El difícil equilibrio entre norma y uso

#AsíSeEscribe

Frente a la variedad de soportes para la escritura, las diferentes finalidades que puede tener un texto y la enorme diversidad de lectores a los que está dirigido, la norma de una lengua siempre se impone como un “deber ser” para evitar el caos que significaría que cada uno escribiera como se le antojara. Sin embargo, el uso generalizado de determinadas opciones se transforma, muchas veces, en el justificativo para lograr cambios de fondo en las reglas. Un buen redactor es también el que puede elegir entre la norma y el uso, el que se adapta a su audiencia, el que tiene en cuenta el soporte y el que, en última instancia, conoce los recursos que mejor se adecuan a la finalidad que se propuso.

En esta entrada vamos a agregar algunas nuevas normas a las que ya habíamos mencionado en otra oportunidad; muchas se imponen previa utilización generalizada entre los hablantes. El objetivo es actualizarnos, entender que la lengua es un organismo vivo que cambia y dejar de lado la idea de que aprender la norma es inútil, si después se termina aceptando cualquier cosa. No todo lo que forma parte del habla cotidiana se acepta y, en todo caso, nos corresponde investigar sobre la justificación o no de los cambios, y ver hasta dónde los implementamos.

MÁS SOBRE LA ORTOGRAFÍA DE 2010

  • Los monosílabos no llevan tilde (salvo que la tilde distinga significado como en te/té, si/sí, etc.); incluso, se consideran como monosílabas, a efectos de acentuación gráfica, palabras como guion.
  • Se elimina la tilde de la “o”, ya que la posibilidad de confusión con el  cero es hoy prácticamente inexistente. Por tanto, la conjunción “o”, en condición de palabra monosílaba átona, se escribe siempre sin tilde, aunque aparezca entre cifras: 60 o 70.
  • En aquellos sustantivos  genéricos que aparecen seguidos de un adjetivo derivado del topónimo, se indica que tanto el sustantivo como el adjetivo se deben escribir en minúscula inicial: península ibérica (el adjetivo “ibérica” procede del topónimo “Iberia”); cordillera andina (el adjetivo “andino” deriva del topónimo “Andes”).
  • Algunas palabras terminadas en -o  continúan considerándose comunes en cuanto al género, es decir que se usan tanto para el femenino como para el masculino. Ejemplos:
    1. Las pertenecientes al ámbito militar: la/el soldado, la/el cabo, la/el sargento.
    2. Palabras próximas al ámbito militar: la/el piloto, la/el sobrecargo.
    3. Las acortadas: la/el fisio (de la/el fisioterapeuta), la/el otorrino (de la otorrinolaringóloga, el otorrinolaringólogo).
    4. Otras palabras: la/el contralto, la/el soprano.
  • Algunas palabras acabadas en -e, además de ser comunes en cuanto al género, adoptan también la terminación -a para el femenino. Ejemplos: la jefa/el jefe, la clienta/el cliente, la presidenta/el presidente, la dependienta/el dependiente, aunque podemos usar también la presidente, la dependiente.
  • La palabra “test” no tiene plural: el/los test (no *tests). También permanecen invariables los compuestos sintácticos latinos: el/los curriculum vitae, el/los modus operandi.
  • Se consideran correctos algunos superlativos con -ísimo que antes se consideraban incorrectos: fuertísimo/fortísimo, nuevísimo/novísimo.
  • En la actualidad se consideran igualmente correctas tanto las formas con diptongo como las formas con hiato de los verbos en -cuar. Ejemplo: adecuo/adecúo.
  • El significado de obligación se sigue manifestando con deber + infinitivo; se considera incorrección poner en este caso la preposición: El gobierno debe explicar el porqué de la crisis. Para significar probabilidad o conjetura, sigue valiendo la construcción deber de +  infinitivo, pero como novedad también se admite en este caso la variante sin la preposición “de”: Deben de ser las tres/Deben ser las tres.
  • Se toleran construcciones como “delante mío”, o “detrás mío”, pero para el lenguaje coloquial. La forma culta sigue siendo “delante de mí” o “detrás de mí”. Sin embargo, cuando se trata de locuciones adverbiales o preposicionales formadas con un sustantivo, la combinación con posesivos es correcta. Ejemplos: al lado mío/a mi lado; a pesar nuestro/a nuestro pesar; de parte tuya/de tu parte; en contra suya/en su contra.

Desde Ferdinand de Saussure (Curso de lingüística general, 1916) que considera la lengua –a diferencia del habla– como objeto de estudio de la lingüística por su carácter inmutable y homogéneo, hasta autores como John Austin  y John Searle que en la segunda mitad del siglo xx se ocupan, por el contrario, de la pragmática –es decir el lenguaje en uso–, vemos que siempre los estudiosos se debatieron entre la norma y su utilización concreta en situaciones comunicativas. Por lo dicho, cada cambio que propone la RAE o cada nuevo libro que intenta sistematizar el uso actualizan un debate viejísimo sobre el cual deberíamos reflexionar como productores de textos.