¿Cómo ser claros?

#AsíSeEscribe

Algunos textos como los periodísticos, los académicos o los corporativos requieren una cuota mayor de claridad y concisión a la hora de escribir. Para lograr esto hay una serie de recomendaciones que conviene tener en cuenta:

  • Limitar los incisos: cuando uno pretende que el mensaje llegue al lector en forma directa, conviene evitar hacer demasiadas aclaraciones que distraen la lectura y no permiten una rápida comprensión del mensaje. En los dos ejemplos que siguen, se ve la diferencia entre una oración larga con un inciso en el medio y dos oraciones más cortas que jerarquizan la información:

La Comisión Europea quiere que, a raíz de que el bloque tiene una tasa de desocupación de menores de 25 años del 23,4%, todos sus países ofrezcan empleo o prácticas rentadas a los jóvenes a cuatro meses de terminar sus estudios.

La Comisión Europea quiere que todos sus países ofrezcan empleo o prácticas rentadas a los jóvenes a cuatro meses de terminar sus estudios. El bloque tiene una tasa de desocupación de menores de 25 años del 23,4%.

  • Juntar las palabras relacionadas: como corolario de lo anterior, conviene escribir oraciones cortas en las que el sujeto esté cerca del verbo, el verbo de sus complementos y el núcleo de sus modificadores.
  • Elegir el orden tradicional al redactar: sujeto/verbo/complementos y dejar el hipérbaton (alteración del orden sintáctico) para cuando queremos destacar algo al comienzo.
  • Usar la voz pasiva solo en el caso de que se quiera destacar el objeto y no el sujeto. En el siguiente ejemplo, el alerta meteorológico aparece como lo relevante mientras que el sujeto que realiza el aviso ni siquiera está mencionado:

Un aviso de alerta meteorológico por lluvias y tormentas intensas fue emitido para esta noche en ocho distritos.

Relacionado con lo anterior, la pragmática, que se ocupa del lenguaje en uso, nos habla del Principio de cooperación que guía a los interlocutores en una especie de acuerdo previo de colaboración a la hora de comunicarse. H. P. Grice (1975) postula cuatro máximas conversacionales que podríamos resumir de la siguiente manera:

  • Máxima de cantidad. Haga su contribución tan informativa como se requiera.
  • Máxima de calidad. Intente que su contribución sea verdadera y no diga aquello sobre lo que no tiene pruebas.
  • Máxima de relación: Sea relevante
  • Máxima de manera: Sea breve, ordenado y evite la ambigüedad.

Ahora bien, es claro que todo el tiempo dejamos de cumplir estas máximas por diferentes motivos. Dentro del Principio de cooperación, cuando un hablante viola alguna de estas, se produce en el oyente un proceso inferencial que le permite acceder a una implicatura, es decir que el oyente deduce que por alguna razón el hablante elige no ajustarse a las máximas. Por ejemplo, si alguien pregunta “¿Vamos al cine?” y por respuesta recibe “Está lloviendo”, hay una violación de la máxima de relevancia porque la respuesta pareciera no corresponder con la pregunta. Sin embargo, el hablante puede suponer –según sea el contexto– que su interlocutor no quiere ir al cine porque llueve o sí quiere porque le encanta ver películas los días de lluvia.

Los implícitos colaboran en la economía del lenguaje, y nos exigen saber lo que es relevante decir en un contexto dado o la cantidad de información que se debe proporcionar. También nos posibilitan desarrollar estrategias para acceder a lo no dicho, pero sí comunicado.  Elegimos unas viñetas de Mafalda de Quino en las que vemos cómo Manolito informa más de lo que expresa en la superficie: