El francotirador paciente: una novela sobre street art

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Portada Sniper

302 páginas de arte urbano. El escritor español Arturo Pérez-Reverte con El francotirador paciente se mete en el street art y lo hace novela con una trama que roza lo periodístico y lo policial, al mismo tiempo que nos da a fogonazos detalles íntimos del movimiento en primera persona, sus múltiples filosofías y sus contradicciones.

Arturo Pérez-Reverte frente a una pared pintada por "Sniper", el personaje de su novela.

Arturo Pérez-Reverte frente a una pared pintada por “Sniper”, su personaje.

El libro entero gira en torno a la figura del graffitero más famoso y al mismo tiempo más anónimo de Europa: Sniper. Una periodista especializada en arte, Alejandra Varela, es la protagonista, a la que un importante editor español le encarga la tarea encontrar al misterioso personaje y convencerlo de hacer un catálogo de lujo con su obra, con retrospectivas en el MoMA de Nueva York entre otros museos de Europa, y subastas de sumas siderales. Al mismo tiempo, un millonario que acaba de perder a su hijo culpa al graffitero de esa muerte, y envía a una pareja tras los pasos de la periodista para dar con él.

 

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Esa es la base del relato, la historia grande del libro de Pérez-Reverte, que sin embargo encuentra sus mejores momentos en los diálogos, y la información que da dosificada en cada conversación, en cada pensamiento, en cada una de las ciudades que la protagonista recorre en su búsqueda, en cada técnica que describe, en cada intervención a lo largo de Europa (muchas de ellas basadas en
intervenciones reales) y que dan cuenta no sólo del movimiento street art en el viejo continente, sino también de la investigación minuciosa del autor por meterse en ese mundo.

Sniper por otro lado recuerda al inglés Banksy, lo anónimo, la fama, las intervenciones alrededor del globo, mezclado con una filosofía que tiene que ver con no venderse, con que “Si es legal, no es graffiti”, al tiempo que contrasta con otros graffiteros que van apareciendo y que no lograron mantenerse al margen de la industria, que “se vendieron”, que “transaron”, unos por dinero, otros volviéndose legales para costear su ilegalidad, mil variantes de una misma cosa: el street art.