Uruguay. Un encantador viaje de José Ignacio a la Paloma.

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Recuerdos de mis Viajes por Uruguay.

…Todavía no lograba acomodarme en el asiento del auto. Era muy temprano. El día maravilloso. A mi derecha, el sol parecía gritarme de contento. Había recorrido muy pocos kilómetros. Levante la vista y mire por el espejo retrovisor. Allí en el fondo. El cielo estaba oscuro muy oscuro. Era mi ciudad. La Plata. Castigada por las inundaciones. ¿Qué es el color oscuro? ¿Su tristeza? Mi ciudad llora. No merece este trato de sus autoridades. ¿Dios nos castigó ¿?… Sacudí mi cabeza intentando ahuyentar los malos pensamientos. Clave mi vista al frente. Debía cumplir con mis compromisos.

El coche devoraba los kilómetros, apagaba así mi ansiedad. Quería llegar a La Paloma en la República Oriental del Uruguay. Allí me esperaba. “Visión”. La Asociación Internacional de Periodistas y Escritores Latinos de Turismo. Organizaba su primer evento del año. Visitaríamos el este de la República Oriental del Uruguay y el sur de Brasil.

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Uruguay. José Ignacio. Las Playas son un atractivo permanente.

Debíamos alojarnos en Punta del Este. Diluviaba. El caprichoso de mi automóvil. Se detuvo en José Ignacio. ¿Dónde? En lo de mi amigo el Chino Machado. Seguía lloviendo. No sé cómo sucedió pero mi auto estaba parado en la puerta de su casa. Ya que estamos entramos. Así me lo propuse. Ohhh que sorpresa pasaba por aquí y toque timbre. Le decía a mi amigo, poniendo la cara más falsa de mis últimos tiempos. Nos confundimos en abrazos y rápidamente surgieron los recuerdos del año pasado, luego de nuestro último encuentro. Sus hornallas. Se encendieron. Y su heladera empezó a vaciarse de sus últimas pescas en el Cabo Polonio.

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Uruguay. José Ignacio. Amanece y las embarcaciones de los pescadores descansan.

El mar y el cielo muy negro fueron los únicos testigos. La sorpresa fue ver en el fondo de la heladera una “Garopa”. Un especie muy similar al Mero. Un gran pez de labios muy gruesos. Merodeador de cuevas en el fondo del mar, sobre todo en la Península de Valdés. En el sur argentino. Ampliamente superaba los 10 kilos, en una actitud muy envidiosa me mantuve en silencio. El Chino se esmeraba en destacarlo -Yo lo miraba y pensaba – Mi récord supera los 25 kilos.

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Uruguay. José Ignacio. La parrilla siempre dispuesta a echar humo.

El, muy orgulloso. Tratando de darme envidia. Me decía. No es muy común un peso tan importante. Por supuesto tratando de irritarme. La mayor satisfacción de un pescador es provocarles este sentimiento a sus amigos, convertirlos en circunstanciales enemigos. Yo lo escuchaba en silencio. El sin darse cuenta que en mí, ya no causa efecto. Deje de pescar. Para mí lo más importante en ese momento era comérmelo. Deje de lado mi orgullo pensando en mi pobre estómago. Para ser práctico y cortante le pregunte: ¿Cuándo lo pensás cocinar?

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Uruguay. José Ignacio. la bahía sacude su modorra.

Invito a sus amigos. Todos con alabanzas para el pescador. Se notaba que todos estaban hambrientos… Sobre la mesada de la cocina eran varios que participan en preparar la pieza. Le quitaron la piel, en realidad casi un cuero. Era para otro amigo que hace carteras y calzados con él. En mi caso me aleje. El duelo de cuchillos era inusual.

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Uruguay. josé Ignacio. la Pileta compite su agua cristalina con el mar.

 Nuevamente me sorprendió con su cocina. Esta vez fue un “Chupín”. Una vez despinado.  Hizo rectángulos de carne de quince por diez centímetros y lo sorprendente era su altura entre ocho y 10 cms. Uno para cada comensal. Suculento bocado. La cabeza participo de un” Fumet”. Mientras se acomodaban los ingredientes en un gran cuenco de barro. Las anécdotas se sucedían sin cesar y los vinos también. Las risas invadían y llenaban nuestros oídos de alegría. Los filetes de ese maravilloso pescado. Contuvieron nuestra hambruna.

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Uruguay. Cabo Polonio. El Chino Machado pensativo. ¿Dónde están los Grandes?

