35. El controlador

#AmoresTóxicos

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¿De dónde venís? ¿Tardó mucho el colectivo? Llamaba, llamaba y no atendía nadie. ¿No era que ibas a lo de tu prima? ¿Así vas a salir? ¿Y para qué le dijiste a tu hermano? ¿No te llegó el mensajito? Pasé por tu casa pero no estabas. ¿A qué hora salís hoy de la facu? ¿Ese esmalte es nuevo? Nunca te había visto esa musculosa. ¿En qué pensás? ¿No deberías estar menstruando ya? ¿Conocías Villa Gesell? ¿Qué mirás? ¿Las conozco a esas chicas? ¿Van con los novios? ¿Esa cartera…? ¿Qué te dijo la psicóloga? Tu viejo no es tan ídolo como decís. ¿Saco dos entradas para Arjona? Hoy no salgo con los chicos, mejor me quedo con vos. ¿Me extrañaste? Hoy estás medio rara. ¿Qué te dijo el del kiosco? Ese labial no te queda bien. ¿A qué hora tenías turno con el dentista? Mamá quiere que pasemos a visitarla.

Poquito a poco

El muchacho controlador va tejiendo su centro de investigación cual araña voraz. Nunca presenta sus armas en un solo acto. Controlar al otro supone un conjunto de escalones que van trepando tu individualidad hasta llegar a la asfixia.

Por lo general arrancan con opiniones sobre el modo de vestir o de moverse con determinado tipo de ropa. Tiran difusas sugerencias como esperando cierto acatamiento y cuando eso no ocurre manifiestan su incipiente mal humor.

El segundo paso es el círculo de amigos; lentamente tratará de que dejes de frecuentar a tu gente y te sumes a su maravilloso grupo de amigos que te esperan – según él – con los brazos abiertos de par en par.

El tercer escalón es el de las redes sociales. El controlador sufre de un problema de inmediatez por eso necesita que le contestes ya mismo, pueden llegarte simultáneamente un WhatsApp, un inbox del Facebook, dos textos, un Twitter enlazado a Google +1, un chat del Skype ligado a Linkedin, Viber, Zello, más algún mensaje por My Space y SoundCloud. Para el que espera respuesta, un minuto equivale a una hora y miles de conjeturas. La cabeza se va transformando en un lavarropa en plena centrifugada y todo lo que en un principio era probable, ahora es casi una realidad.

Mucho gusto de Juan Jose Jurace

“Mucho gusto” – Acrílico sobre tela de Juan José Surace. www.jjsurace.com

Subiendo la escalerita del panóptico vincular, el siguiente escalón es el de la averiguación de antecedentes y de la crónica diaria. Sobre todo para saber con qué tipo de gente te relacionás y, fundamentalmente, si su integridad psicológica no corre ningún riesgo al sentirse momentáneamente excluído. El controlador no tolera la exclusión y en honor a eso puede convertirse en un neurótico facho. Suelen ser perfectos remiseros y extremadamente puntuales. Mascotean el territorio meando las cercanías de tu gente querida.

Otro escaloncito es la obsesión por carpetearte el celular. Los mensajitos de textos son el alimento del guardián de tus tiempos y el carcelero de tu corazón. Pareciera que buscan insistentemente con la secreta ilusión de encontrar algo y así hociquear con la mamma que decía, entre dientes, que esa chica no le convenía.

¿Y Boston?       

¿Y a vos que te sucede que llegaste a este punto? ¿Quién te dijo que celarte y controlarte tiene que ver con la protección? Un novio no es un preceptor. Acompañarse es también dejarse ir. La confianza construye y la sospecha destruye. Quien teme ser abandonado seguramente ya sufrió un abandono en otro momento de su vida. Pero vos no tenés la culpa de eso. Y quien goza del control excesivo del otro no busca un par, busca la reedición de un vínculo añejo que no tuvo la oportunidad de ser resuelto.

Cualquier indicio de control excesivo debe ponerse sobre la mesa y acordar, como acuerdan los adultos cuando quieren llevar un proyecto adelante.

C.C.C. (Compartan, Comenten y Critiquen)