112. Las parejas competitivas

#AmoresTóxicos
“A veces nos volvemos locos porque olvidamos que somos diferentes,
porque el amor no es una competencia para que cada uno supere la fuerza del otro,
sino una cooperación que necesita de esas diferencias.”
Richard Bach

 

Ella: Mañana tengo una entrevista de trabajo.

El: ¿Y por qué no me contaste?

Ella: Te lo estoy contando ahora.

El: ¿Desde cuándo lo sabés?

Ella: No sé, hace un par de días.

El: Siempre te cortás sola.

Ella: En lugar de alegrarte porque tengo una entrevista de trabajo, me tirás mala onda. Pareciera que querés que me vaya mal.

El: Seguro que si no quedás va a ser culpa mía porque, según vos, yo soy el distribuidor de la mala onda por toda la casa.

Ella: Yo lo que digo es que nunca te bancás que me vaya bien. Vos tenés un trabajo monótono y aburrido y yo no te digo nada.

El: Pero me lo estás diciendo. ¿Qué problema tenés con mi trabajo?

Ella: Nada, que yo por lo menos busco otra cosa para superarme como persona, en cambio vos siempre vas a lo seguro.

El: ¿Me estás diciendo cobarde?

Ella: No, cagón que no es lo mismo. Nunca te animás a dar un paso más.

El: Ah claro, habló la señorita audacia. Con la extensión de la tarjeta de papi somos todos osados. Vos no tenés idea lo que es que te apoyen en el 68 a las ocho de la mañana.

Ella: Habló el albañil de andamio. Callate, si tu mamá hasta los jeans te planchaba. Que tu vieja te planche un jean es de mamero.

El: Por lo menos me gusta ser prolijo.

Ella: Obsesivo.

El: No como vos, que va a ir a la entrevista con esos pelos de resortes.

Ella: Cada vez que querés agredirme te la agarrás con mi aspecto.

El: Y vos con mi forma de pensar las cosas. Para vos todo lo que pienso está mal. Si hablo porque hablo, si me callo por que no digo nada. A veces pienso que aunque fuera tu mascota tampoco serías feliz.

Ella: Pará de inventarme siempre como una harpía. Odio que te victimices. En eso sos igual a tu viejo.

El: Pero por lo menos mi viejo nunca cagó a mi vieja. En cambio…

Ella: Bueno basta, mañana cuando no quede en la entrevista me voy a acordar de esta discusión.

El: Mientras no te quedes dormida y llegues a tiempo.

Un trofeo feo

Quien iba a decir que el erotismo, en algunas parejas, habita en las palabras y no en el cuerpo. Ellos podrían estar horas y horas buscando en el otro en qué zona de dolor apretar. La gran mayoría de las parejas que compiten perdieron de vista el trofeo. Son como los ludópatas que no les importa ganar o perder, depositan su adrenalina en ese límite absurdo del azar.

La competencia en el deporte implica poner toda la energía al servicio de vencer al otro. En el ámbito del derecho, ser competente es estar habilitado para intervenir en un asunto jurídico. En el ámbito de la educación se refiere a los conocimientos y habilidades que desarrolla una persona para transmitir pedagógicamente una idea. En el terreno amoroso se compite para convencer, deshabilitar y desconocer.

El premio de una competencia entre dos amantes se llama razón. Se lucha por la razón, y se pierde la razón intentando argumentar significados desesperados a segundos del pitazo final. Una cosa es una discusión o intercambio de razones y otra es no tolerar la diferencia y poner en el fracaso del otro un modo berreta de sentirse triunfador. No se compite de a uno, solo ocurre en aquellos vínculos que tienen una dinámica compensatoria bien simétrica donde ceder se traduce como someter tu cabeza debajo de la suela de mis zapatos.

Para que una competencia sea saludable tiene que tener su tercer tiempo. Un espacio de reparación y reflexión donde cada uno deja de lado sus armas y va en busca de las herramientas necesarias  en pos de solucionar el conflicto que disparó la contienda.

trofeo La peor competencia es la que se niega

No está bueno utilizar el silencio como modo de competir ni negar que se compite. Una competencia disimulada huele a traición. Una cosa es competir para superarse y otra es competir para destruir al otro. El que ve en la destrucción del otro una victoria es porque compite por fuera de los territorios del afecto. Cuando se compite desde el afecto, ganar es superarse a sí mismo; entendiendo la propia superación como una contribución al vínculo. Que en una pareja,  al otro le vaya bien, debería ser un logro compartido y no una oportunidad para desatar la ira. Un logro personal no es contra nadie sino a favor de los dos.

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