leer mi mente apareció en momentos justos, pero se mantenía distante, la decisión era mía. Hubo dos mensajes que me quedaron grabados: “Entendí algo, desenredarse, es decir, encontrarse, y además, trastocar la rutina que siempre nos hace miedosos, comienza con una nube oscurita en torno a uno que solo el soplo de los sueños logra alejar. Yo soplo y nada logro, estas lejos y no es mi nubecita. Toma aire, toma aire y sopla tu futuro” y el segundo fue “Se raqueta, no pelota. Con la quilla del barco Timotea, sin la quilla se lo lleva el viento. No enturbies tus pensamientos. Vos tenes el poder de pensar positivo. Tenes que tener seguridad, el vaivén no esta afuera, sino que sos vos la que quiere ir para atrás. Todo tira para adelante”. Mi corazón escuchaba pero mi mente no dejaba de ponerme trabas. Él me hablaba de mis sueños, de que tenía que tener confianza y yo me aferraba a mis miedos que provienen de ser obediente, de no jugarme, de sentir que tienen que venir las cosas paulatinamente. Pero internamente sentía que el que no arriesga no gana. “Quiero estar abierta a este nuevo mundo que él me describe, aunque todavía no pueda verlo claro dentro mío, tiene que ser posible”, me repetía todos los días. Siento que todo esta preparado para que de el gran salto pero no me animo. Yo se que soy la única que tengo el poder de no vivir la vida que merezco. En eso, recordé a un jefe que tuve años atrás, un día me llamo a su oficina como si hubiera reflexionado por un largo tiempo para utilizar las palabras correctas para decirme: “María has pensado en tu futuro, porque en realidad yo te tengo que decir que las comunicaciones han avanzado de una manera extraordinaria, no sé hasta cuando la diplomacia se va a mantener con la estructura actual”, como diciéndome esto tampoco es seguro, jugate por lo que realmente sentís. Los meses pasaban y yo no le encontraba la vuelta, no encontraba una reemplazante, no podía ahorrar para poder dejar mi trabajo, ¿Cómo mantendría mi estructura? ¿Qué haría?

Abrir los ojos no es tan fácil sobretodo cuando tanto tiempo has estado obediente. Aprendí a ser obediente, aprendí a hacer lo que debía hacer y ahora de ahí parte mi vaivén. Al principio me la pase explicando al afuera mis decisiones para respaldar lo que sentía porque creía no ser fuerte, luego decidí no explicar más. Mi mente ya no esta en mi oficina, pero de alguna forma extraña no me imagino no yendo todos los días allí, creo que eso me retiene de alguna manera. La incertidumbre de no tener la red, acostumbrarme a no tener esa seguridad, aparente tal vez pero que sentía que me respaldaba. Personas llegan con nuevos mensajes pero también esta mi pasado que se comprime y exprime para saber cual dirección tomar. Llego abril y los días cada vez se hacían mas cortos y mi decisión de renunciar parecía que nunca llegaría o por lo menos para mayo. A mitad del mes me llega el siguiente mail de Carlos: “Nuestro encuentro tiene fecha, llego el 15 de abril a Bs. As. He sentido tu fuerza estos días, siente la mía, Ahora no hay que mirar atrás, si quieres entender algo del pasado mira en vos”. Solo esas líneas que me implicaban un fin de plazo, que no se resolvía. Trate por todos los medios de encontrar una reemplazante para mi trabajo pero nadie aparecía y el dinero tampoco fluía para poder dejar mi trabajo. El día antes de que llegara Carlos termine en el hospital por un problema de ciática, los nervios me apremiaban y mi resistencia era muy grande. No podía caminar, varias inyecciones y reposo fueron el remedio al dolor pero el de mi alma por no sentirme preparada no se terminaba. Como podía explicarle que todavía no podía soltar mi trabajo, que no sabia como hacer. Ya era grande y no podía pedirle ayuda a mi familia, era una decisión que quería respaldarla con mi propio accionar. Llego Carlos a visitarme y recién había salido del hospital, me mira y me dice mañana nos vamos a Córdoba de viaje, necesitas volver a conectarte con la naturaleza. Estas mirando el detalle en vez de la grandeza que te rodea. Me dice “Ahora no hay nubecitas negras, es sólo que no has doblado la esquina, el paisaje es diferente porque hay movimiento y los contornos de la vereda te son ajenos por ser novedosos, acostúmbrate al paisaje mientras caminas, diocesita viajera, podes ser en el movimiento, pintora viajera, creadora que se renueva. No necesitas aula porque tienes el mundo, ¿para qué pizarrón si tienes tu sonrisa? Tranquila que ya estás haciendo tu parte, el resto llegará y lo sabrás reconocer, la oscuridad es pasado y la incertidumbre es presente, tu no sabes lo que va a venir pero sabes lo que quieres, ya no estás perdida si no, reconociendo el camino perdido”. Sus palabras eran como miel en mi escarcha interna que era endulzada para ver un poco de luz en mi camino. Mañana no me puedo ir, tengo que cumplir con mis obligaciones, todavía no renuncie a mi trabajo y hasta el jueves no puedo irme ya que el viernes es feriado. Estuvo de acuerdo en encontrarnos allá.

