CRECER… se aprende viajando

#ColoresDeMilagros

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“Viajando en autobus por Nueva Zelanda”

CRECER

Él no quería crecer, le costaba aceptar que era hora de un cambio que ya no tenía las ganas ni la energía para seguir haciéndolo. “Hay que matar a todos los viejos”, decía cuando veía alguno y no se veía. No se daba cuenta que pronto iba a ser parte de ellos, si ya no lo era. Su actitud era apesumbrada. No disfrutaba de sus elecciones y se notaba, ya se había olvidado, que lo había decidido. Se levantaba todas las mañanas puntuales casi automáticamente sin replantearse que ya estaba cansado de ese trabajo, estaba convencido que era el mejor haciéndolo. Pero se había olvidado el porque, cual era su motivación, solo era su trabajo. Para mi estaba claro que tenia que cambiar. Pensé que iba a poder esperar hasta el último día para decirle algo, eran solo 18 días y ya estaba por la mitad del viaje pero era como un goteo constante que al verlo es solo una gota, pero sin darte cuenta rebalsa el vaso y ya es demasiado tarde. Todos los días hacia un comentario negativo, te etiquetaba, hasta gruñía por el trafico o porque alguien se equivocaba. Todos los pasajeros hablaban de él, lo criticaban a sus espaldas, era el tema del día cuando en realidad yo esperaba que los paisajes de nueva Zelanda tuvieran ese primer lugar de conversación. A todos le molestaba pero nadie le decía nada. Muchos se quedaban en el camino, preferían cambiar de bus que aguantarlo. Los comentarios de otros chóferes eran tan buenos y agradables que no entendía porque a mi me había tocado el gruñón de todos los chóferes que había y no podía cambiar de bus porque perdería alguna de las actividades programadas. Por un lado cambiaria mi situación pero por otra perdería y la verdad no creía que merecía tanta importancia su presencia para hacerlo. Pero claro día tras día se hacia notar, te hacia paranoicar que te iba a dejar sino estabas cinco minutos antes porque él no esperaba a nadie. Te hacia sentir en la escuela de nuevo. Hacia tanto tiempo que no sentía la autoridad que me había olvidado y ahí estaba de nuevo un viejo mecanismo para sentirse importante, cuando en realidad lo que te hace sentir es solo. El estaba solo y no se daba cuenta, nadie se le acercaba a conversar o le hacían gracias sus escuetas bromas que se notaban que las habían pensado miles de veces y las repetía cada vez que cambiaban los pasajeros intentando encontrar un par en la manada.

Paramos en la mitad de la nada a tomar un café y claro dio dos opciones para hacer ir al río o hacer una caminata por un bosque pero sin poner ningún signo de exclamación ni comentario de que era bueno hacerlo dándote a entender que el mejor programa era el de él, tomar un café hacia mucho calor para hacer otra cosa. Le pregunte de buen modo que era mejor hacer a lo que me contesto en forma irónica: lo que vos prefieras, es tu gusto, tu preferencia, yo no soy vos. Salí como el correcaminos disparado al río con una bronca que quería calmar porque no se merecía desperdiciar un momento de mi tiempo. ¿Qué era lo que me molestaba de él? me preguntaba. ¿Porque me provocaba tanto malestar su manera? Tal vez solo lo miraba como el ejemplo de lo que no quisiera que me pase. ¿Pero como llegas a ese lugar? Esta claro que él no se daba cuenta, no se escuchaba. No paraba de repetir que conocía 52 países y yo pensaba de qué forma los conocería si así demostraba sus pocas ganas para contar del suyo. No representaba al kiwi típico que imaginaba. Volví del río feliz. Era hermoso y quería compartirlo con mis compañeros dado que todos se encontraban tomando el café dada la falta de entusiasmo del chofer que contagiaba “no hacer nada”. Que bueno hubiera sido que nos hubiera sugerido poner una bikini para disfrutarlo, pero eso era ya mucho pedir. Como tenia tiempo, decido ir por el camino al bosque también para ver de que se trataba pero no lo encontraba. Entro a la cafetería para preguntar y ahí estaba el chofer y me dice ya lo dije muchas veces no escuchas. A lo que lo miro y le dijo si no se, explícame donde es. No te das cuenta que no se te entiende, que tu actitud hace enajenar a todos los que te rodean. Me dijo que nadie se había quejado a lo que le contesto que son mas chicos y que no tienen las bolas para enfrentarlo pero yo si. Estaba cansada de su no actitud. Había pagado un servicio para que me explicaran que era lo que tenia que hacer no estaba en la secundaria de nuevo. No me contesto, prefirió mantener la calma dado que estábamos rodeados de gente del autobús y de la cafetería. Ante su silencio salí corriendo para encontrar el camino y al hacerlo veo que había una catarata y pensé como no lo menciona. Solo a 15 minutos pero a pesar de empezar a correr empecé a pensar que era la única que lo estaba haciendo y que tal vez me dejaría por llegar un minuto tarde. Así que a pesar de mis ganas regrese. No quería que tuviera excusas. Volví a la cafetería y me pregunto el grupo que siempre se quejaba de el que había pasado y solo le dije explote como un volcán. Estoy cansada de él y de su forma. Alguien tiene que decírselo porque no se da cuenta. Me siento aliviada, por lo menos sabe que alguien no esta conforme con su manera. Mi cara volvió a la normalidad al elegir tomar un rico helado. Nadie me saca mi felicidad y puedo cambiar la situación en un segundo como un niño.