Delicioso. La sorpresa fue como acompaño su plato. Con un jarrito al costado con un humeante caldo. Muy sabroso y perfumado por el “Merken” Chileno, con ese característico dejo de picor y humo (Cuentan que los indígenas colgaban estos pimientos en sus carpas. Sobre el fuego para que se sequen y el humo les iba dando ese sabor tan característico).

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Uruguay. José Ignacio. ¡A preparar la pesca! La cocina está lista.

Mientras saboreaba ese caldo recordé el sur de Chile. Allí en Punta Arenas, casi cayéndome del Continente. Me cocinaron para mí un “Curanto en olla”. Al pensar en ello no puedo dejar de nombrar también a Puerto Montt. Otro de los destinos Chilenos, lugar que me dio la oportunidad de saborearlo. Es uno de los platos más sabrosos que he comido. Mi paladar lo conserva en un lugar muy privilegiado de su memoria. Puedo decir que es como un puchero o un cocido español, pero de mariscos, cerdo, pollo, mezcla de verduras y embutidos. Un sabor muy característico. Sabor a mar. También se sirve como complemento del plato principal, un recipiente con su caldo. Primero te explota en la boca por su picante. Pero es adictivo, no podes dejar de tomarlo con cada bocado.

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Uruguay. José Ignacio. El sol muy remolón no se quiere ir.

Nos despedimos de José Ignacio y empezamos a recorrer la bahía que nos lleva a Punta del Este, bajamos la velocidad hasta el hartazgo los “Quebra Mola” como dicen los brasileros, insufribles. Cientos miles, millones. Se suceden una tras otro. Pero que me permitieron admirar la belleza de sus playas. Pasamos la Barra. Un clásico de todas las postales. Una bandera que recorre el mundo. Entramos a punta del Este. Que coqueta ciudad, siempre cuidada, como las vedetes, siempre bien peinada y perfumada. Es un gusto recorrerla.  Le exigí a mi vehículo 120 kilómetros finales para llegar a la Paloma. Descubrimos la ciudad envuelta en un bosque maravilloso que te da la bienvenida.

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Uruguay. la Paloma. Las cabañas de “Costa Esmeralda”. Acceso directo a la playa.

Amanecer en la Paloma tiene algo muy particular…nuestro amigo Héctor Chaine, con la generosidad que lo caracteriza, puso nuevamente a disposición de los socios de” Visión “su Hotel Portobello, El Apart Hotel Sotavento y Las cabañas Costa Esmeralda. En otra oportunidad también estuve alojado allí y me di el gusto de usar sus parillas, atestada de buenas carnes uruguayas y la famosa “pamplona”, mientras yo disfrutaba del humo y algunos vinos. Los invitados iban a recorrer las playas de acceso directo a muy pocos metros.

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Uruguay. La Paloma. El faro un atractivo mas de su costa.

 Esta vez me tocó en suerte el “Apart Hotel Sotavento”, con todas las comodidades, Bar –Restaurant-Bajada directa a la Playa -Piscinas-Canchas de Tenis etc. etc… La mañana estaba muy fresca pero no fue un impedimento para que saliera al balcón que da a la pileta, rodeada de un cuidado parque y como telón imitando una gran obra teatral. El mar. No muy lejos las playas. Sus limpias arenas como si fueran una bella sirena. Le permiten al mar sin resistirse. Que con sus juegos de idas y venidas las besen constantemente. La Paloma… Un lugar encantador.

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Uruguay. La Paloma. Los pintorescos techos de sus cabañas.

Pese a que la estábamos pasando muy bien, se notaba el nerviosismo del inminente viaje a Brasil. Muriendo ya la tarde nos embarcamos en distintas combis y marchamos rumbo a la frontera. Recorrimos 140 km. Los clásicos e inevitables trámites aduaneros. Un mínimo recorrido y ya estábamos en el famoso paso fronterizo del Chuy. Algo muy pintoresco. Una calle que divide a dos países. Una rambla en el medio separa a las dos Avenidas. Atestado de negocios. Los Free Shops repletos de gente. Todos fueron rápidamente a recorrer las góndolas. Esta vez los tuve que mirar desde afuera. “Con la ñata pegada contra el vidrio” No es el momento oportuno para que podamos comprar.

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Uruguay. La Paloma. Las atractivas playas cercanas al Faro.

Por fin nos terminamos de acomodar. Un súper micro nos esperaba con paciencia. Se incorporaron muchos periodistas, más saludos y recuerdos entre lo conocidos. Cambio de tarjetas entre los nuevos. Otros que se quedaban. Algunos, en un gesto notable nos acompañaron hasta el Chuy, nos recomendaron que tomáramos alguna “Caipira” en su nombre. Les aseguramos que se queden tranquilos. Sus deseos iban a ser cumplidos.-