Una nueva luna llena me encontraba entre las montañas, la primera vez fue con la mariposa que me mostró las dimensiones, los infinitos puntos a recorrer; el segundo encuentro fue con el búho, esta vez las montañas me mostraron los otros mundos, las lucecitas de colores por doquier. Creo y me dejo fluir como el río, ahora solo me queda esperar a ver el sendero que tomo, no voy a hacer nada para no distraerme, me mantendré en movimiento con lo mío como siempre. Alumna que quiere aprender, la luna de abril me encontrara en el Unitorco, en las sierras cordobesas. Un cuento ya empezó a escribirse, es el camino de la luciérnaga que viene a cumplir su misión. Las montañas me cobijaron estos días, buscaba respuestas y no aparecían, hasta que ya no las busque y el mensaje llego. La próxima luna llena ¿donde me encontrara? Con la mariposa me entregue con el búho me costo; cerrada en mi caparazón me encontraba pero pude ver y creer. La luna me ilumino, el cielo me respondió, me dio la entrada a mi nuevo ser. Palabras sueltas, que fluían en mi cuaderno mientras el colectivo me llevaba a Capilla del Monte.

Carlos me esperaba en la estación con una gran sonrisa luminosa y yo me encontraba nublada, tenía miedos, incertidumbres que nadie más que yo podía resolver. Empezamos a caminar por el centro, rodeados de negocios de la nueva era, con atrapasueños de varios tamaños y colores, piedras energéticas, y libros de autoayuda. Hippies, hombres con barbas largas, mujeres vestidas como hindúes, nos cruzábamos en su calle principal cubierta por un techo que hacia de pasaje a otra dimensión. El lugar me resultaba de película de ciencia ficción un poco artificial para mi gusto. Nos sentamos para desayunar, su armonía desentonaba con mi ruido mental. Yo esperaba un viaje espiritual al uritorco dado que era mi primera vez allí, y el me dijo que no iríamos. Este viaje es para reencontrarte con vos misma, no siento que tenemos que escalar el cerro para encontrar respuestas sino que buscaremos la armonía del alrededor. Así fue como paramos en una cabaña con forma de observatorio a las afueras del pueblo. El resto del día paso muy lento, conversando sobre los meses que había separado ese encuentro casual en el avión. Su mirada era de amor y yo en lo último que podía pensar era en ello, sentía que estaba tomando la decisión más importante de mi vida y tenia mucho miedo. Además había vuelto a verme con un novio que tenia antes de Australia y no podía darle lo que buscaba. En varias oportunidades lo pelee, y me daba cuenta que el me quería ayudar, pero me sentía vulnerable. Al otro día cambiamos de lugar para dormir, fuimos al otro lado del pueblo. Caminamos por un laberinto de piedras y Carlos se subió a un árbol y me hablo desde allí como quien le susurra al corazón para que se despierte. De hecho gracias a sus palabras termine de darle forma al cuento de Lucecita una nenita que sale en busca de su corazón porque no lo puede encontrar. Después de esas intensas palabras se callo y durante todo el día se mantuvo en silencio, no me pronuncio una palabra y dentro de mí una tempestad me azotaba. Parecía tan fácil para el soltar y confiar en el universo, pero yo no sabía como podría sostener toda la estructura, no tenía ahorros, solo ganas y deseos de vivir una vida distinta a la programada. No quería que me ayudara porque yo tenía que llegar a Colombia con mi dinero, era mi decisión y no podía esquivar el camino. El decidió quedarse en San Marcos de la Sierra y yo tenia que volver a trabajar. En su interior él tenía expectativas de una historia de amor que en el momento que me encontraba era imposible que se llevara a cabo. “Tus palabras me lanzaron el balde de agua fría para despertarme pero me pesa todo el alrededor, tengo miedo pero quiero estar preparada, me voy a relajar y lanzar al vacío, confío en que la libertad me traerá felicidad y mas trabajos”, le dije al despedirme.