Volví al bus radiante tomando mi helado y no dejando que la presencia del chofer me afectara. Pero parece que para él no fue tan fácil olvidarse de mis palabras. Porque ni bien paramos a la hora en el próximo pueblo, me llamo para hablar en privado. “No me avergüences más en publico”. Me dijo que no me quería en el autobús, que él tenia que preocuparse por 55 personas y no podía pensar en casos particulares. No abuses de mí porque te puedo echar”. Abusar que palabra para utilizar pensaba pero sin dudarlo y sin importarme que pudiera echarme le conteste: “No abuso de usted solo le digo lo que nadie en el bus se anima a decirle. Cambie su actitud disfrute, imagínese por un segundo siendo nosotros conociendo un nuevo país, que es lo que no nos tenemos que perder ya que continuamente dice que ha viajado tanto”. Me mira y sin escucharme sigue con su relato de que él no puede elegir por mi, que tiene que pensar en todos. Tengo que hacer bien mi trabajo. Tengo 43 años. En 12 años nadie se ha quejado, soy el chofer con mas experiencia de la compañía. A lo que le contesto que es fácil ya que uno cambia de bus y listo no tiene que quedarse para aguantarlo, para eso esta el sistema pero yo no tenia otra opción (no tenia extra día para perder y era verano y los buses estaban llenos. Quedarme en un lugar implicaba que tal vez perdiera más de un lugar y todo porque no me gustaba el chofer. No era mi amigo y no podía hacerlo tan importante) y quería disfrutar de mi paseo porque era un sueño estar aquí para mi y no tenia idea de nada. Entonces necesitaba su ayuda necesitaba que me dijera que valía realmente la pena hacer dado que no podía hacer todo y tenia que elegir. Necesitaba sus consejos pero su actitud hacia que no pudiera diferenciar lo que era bueno de lo que no. No quiero cambiar de bus espero poder entenderme con usted para pasarla bien. Tengo 35 años y también he viajado por el mundo y sonrío todo el tiempo y quiero continuar haciéndolo por eso me estoy comunicando para lograr entendernos. Algo de lo que dije lo hizo reflexionar porque me mira y me dice: “entonces empezamos de nuevo”. Claro que si, le di la mano como sellando el nuevo comienzo.

Y su actitud cambio a partir de ese momento, a veces solo hay que despertarse del letargo. A veces solo alguien tiene que recordarte porque estas ahí. A veces uno tiene que mirar lo que no quiere ser para seguir estimulándose. A veces solamente abrazando la sombra nos volvemos más humanos y entendemos que podemos llegar a estar ahí sin darnos cuenta. Él no quería crecer pero es lo natural y ya era tarde. Ya no tenía cuerpo de adolescente pero no se había dado cuenta y tal vez eso es lo que mas me acercaba. Yo tenia 35 años entre gente de 18 a 30 (claro que no era la única mayor) y por más que mi cuerpo parecía joven y me integraban en todos los grupos, yo sabia mi verdad. Los escuchaba deseosos de tener experiencias, de vivir un mundo distinto al que le cuentan de llenarse de cosas materiales que no sirven para nada, de buscar hasta encontrar los que les apasione como motor de su vida, de probar hasta cansarse, de hacer cosas para encontrar su camino. Admiro la inocencia que tienen para encontrar la forma de hacerlo posible. Son las ganas el motor principal para encontrar todas las piezas que los hagan formar el rompecabezas, a veces hasta sin saber que lo están haciendo. Y yo los escucho hasta que hablo, entonces una luz aparece en sus ojos y yo la reconozco porque yo fui ellos y otros fueron yo, que me dieron esperanza para seguir, para confiar en que se podía vivir diferente. En que se podía vivir de los sueños. Solo había que intentarlo, buscarlo, probar. Y sabía que solo contando mi historia daba el ejemplo de que se podía, que era posible. Es casi un abrazo a los sueños, como si ellos tuvieran vida propia y se encontraran fuera de nosotros. Tal vez tendría que estar haciendo otras cosas y también era la hora de cambio para mi pero en algún punto escuchar sus historias me hacían refrescar la mía. Me hacían entender mis decisiones me hacían darme cuenta lo que había transitado.

Tal vez él, Scotty, el chofer, no quería olvidarse de ser joven, no quería olvidar porque viajaba. No quería dejar de ser parte de la manada que vive diferente. El me había echo recordar que yo también había crecido y que era hora de darme cuenta para que un nuevo capitulo de mi vida comenzara. A Scotty logre sacarle una sonrisa y conseguí que pusiera onda a su discurso el resto del viaje, parábamos en la ruta a sacar fotos porque el día estaba lindo, comenzó a decir cosas que sentía hasta cargarse a si mismo de que estaba viejo para algunas cosas y realmente parecía otra persona; pero sin duda me hizo reflexionar. Tal vez yo también tenía miedo de crecer y no me había dado cuenta. Lo que era obvio para mi de Scotty (cambiar de trabajo porque ya lo había echo por mucho tiempo y no lo disfrutaba más) tal vez era obvio para otros pero solo uno puede abrir los ojos despertarse y darse cuenta. Siempre pienso que todavía puedo un poquito más. A mis 21 años en un hostel de Paris conocí a una argentina de 35 que paraba al lado mío y me acuerdo decirme en mis silencios espero que a su edad no me encuentre como ella sino casada y con hijos. En este viaje no he parado de recordar esa situación porque en definitiva uno siempre termina haciendo eso que nunca pensaba. Y la verdad la manera de pasarla bien es compartiendo sea en el lugar que sea y hay lugares que definitivamente fomentan el encuentro. Tal vez mis ansias de ver todavía no se han acabado pero por suerte si me estoy dando cuenta de que empiezo a cambiar las prioridades y que aunque mi espíritu es joven se que crezco y lo acepto.

A veces solo es hora de cambio.