La cuestión fue que me senté sola en un café a esperar el colectivo que me llevaría de regreso a mi ciudad. Cuando me pongo a leer el diario del domingo en el que estaba el suplemento de viajes, al abrirlo descubro una propaganda que decía lo siguiente: “Quiere tomar un rico café, vuele a Colombia solo en el mes de mayo por $350 dólares. Aproveche esta oferta”. El comercial parecía que me hablaba a mí. Cuando el pasaje a Colombia costaba entre 800 y 1000 dólares había esa increíble promoción para las fechas que yo había dicho que viajaría. Sin dudarlo, sentí que ya había tomado la decisión. Regrese el lunes al trabajo y presente mi renuncia a mi jefa, no sabia que iba a pasar en adelante, ni como pagaría mis cuentas, pero sino tomaba esta decisión nunca lo sabría tampoco. Tenia que confiar, creer en mí, en lo que deseaba hacer. Más tarde ese mismo día me llamo una clienta para pagarme un cuadro que nunca me había terminado de pagar y me completo con remeras, así me llegaron los $400 dólares que necesitaba. Reserve el pasaje por telefono. Nunca iba a ser suficiente para tener el valor, siempre hay “peros” para no tomar una decisión tan importante en la vida. Finalmente me sentí en paz, tenia miedo ante la incertidumbre que se me presentaba pero estaba convencida que la única manera de descubrirlo era tomando el riesgo. El 30 de abril fue mi último día de trabajo, y fue una fiesta para mí, salí del hermoso edificio de cristal pensando que finalmente me había sacado una mochila de encima, mi destino ahora lo iba a comandar yo misma. Estaba acomodada y no me daba cuenta de la necesidad que tenía de accionar en la realidad y no solo soñar. Entre tanto cambio fui a comprar el pasaje al otro lunes y al llegar a la oficina me dicen que ese valor ya no era posible que salia mucho mas caro, yo con los ojos enormes, no sabia que hacer, le explique lo inexplicable y luego de una hora me respetaron el valor de la semana anterior, y de alguna forma senti que era una señal, todo indica que tengo que ir para alla. Me encontré con Carlos que regresaba a Colombia y le dije que seguía con el plan, nos encontraríamos en sus tierras. Le explique que estar con él me implicaba querer ser mejor y no contentarse con lo que soy ahora. Necesitaba pulirme como si fuera un diamante en bruto. Al lado de él me sentía opaca. Le agradecía por cada una de sus palabras y tenia que entenderme que si parecía dura y peleadora era parte de mi pelea interna. Me había costado más de lo que me hubiera imaginado. Carlos me miro y me dijo: ¡Qué bueno María!, estaba un poco preocupado porque dije muchas cosas que si no las acompañas de lo que yo soy y de mis acciones, van a parecer sólo censura y reproche a vos. La verdad creo que sos muy hermosa y sobretodo, encontrándote y dejando de vivir para los otros, brillarás sin necesidad de hacer cosas y decir más. Este es un tiempo para obrar con cautela y mesura mientras te acostumbras a tomar tus buenas decisiones. Pensa mucho en lo que te conviene, tenes que aprender a distinguir y fortalecer tu intuición desalojando los oráculos que te inmovilizan. Nos vemos en Colombia.

El colombiano me había dicho lo que estaba buscando escuchar, era yo la que quería creer en mi misma, en que se podía. El solo me había dicho lo que sentía que había ido a buscar a Australia, a Sudáfrica. Era yo la que me quería despertar de ese gran sueño en el que encontraba donde creía vivir de mis sueños pero que en realidad se quedaban dentro de mi cabeza, porque en la realidad vivía otras cosas o sucedían cosas que no era lo que quería. Tenía que despertar y para ello la idea de ir a reencontrarme con las raíces me parecía que era una posibilidad. Hacia años que buscaba renunciar a mi trabajo y nunca lo lograba porque me ofrecían una mejor renumeración, me cambiaban de oficina, o me daban más libertades. Esta vez que había vuelto del viaje convencida a volver a trabajar, a hacer mi trabajo rutinario que ya tenía programado en mi cabeza, renuncie. Era el momento, estaba preparada o eso creía, por lo menos iba a averiguarlo. El hombre de pelo largo del avión, me había hablado del Putumayo y de su riqueza y decidí viajar para ver de qué se trataba. El viaje era la excusa para tomar distancia, no podía cambiar de la noche a la mañana, estoy muy acostumbrada a un montón de cosas que antes no veía y que ahora veo y creo que el viaje me va a hacer bien para ver otras cosas. Los primeros días de mayo pasaron como anestesiados, estaba acostumbrada a trabajar bajo presión, tenia miedos y estaba dispersa, me olvidaba y perdía las cosas. Estaba agobiada y tenía que organizarme, ya que todo había venido muy rápido. Durante diez días casi empiezo a trabajar de vendedora en el local de una amiga porque no me soportaba sin estar ocupada, sin saber como pagaría mis cuentas a fin de mes, como sobrevivía un mes en Colombia con 400 dólares que escasamente había logrado juntar. Mis pensamientos me abrumaban, pero logre entender que solo yo tenía la posibilidad de ver nubes negras o blancas, y solo yo podía hacer un mundo por una piedra en mi camino o solamente correrla de mi paso. Durante diez días, me prepare para mi nuevo viaje aceptando la incertidumbre como variable.

“Icaro fue esta persona pretenciosa, con el deseo de volar, o mejor dicho, de llegar al sol, fue inventivo y talentoso, pero no porque alguien poso cierto dedo divino sobre su halo, fue hábil para realizar su pasión, el se proporciono de talento gracias a su propio deseo de volar. Claro esta que esto es solo un fragmento del hecho, ya que la historia sigue en una demostración de astucia, en una conjunción de materias, miel y plumas para ser especifico, así monto sus alas, el buen Icaro, el muy astuto sabia que íbamos a estar hablando de el centurias después. Maldito o bendito para otros fue su fin que, bajo goce exitoso, en las alturas, sus plumas se desprendían de la miel que comenzaba a derretirse al acercarse Icaro a las temperaturas adultas del sol. Cae al mar Egeo como cualquier otro fiel a las leyes de gravedad, y allí muere. Así cesa la historia de ICaro en este mundo. Ahora, te digo: mujer pájaro – río lentamente-, te hemos tendido una trampa, una joven trampa, una gentil. Icaro es abundante en riqueza de anécdotas, menos que no da respuestas, al menos en esta historia, pobre de vos que buscas respuestas, te hace tan ciega a ver las preguntas, a amar las preguntas. Se que escuchaste la historia de Icaro, hambriento, en busca de certeza y salud, pero te olvidaste de algo, de las palabras de su goce y disfrute, que no hay respuesta que buscar sino disfrute por proporcionar, que la respuesta es la pregunta, comienza a disfrutar, disfruta tus preguntas no te reproches nada, ni siquiera el hecho de reprocharte.”